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Lo más reciente sobre Far-West



Si hubiese que destacar una personalidad sobre las de su tiempo, un representante de la vida y la gente de la Frontera, esa persona sería sin lugar a dudas William Frederick Cody, eternamente conocido como Buffalo Bill, el rey de la Frontera. Así fue denominado en 1869 por un periódico neoyorkino y puede decirse que cumplió con el apelativo a rajatabla. El coronel Cody resume en su biografía casi un siglo de historia americana, siendo fiel ejemplo del empuje y la iniciativa de su sociedad y nación.

Bill fue colono, correo, cazador, trampero, explorador, soldado, diplomático, indigenista, estrella del espectáculo, empresario y celebridad mundial. Viajó por medio mundo y alternó en cortes y palacios con las principales figuras del momento. Pocos de ellos habían visto tanto mundo ni estado en tantas salsas como él. Nadie como Buffalo Bill para resumir y aunar en su biografía la representación del ideal aventurero del Oeste americano, el amaño de la narrativa histórica de los Estados Unidos, la utilización del espectáculo como vehículo para la política o la defensa de las comunidades indígenas. Con William F. Cody el Oeste romántico pasó a ser patrimonio universal.

Estas son algunas de sus imágenes, el retrato del hombre imposible de desligar del personaje y sus poses decimonónicas. A Bill le gustaba la cámara, está claro, y supo poner de su lado el novedoso poder que las imágenes adquirían en su tiempo como soporte narrativo. Estas fotografías recorren su vida pero también nos presentan la forja de un sueño, el fin de una época y el nacimiento de un mito, el primero del gran show americano.
 
 

"Si un buen caballo no tenía tendencia a brincar sobre un banco o dejarse llevar, le dejaba elegir su propio camino". W.F. Cody


 
 

"El mejor de cuantos Sioux he conocido a lo largo de mi vida, en cualquier tiempo y lugar, fue el maravilloso y veterano combatiente Toro Sentado, cuya vida será escrita un día por algún historiador que realmente pueda hacerle justicia". W.F. Cody
     


 

"Solo ha sentido cuanto un hombre puede sentir quién vaga sobre las praderas del lejano Oeste, bien armado, y montado en un corcel veloz y galante".  W. F. Cody



  
"El Oeste de los viejos tiempos, con su carácter fuerte, sus severas batallas y sus inmensas extensiones solitarias, nunca se borrará de mi mente". W. F. Cody
  
 



La primera vez que supe de Tascosa fue acompañando al intrépido Jimmy Steward tras la pista de un arma excepcional, un Winchester del 73. Tras derramar algo de whisky en el salón y asistir al asalto del banco local, fuí testigo de un singular duelo con las balas revotando endiabladas entre las paredes de un promontorio rocoso. James terminó por ajustar las cuentas con su pasado, retomó la posesión del magnífico rifle y Tascosa quedó grabada indeleblemente en el recuerdo.


Algún tiempo más tarde, la misma pulsión fronteriza que alimenta estas páginas me llevó a reparar en Tascosa, al momento de sobrevolar sobre un mapa los páramos del norte de Texas y el Llano Estacado. Allí esperaba Tascosa, la Atascosa hispana, clamando por un lugar en el presente antes de que la última piedra de su pasado fuese engullida por el polvo de la ignorancia. !Desmontemos!.




ATASCOSA
Situada al noroeste de Texas, en el Condado de Oldham, en la orilla norte sobre un vado del río Canadian, la vieja Atascosa cuenta con una historia tan interesante y variada como los hombres y mujeres que la poblaron. Su nombre se debe al barroso atascadero que encontraron sus fundadores en 1876, algunos pastores hispanos provenientes de Nuevo México encabezados por Casimiro Romero. Allí encontraron pastos y agua para sus rebaños de ovejas y caballerías, y edificaron cabañas de adobe y acequias por los arroyos de la zona. El asentamiento distaba 135 kilómetros al oeste de la ciudad más próxima, Mobeetie, Texas, y 300 kilómetros al noroeste de la demarcación de asentamientos establecida en 1875. Sin embargo, la ruta del ganado a través del prisma territorial del norte de Texas (el llamado Panhandle) hasta Dodge City, encontró en el paso de Tascosa el lugar adecuado para vadear el río Canadian por ganados y mercancías, y el aval de su posterior pujanza. 

Henry Kimball fue el primer colono anglo en Tascosa que instaló su taller de herrería en 1876, al que siguieron poco después una tienda y un salón. Las grandes haciendas ganaderas también se expandieron por la región y el poblado se convirtió en el punto de suministro para los importantes ranchos LIT, LX, LS y XIT. Para abastecer a ranchos y cowboys se fueron incorporando sucesivamente nuevos negocios a lo largo de las dos manzanas de la calle principal que corría de este a oeste. Tras asignársele una oficina de correos en 1878, la pequeña ciudad creció como un floreciente centro comercial, via pecuaria y punto de servicio postal con Dodge City. En 1880, con la implantación del Condado de Oldham, Tascosa se convirtió en su capital y se edificó en piedra una Corte de Justicia de dos pisos, con la ciudad transformada en un hervidero de negocios y colonos estableciéndose en ella. Tascosa pasó a ser la "capital cowboy del Panhandle", la primera ciudad del saliente norteño tejano, única fuente de abastecimiento para cazadores de búfalos y conductores de ganado en doscientos kilómetros a la redonda. 

El Saloon de Tascosa en torno a 1900, la foto más reproducida de la ciudad.

De la Sartén a las Brasas
Como capital vaquera de la franja norte del Estado (el mango de la sartén o Panhandle) Tascosa tuvo un sinfín de incidentes resueltos con el desempeño de las armas rápidas. Caleb Berg Willingham fue el primer sheriff del condado, quién disparó al hombre que ocupó la primera tumba en el cementerio de la colina. Forajidos y buscavidas como Henry McCarty (Billy the Kid) o Dave Rudabaugh, se hicieron habituales por sus calles y salones. A propósito de Billy el Niño, se menciona que en cierta ocasión se presentó en Tascosa con 150 caballos robados y permaneció unas semanas alojado a todo confort en la ciudad. Lo mismo ocurrió con agentes de la Ley y cazarrecompensas, como Pat Garrett o Charles Siringo entre otros, contratados para meter en cintura a bandidos y vaqueros. En resumen, trifulcas y tiroteos hicieron de Tascosa el epicentro salvaje de las llanuras del Lejano Oeste, en la línea de Dodge City, insuflados por un poder económico campando por sus respetos.

Los conflictos desarrollados en los grandes ranchos tuvieron su punto álgido en 1883, cuando Tascosa se convirtió en el escenario de una fustrada huelga de cowboys en demanda de salarios más altos. La huelga derivó en balasera, con algunos de los participantes enterrados en el Boot Hill Cemetery, llamado así porque muchos de los allí enterrados murieron con las botas puestas. Al menos hubo 10 tiroteos fatales en Tascosa durante su apogeo en la década de 1880, incluyendo "The Big Fight", una batalla campal a tiro limpio en la noche del sábado 21 de marzo de 1886. Tres vaqueros del rancho LS fueron asesinados junto con un transeúnte. Las lápidas de los hombres del LS Ranch aún pueden verse justo a la entrada del cementerio.


El LS Ranch erigió tres lápidas idénticas a sus vaqueros asesinados, alineadas frente a la entrada del Boot Hill Cemetery. En el centro, un hito del Estado rodeado de cruces blancas recuerda la turbia historia del cementerio.

En el verano de 1886 Charles Francis Rudolph comenzó a editar un periódico semanal, el Tascosa Pioneer, que un año más tarde daría la mayor noticia de su historia con la implantación de dieciséis millas de vía ferroviaria a través del noreste del condado. Muchos de los negocios locales se trasladaron entonces a dos kilómetros de Tascosa para abastecer la demanda del ferrocarril, al tiempo que su posición comenzaba a ser irrelevante para la industria de la carne. En 1890 la población combinada de los dos asentamientos era de 350 habitantes y según se fueron estableciendo nuevas ciudades en el Panhandle, fue disminuyendo paulatinamente. 

Las Vidas de TASCOSA
La puntilla que determinó su futuro fue un temporal de fuertes lluvias que desbordó el río Canadian en 1893, llevándose por delante el puente y destruyendo 17 edificios cuyos techos cedieron. Desde entonces, la vieja Tascosa cayó en un permanente declive hasta que, con tan solo quince habitantes, la sede del condado fue removida hacia la nueva ciudad de Vega en 1915. 


La Escuela Pública y al fondo la Corte de Justicia en 1900.
Inundaciones y tormentas de viento fueron derrullendo sus casas de adobe y arrastrado la tierra por las calles antes transitadas. La penosa dispersión de sus escombros fue todo lo que quedó de una ciudad que pocos años antes había sido la próspera capital del PanhandleBajo la sombría presencia de una arboleda de álamos gigantes flanqueando el destartalado Palacio de Justicia, Tascosa quedó para los coyotes, las serpientes de cascabel y los vientos susurrantes de las llanuras. Sólo uno de sus habitantes se mantuvo fiel ante la ruína del poblado, una mujer que es parte de su leyenda misma. Se llamaba Frenchy McCormick.

De ella únicamente se sabe que había sido chica de salón en su juventud. Únicamente su marido Mickey McCormick, primer dueño del salón de la ciudad, pudo conocer su verdadera identidad y los secretos de su pasado. A su muerte en 1912, cuando Mickey fue enterrado en el Cementerio Romero de Tascosa, Frenchy se determinó a no abandonar jamás la tumba de su marido y su hogar, convertido ya en pueblo fantasma. Allí resistió imperturbable y en soledad durante 27 largos años, hasta enero de 1939, cuando por problemas de salud hubo de mudarse hasta Channing, Texas, para regresar a recibir sepultura dos años después. El último residente de Tascosa, testigo de su ascenso y caída, descansa para siempre junto a su amado "Mack".


Este hito recuerda la historia de la vieja ciudad.
Poco después de marcharse Frenchy McCormick, en junio de 1939, un filántropo llamado Cal Farley estableció en 120 hectáreas del antiguo poblado de Tascosa el Boys Ranch, ofreciendo acogida y formación para chicos desfavorecidos. En la década de 1980 la Corte de Justicia fue destinada a museo y la escuela original de Tascosa reconstruída para ser utilizada por la institución benéfica, mientras el Cementerio de Boot Hill quedaba como un recordatorio de los días salvajes del Far West. Constante desde sus modestos inicios, el Boys Ranch ha conseguido devolver la vida al antiguo poblado que ahora cuenta con un complejo de edificios modernos y una población superior a la de su apogeo en los días de la Frontera

Una suerte que no ha tenido su ubicación más reciente, la Tascosa junto al ferrocarril. Si en 1947 contaba con dos tiendas y una población de cincuenta almas, al cumplir el siglo de existencia la nueva Tascosa había pasado de gris apeadero para el suministro local a vía muerta y muelle de carga polvoriento. Un próspero y violento oasis en las llanuras vencido por el ferrocarril y el progreso para luego morir lentamente.


Esta es la historia de un lugar del noroeste de Texas, tan fugaz, cambiante y desolado. Ahora, para todos cuantos llegaron a estas líneas, Tascosa ya no será sólo el marco resolutivo de las andanzas de James Steward en "Winchester 73", sino el encuentro con una azarosa ciudad en las soledades del Llano Estacado. La vieja Atascosa ha sido desempolvada para la memoria, que el tiempo la guarde junto a los personajes que la habitaron, de entre los fantasmales poblados de la Frontera.



En una época que las relegaba a un papel secundario en el devenir de la historia, no fueron pocas las mujeres que consiguieron despuntar en ella o abrirse paso hacia la leyenda. Teniendo presente que nadaban contra corriente en un mundo creado por y a la medida de los hombres, sus aventuras y biografías adquieren aún mayor significado en nuestro tiempo. Bien como intérpretes indígenas, buscavidas, cazadoras, jugadoras, tiradoras o forajidas, las mujeres del Lejano Oeste lograron triunfar sobre la losa moral que las condenó a priori, para ganarse hoy la admiración y respeto de los amantes de la Frontera.

Una de aquellas mujeres fue una chica de poco más de 15 años de nombre Rose Dunn, apodada para la historia como 'Rosa de Cimarrón', culpable de preferir la compañía de forajidos y maleantes, y de tener los suficientes redaños para encarar a la ley. Detrás de la leyenda levantada alrededor suyo existió una mujer real, cuya inconsciente juventud la llevó a realizar peligrosos equilibrios en un mundo de violencia y plomo.

Rose Dunn nació en 1879 cerca de Ingalls, Oklahoma. De familia pobre, fue educada en un convento en Wichita, Kansas. Su significación como leyenda del Oeste comenzó con una historia de amor al margen de la ley. Desde hacía un par de años los hermanos Dunn habían pasado a engrosar las filas del hampa tras una breve introducción al negocio como rateros de poca monta. Ellos fueron los que enseñaron a la joven Rose a montar, echar el lazo y disparar, y a través de ellos conoció y se enamoró del gangster llamado George 'Bitter Creek' Newcomb, un exmiembro de la cuadrilla de los Dalton antes de su desaparición en Coffeyville, Kansas

El Príncipe de los Ladrones
En 1893 'Bitter Creek' Newcomb se encontraba integrando la banda del famoso forajido Bill Doolin, donde militaron por algún tiempo los hermanos Dunn. La banda de Doolin amedrentó el Territorio Indio (Oklahoma) durante dos años, robando bancos y asaltando diligencias y trenes también por Kansas y Arkansas.

'Bitter Creek' es un personaje digno de mención. Algún autor le describe como "un apuesto y despreocupado vaquero, galante con las chicas guapas e hijo de una acomodada familia de Fort Scott, Kansas". El apodo de "Bitter Creek" proviene de una canción que le gustaba entonar: "Soy un lobo salvaje de Bitter Creek y mi noche es aullar".

La presencia, los modales educados y el halagos de Newcomb inclinaron a Rose a acompañarle en su banda, donde la protección del galán y el respeto de todos engendraron su lealtad hacia el grupo. Y fue así como Rose Dunn empezó a labrarse un nombre propio entre los gunmen: la 'Rosa de Cimarrón'

Como la vida al margen de la ley no da demasiadas facilidades al amor, la chica empezó a implicarse cada vez más en el 'Wild Bunch'. A menudo era ella la que se aventuraba hacia la ciudad más próxima donde los hombres de Dollin eran buscados, para hacer acopio de suministros. Mientras tanto, los hermanos de Rose habían abandonado la difícil vida en la delincuencia, más al contrario, optaron por ganarse la vida con una ocupación tan pacífica como la de cazadores de recompensas, siendo conocidos en el territorio como los 'Hermanos Dunn'.

El tiroteo de Ingalls
En la tarde del 1 de septiembre de 1893 la banda de Dollin fue acorralada en Ingalls, Oklahoma por una partida de alguaciles de los Estados Unidos que los habían reconocido. Varios miembros tuvieron que refugiarse en el salón de George Ransom, acosados por los agentes. Como quiera que después ser rodeados y conminados a rendirse Bill Doolin les respondiese: "Iros al infierno", la balasera no se hizo esperar. Una lluvia de balas empezó a hacer astillas la taberna mientras los pueblerinos asustados corrieron a esconderse. 

La leyenda del Far West cuenta que Newcomb fue gravemente herido y que cuando estaba en la calle, 'Rosa de Cimarrón' corrió hasta él desde el "Pierce Hotel" donde se alojaba, pertrechada con dos cananas de munición y un rifle Winchester. Disparando y manteniendo a raya a los marshalls, la fiera adolescente lanzó las cartucheras a su novio para que alimentase las cuencas vacías de sus revólveres, cubriéndole las espaldas y ayudándole a escapar. El informe oficial en cambio se limita a señalar que Newcomb disparó un par de veces y huyó.

La batalla dejó nueve muertos en el acto y algunos heridos de gravedad, entre ellos un alguacil que murió de inmediato y otros dos que murieron de sus heridas al día siguiente. Tres de los fuera de la ley, entre ellos el novio de Rose, fueron heridos y el llamado 'Arkansas Tom' Jones capturado. Junto a 'Bitter Creek'  y otros miembros de la banda, 'Rosa de Cimarrón' permaneció escondida en lugar seguro por unos meses, ayudando como enfermera al restablecimiento de la maltrecha cuadrilla.

Hermanos de sangre
Cerca de dos años más tarde, un 2 de mayo de 1895, una recompensa de 5,000 dólares pesaba sobre la cabeza de Newcomb, vivo o muerto. En compañía de otro bandido llamado Charley Pierce, 'Bitter Creek' había escapado de un encuentro con los marshall cerca de Norman, Oklahoma. Probablemente alguno de los dos se encontrase herido. Sea como fuere, el caso es que no dejaron pasar la ocasión de visitar a Rose. Para su desgracia, mientras desmontaban delante de la casa fueron sorprendidos y liquidados a tiros por los 'Hermanos Dunn', que se embolsaron 5000$ dólares cada uno ante su desconsolada hermana. 

Después de la muerte de George 'Bitter Creek' Newcomb, la menor de los Dunn fue repetidamente acusada de haber rebelado a sus hermanos el paradero y las intenciones de los bandidos. Ella siempre lo negó y sus hermanos se sumaron a su descargo. Fue solo una casualidad, una baza en contra de aquellos que acostumbraban a porfiar con la suerte. Rose nunca fue procesada por su participación en la banda de Bill Dollin.

Retirada de la espiral de la delincuencia, 'Rosa de Cimarrón' volvió a ser Rosa Dunn. Unos años más tarde se convirtió en la esposa de un político de Oklahoma y vivió el resto de su vida como una respetable ciudadana. Murió a los 76 años en Salkum, Washington. La controversia sobre el papel que jugó en el tiroteo entre los alguaciles y los fuera de la ley en Ingalls, Territorio de Oklahoma, en 1895, le acompañó toda su vida. 





Que una carta tarde casi un mes en llegar a su destino es, en nuestros tiempos, poco menos que anecdótico. Pero en el Lejano Oeste de mediados del siglo XIX era lo más corriente. Cualquier documento con destino a California, fuese una ley, una noticia o una simple carta de amor, debía recorrer un territorio en gran parte inexplorado y lleno de peligros. Y eso cuando el documento viajaba en diligencia, cuando no lo hacía en barco y se veía obligado a rodear el continente antes de arribar a las manos de su destinatario, aumentando considerablemente el plazo de entrega. Así, los habitantes de Los Ángeles, por ejemplo, supieron que el estado de California había sido admitido en la Unión seis semanas después del hecho.


El telégrafo y el ferrocarril aún no habían llegado al Oeste, y se hizo necesario un nuevo método para hacer llegar el correo con más premura. La única solución posible en aquellos días de 1860 pareció ser un enlace postal a caballo. Los padres de la idea fueron los principales socios de una empresa de diligencias, especialmente William Russell (1812-1872), y la iniciativa obtuvo el apoyo federal. De ese modo se inició una carrera contra el tiempo que serviría para demostrar si era posible realizar la ruta entre Missouri y California, más de 3.100 kilómetros a través de montañas, praderas y desiertos, en menos de diez días. Eso significaba que los jinetes deberían galopar a toda velocidad durante el trayecto y reeemplazar los caballos con frecuencia, aproximadamente cada 16 kilómetros según estimaciones. Con el objetivo de cumplir con estos requisitos, se construyeron 190 casas de postas a lo largo de toda la ruta para efectuar los relevos, con personal de apoyo, guardias y provisiones.

Russell y sus socios tuvieron que adquirir más de 400 caballos aptos para el servicio, resistentes y rápidos, pero faltaban los jinetes, el otro elemento imprescindible y crucial. La compañía puso un anuncio en marzo de 1860 en estos términos: El Pony Express necesita jinetes jóvenes, delgados (no podían sobrepasar los 56 kilos de peso), resistentes, a ser posible no mayores de 18 años, dispuestos a asumir riesgos mortales casi a diario, y preferentemente huérfanosEl sueldo era de 25 dólares a la semana, nada desdeñable para aquella época, y no fueron pocos los voluntarios que se presentaron a cubrir las poco más de 80 vacantes. A cada uno de ellos se le hizo entrega de una Biblia, y se le tomó compromiso de no blasfemar, no emborracharse y no pelearse con los compañeros.

El primer viaje se efectuó el 3 de Abril de 1860, cuando dos jinetes salieron desde los dos extremos de la línea simultáneamente, un recorrido que fue seguido con atención por la prensa de la época y que gozó de gran popularidad. Prescindiendo de diligencias y usando rutas más cortas, los jinetes del Pony Express consiguieron llevar hasta 70 kilos de correspondencia en 8 días, desde St. Joseph a Sacramento, a unos 2900 km de distancia.

El jinete cambiaba de caballo en cada posta y él mismo era relevado cada cinco o seis cambios, tras recorrer unos 100 km. Cuando se aproximaba a una de las estaciones de relevo ya le aguardaba su nueva montura debidamente preparada, a la que subía al salto tras coger y colocar su mochila con el correo, una alforja de cuero que no podía sobrepasar los 9 kilos de peso. El cambio se efectuaba en menos de treinta segundos. Debían cabalgar también durante la noche, sin más iluminación que la luz de la luna, y sufrir las inclemencias del tiempo. Además, para no sobrecargar de peso a los caballos, sólo se les permitía llevar un único revólver para enfrentarse a indios, bandidos o animales salvajes. Era un trabajo muy duro y fueron muchos los que abandonaron tras un primer viaje, al constatar sus peligrosas y agotadoras condiciones.



El más joven de los jinetes que formaron parte del Pony Express fue “Bronco”Charlie Miller, que tenía 11 años de edad cuando ingresó en la compañía, y el más famoso fue sin duda William F. Cody“Buffalo Bill”, que se incorporó a los 14 y que protagonizó una de las hazañas que marcaron la historia del Pony Express: al encontrar muertos en las paradas de postas a dos de los jinetes que debían sustituirle, realizó él solo el recorrido que les habría correspondido: 615 kms en 21 horas y media. Pero no fue el único héroe de aquella aventura, otros protagonizaron hechos semejantes. Como Robert Haslan, apodado “Pony Bob”, que tras salir ileso de un enfrentamiento con los indios paiutes, batió los récords de velocidad y distancia de toda la historia del Pony Express: 140 kms. en ocho horas y diez minutos. Esas proezas despertaron la admiración de sus coetáneos, quienes veían pasar con entusiasmo y expectación la carrera de aquellos rápidos jinetes.

Con la extensión de las líneas de comunicación, primero del telégrafo y más tarde del ferrocarril, el Pony Express tenía los días contados. La compañía, que había cambiado de manos en marzo de 1861, llevó a cabo su último viaje el 21 de noviembre de ese mismo año. Había durado poco más de año y medio y se había saldado, pese a su éxito como servicio postal, con un gran fracaso económico. La leyenda afirma que en su historia tan sólo llegó a perder una saca de correo.


Con la colaboración de Pilar Alonso Márquez


En la Frontera somos permeables a todo cuanto nos atañe. El ensayo que reproducimos y nos hemos permitido ilustrar, apunta muchas de las claves de nuestra propuesta temática.

La frontera del oeste y la visión heroica
 de la historia americana  por Jaume Llorens
 

""Cuando pensamos en la Frontera del Oeste pensamos en desiertos de gigantescas formaciones rocosas que empequeñecen las caravanas que viajan hacia poniente; pensamos en los buscadores de oro y asentamientos mineros; pensamos en la invisible pero latente amenaza de los indios y en duelos de pistoleros, en el saloon, el sheriff y el cowboy irreverente de moral impoluta. Cuando pensamos el Oeste pensamos su imagen, una representación cultural de la Frontera que en el imaginario americano (y occidental) ha sustituido a la realidad histórica a la que hace referencia.

La Frontera del Oeste se ha construído culturalmente como una suerte de mito-historia que cumple la función de dotar a los Estados Unidos de una mitología fundacional. En este sentido, la Frontera se insertaría en los discursos que Roland Barthes llama mitos contemporáneos y que entiende como un conjunto de formas retóricas conceptualizadas que se adaptan a una representación histórica del mundo y dan forma a los intereses de la burguesía. Así, Richard Slotkin habla del “mito de la Frontera”, que en su estructura narrativa (la del pioneer que cuando atraviesa la línea de esa frontera experimenta una regresión a la vida primitiva y, a través de la violencia y la dominación de nuevas tierras, se purga de su herencia europea y se regenera como americano) contiene una interpretación progresista de la historia de la colonización que refleja la emergencia de la economía capitalista y del estado-nación norteamericano.

'American Progress', litografía de George A. Crufutt. El "progreso americano" está representado como una mujer blanca de pelo rubio liderando el avance de los colonos hacia el Oeste. Su figura rotunda y esbelta guía y protege a mineros, agricultores, caravanas, ferrocarriles y diligencias, desplazando a las poblaciones nativas y a los búfalos de las Grandes Llanuras. Con una mano tiende el cable telegráfico mientras sostiene un libro en la otra.
El imaginario de la Frontera cristalizó en el periodo entre la Guerra Civil Americana y la Primera Guerra Mundial, y uno de sus principales promotores fue el presidente Theodore Roosevelt, quien en sus discursos políticos y en sus obras historiográficas aborda el tema de la colonización y de la Frontera desde una perspectiva que justifica las empresas imperialistas del país. En este periodo se consolidó una corriente historiográfica centrada en la Frontera como punto de contacto entre la civilización americana y el mundo salvaje, que proporcionó a los Estados Unidos la interpretación dominante de su historia.

F.J. Turner, ideólogo de la Frontera.
El principal representante de esta escuela es el historiador Frederick Jackson Turner, cuya obra traslada el foco de la historia estadounidense de la costa atlántica a la frontera del oeste. Turner elabora una teoría acerca del nacimiento de la nación americana centrada en la Frontera, entendiendo que si la costa atlántica era la frontera de Europa, a medida que se mueve hacia el oeste se va convirtiendo en la frontera americana, de modo que su desplazamiento representa la progresiva separación con la metrópolis europea y el desarrollo de la nueva nación. Asimismo, Turner reinventa la Frontera como un escenario de guerra que desvincula al hombre americano de los valores corruptos del viejo mundo y le permite establecer un nuevo contrato social y una nueva conciencia nacional, como el espacio en el que se fragua el individualismo, que se convertirá en el principal rasgo del carácter americano.

En este mismo periodo y en esta misma tradición aparecieron también las pinturas de Frederic Remington, las novelas de Owen Wister y los espectáculos ambulantes de William Cody (como el célebre Buffalo Bill’s Wild West), que reimaginaron la Frontera como un mundo de aventuras en el que exaltar el carácter americano y popularizaron lo que ya se estaba perfilando como una narrativa del Oeste.

En sus espectáculos W. F. Cody mostraba una mezcla de actuación circense y lección de historia, incluyendo dramatizaciones de la vida fronteriza, junto a exhibiciones de habilidades y presentaciones de personajes reales.
A partir de la revolución americana, los Estados Unidos empezaron a generar una estructura de cultura comercializada que a principios del siglo XX ya se había convertido en una cultura nacional, alimentada por la mitología fronteriza. Después de la Primera Guerra Mundial, con el auge de las revistas pulp y la cultura de masas, los géneros populares emergieron como uno de los espacios cruciales para el desarrollo de esta cultura nacional. El género que encarna más directamente el imaginario nacional de la Frontera es, sin duda, el Western, que nació con la western fiction (o novela del oeste) en la segunda mitad del XIX como heredera de los primeros relatos de temática fronteriza, y que en el XX se convirtió en un género transversal con presencia en distintos medios (la literatura, los cómics, el cine, las series de televisión, etc.); un género que, al mostrar una visión idealizada del lejano Oeste como símbolo del crecimiento del país, reproduce la América concebida por los artífices de la imagen de la Frontera.

El Pionero, eje central de la Frontera.
Así, el mundo del Western es un reflejo del Oeste salvaje que Turner veía como el espacio óptimo para el desarrollo del hombre americano: una tierra que por un lado es rica y ofrece infinitos recursos naturales, pero que por otro lado, es hostil y salvaje, llena de vastos espacios vacíos que aíslan granjas y poblados y alienan a las personas, que ponen a prueba a los aventureros y buscadores de riquezas. También la sociedad fronteriza descrita por Turner se convierte en inspiración para el Western, y sus paisajes, vestimenta, arquitectura, etc., se han convertido, a través del Western, en los rasgos característicos de una memoria cultural asociada con la auténtica herencia americana. 

Natty Bumppo en adaptación reciente.




El germen del Western lo encontramos en las cuatro novelas históricas de James Fenimore Cooper acerca del héroe fronterizo Natty Bumppo, escritas en la primera mitad del XIX. Bumppo, que se convertiría en el prototipo del héroe americano (como el detective hard-boiled o el cowboy), es el héroe que vive en la Frontera, al borde de la civilización y en contacto con el mundo salvaje, por lo que puede desarrollar un código ético propio al margen de la corrupta moral europea que sirve como ejemplo para la nueva nación.


En 1902 aparecía la novela The Virginian de Owen Wister (amigo del por entonces presidente Theodore Roosevelt), que fue descrita en su momento como un “romance colonial” y que proporciona el modelo para la novela del Oeste. En la obra de Wister, siguiendo la tradición abierta por Cooper, la Frontera es un lugar que pone a prueba a la figura del self-made man, paradigma del individualismo norteamericano. La irrupción de la novela del Oeste en la cultura popular viene de la mano de los autores que publican en las revistas pulp después de la Primera Guerra Mundial, entre quienes destaca el prolífico Zane Grey que, reproduciendo la estructura y la temática de The Virginian, nutre al género de la ideología nacionalista de Wister y Roosevelt.

Maravilloso póster con las andanzas de 'El Virginiano', un compendio de la casuística del Western.
El Western es, en esencia, una fórmula para la aventura americana que contiene los valores e iconos de la mitología fundacional de la Frontera y los generaliza como aquello propio de toda América (haciéndose eco de la teoría de Turner, que asociaba los valores de la Frontera con lo genuinamente americano). De este modo la Frontera deja de ser una zona geográfica y se convierte en un sistema de símbolos que forman el discurso con el que los Estados Unidos se construyen unas raíces mitológicas e históricas para su nación surgida en plena edad moderna, y el western aparece como una fórmula épica que relata la génesis de la nación buscando el resurgir de la decaída civilización occidental en la nueva América, disfrazando la realidad incómoda de una nación nacida sobre el genocidio con una narrativa heroica.""


Un texto de Jaume Llorens
Publicado en: http://bit.ly/102VvFP


Casi todo el mundo sabe algo acerca de Wyatt Earp y del famoso duelo en el OK Corral. El cine se ha encargado de magnificar el suceso y sus autores al reproducirlo en decenas de ocasiones. Sin embargo, la gran mayoría de los que se sienten impresionados por el episodio desconoce que fue un joven hispano quien protagonizó el que probablemente sea el tiroteo más desigual y violento en la historia del Lejano OesteExtraño, teniendo en cuenta que en el tiroteo de Tombstone se enfrentaron cuatro hombres contra cinco, además de forma no muy atinada, solventándose con menos de una docena de disparos y en apenas treinta segundos...; mientras que la "Guerra de Frisco" enfrentó a una sola persona contra algo más de ochenta antagonistas armados, intercambiándose miles de disparos !en un enfrentamiento que duró más de treinta y seis horas!. 

Con un dramático despliegue de habilidad, coraje y suerte, un hispano llamado Elfego Baca fue duramente hostigado en una batalla singular que ha servido durante largo tiempo como símbolo del poder del individuo, fundamentado en la firmeza de sus convicciones. 
El incidente entraría en la historia de Nuevo México como la "Guerra de Frisco".

Escultura de bronce en honor a Elfego Baca

A finales del siglo XIX el Suroeste y Nuevo México eran todavía un territorio indómito, una región agreste, remota y poco poblada, pendiente del avance de la civilización que inexorablemente iba consumiendo la gran frontera americana. Pocos elementos más devastadores que el poder transformador de la minería y la idea de un rápido enrriquecimiento en la mente de los hombres. La misma energía dinamizadora que en breve plazo convertía miserables poblachos en animosas ciudades y poderoso foco de atracción para toda suerte de vagabundos, negociantes, oportunistas y desperados. Ante tamaña ralea los conflictos no tardaban por desafiar a la Ley y al orden. Con una administración federal débilmente implantada (en la mayoría de los casos forzada a negociar cada uno de sus pasos), el mandato de la justicia resultaba entonces tan consistente y firme, como determinado, fuerte o astuto el hombre encargado en hacerlo cumplir.  

Por 1884 el apache Gerónimo tardaría aún otros dos años en ser capturado y Billy 'the Kid' había sido asesinado tan sólo tres años antes. El Far West era una realidad bastante próxima y peligrosa para muchos honrados ciudadanos y pioneros del Suroeste. Con frecuencia, en el equipaje de muchos de aquellos desplazados que vagaban por el territorio escaseaban la urbanidad y el respeto por la propiedad privada. Como una jauría de alimañas podían entrar en un poblado, beber a placer en la taberna, acosar a la gente del lugar y andar luego disparando por las calles contra cualquier cosa que llamase su atención, tan sólo por simple divertimento. Y podían largarse tan alegremente, sin rendir cuenta a nadie de sus actos y desmanes. No había más ley que su antojo ni más norma que la violencia.

Así resultó en la pequeña pedanía de Frisco, en el antiguo condado de Socorro, Nuevo Méxicoen el suroeste montañoso del estado, cerca de la actual ciudad de Reserva, en el hoy condado de Catron, a casi un centenar de kilómetros al norte de Silver City. Un autoproclamado ayudante del sheriff de nombre Elfego Baca no iba a consentirlo.

UN TIPO CON AGALLAS
Elfego creció siendo un hueso duro de roer desde su alumbramiento en las soledades de Socorro, Territorio de Nuevo México, en febrero de 1864. La leyenda local dice que fue secuestrado por indios renegados a la edad de un año ...!y devuelto tan solo cuatro días después a sus padres sin el menor rasguño!. Muchos supieron desde entonces que no valía la pena meterse en problemas con Elfego Baca

Tras una estancia en Topeka, Kansas, donde murió su madre, los Baca regresaron a Nuevo Méjico y se establecieron en Belén, una turbulenta ciudad treinta millas al sur de Albuquerque, donde el padre tomó juramento como sheriff

Una denuncia tras haber disparado a dos vaqueros rebeldes, llevó al sheriff Baca a la cárcel de Las Lunas. Se trataba de un edificio de adobe de reciente construcción, con una sala de audiencia y oficinas en la planta superior y las celdas debajo. La noche que el pueblo festejaba con bullicio a Santa Teresa, el joven Elfego se ocultó cerca del presidio y desde la oscuridad observó las evoluciones del carcelero. Su oportunidad llegó a la sorpresiva marcha de éste hacia el fulgor de la fiesta, confiado en salvar otra noche aburrida en su oficio. A continuación, Elfego logró hacerse con una escalera para la limpieza de las ventanas que encontró en la parte trasera del Palacio de Justicia, subió al piso superior y se aplicó en serrar el techo de la celda, consiguiendo liberar a su padre. Luego, ambos se escondieron tras algunas malezas !a escasos metros de la prisión!. Lo suficiente para cenar y observar cómo se daba la alarma al amanecer. Durante el transcurso del día fueron espectadores privilegiados del baile de la confusión de alguaciles y patrullas, persiguiendo al fugitivo por todo el condado !sin sospechar que estaba a menos de cien metros de distancia!. Al anochecer, cuando el tumulto se hubo calmado, la familia se trasladó hasta Albuquerque donde el señor Baca consiguió caballos de unos amigos y marchó para una estancia de siete años en Isleta, México, cerca de El Paso. 

Estas peripecias son bien elocuentes del genio y compostura de Elfego Baca. Tanto, como que en 1884 Baca robó algunas armas de fuego, compró por correo una insignia de sheriff y se autofacultó como ayudante del sheriff en el condado de Socorro. Siguiendo el ejemplo de su padre, asumió que su vocación era la de oficial de paz. Quería que, "los bandidos escuchen mis pasos a una cuadra de distancia", según dijo. Así lo afirma la leyenda, aunque la realidad le va a la zaga.  

Su nombramiento oficial llegaría de la mano de Pedro Sarracino, sheriff en Dallas, quien llegó a Socorro para reclutar ayudantes y visitar a un primo suyo para el que Elfego trabajaba de peón. Un apesadumbrado sheriff contó allí en que dificultades se veía para mantener la Ley en la región. Baca afirma en sus memorias haber censurado a Sarracino por su indolencia, que supuestamente le respondió: "!el trabajo está a disposición de quién lo quiera!", antes de retirarse al consuelo del bar más cercano. El impulsivo joven no necesitó contrapartidas para convertirse en oficial adjunto. Bien cierto es que Elfego Baca puso más agallas que cuidado al abordar una situación de la que sabía muy poco, por mucho que ahora portase una Colt 45 al cinto y una estrella de chapa al pecho. Tenía tan solo 19 años. 

La zona de Socorro vivía momentos de inusual conmoción. En particular, se había convertido en el escenario para las últimas escaramuzas de las guerras indias, asistía al creciente trasiego de mineros y tramperos explorando aquí y allá los afluentes del río Gila, y los rebaños de reses comenzaban a horadar los caminos con su lento y concienzudo discurrir.  Mientras, varios cientos de familias hispanas se afanaban como antaño en la agricultura por las vegas ribereñas y asistían intranquilos al creciente tránsito de forasteros. Fueron estos hispanos los que en la década de 1860 establecieron una serie de poblados a lo largo del río, nombrados como San Francisco, Bajo, Medio y Alto.  

Al poco del trasiego de nuevos colonos anglosajones las aldeas del Medio y Bajo San Francisco pudieron jactarse de contar con una docena de bares y burdeles, y con una creciente clientela debido a la constante afluencia de ganaderos de Texas y Oklahoma. En el otrora pacífico valle se instalaron entonces la tensión y el conflicto, con continuos altercados y disputas entre los conductores de ganado y la comunidad hispana, añadidas a la amenaza latente de las incursiones apaches desde el sur. La fuerte inmigración afectó hasta la nomenclatura de la zona. El pueblo de San Francisco Alto pasó a llamarse el Sitio de Milligan, por Bill Milligan, un irlandés veterano del ejército que regentaba un salón y una tienda de abastos. Y fue allí donde empezaron los problemas.

EL BAUTISMO DE FUEGO
En la noche del 29 de Octubre de 1884, dentro del bar de Milligan en la plaza del Alto San Francisco, seis o siete cowboys pendencieros atacaron brutalmente a un hispano jorobado apodado 'El Burro'. Al parecer no les agradaba su apariencia. Le agarraron y tumbaron sobre una mesa del salón y no dudaron en sentársele en piernas, brazos y pecho, resueltos a enderezar su maltrecho cuerpo. Uno de los presentes, Epitacio Martínez, que intercedió por 'El Burro', fue premiado con el puesto de diana, atado a una columna del local y utilizado para prácticas de tiro por un vaquero borracho llamado Charlie McCarthy

Aquel sainete estaba llegando demasiado lejos. El propio Milligan corrió a pedir el auxilio de Baca para detener la bronca. El hispano se presentó raudo ante McCarty y sus acólitos, mostró su identificación de alguacil, requisó las armas y le detuvo en nombre de la Ley. La fiesta le costó a Martínez aguantar cuatro disparos, aunque ninguno fatal y sobrevivió al incidente.

El primer prisionero de Elfego Baca provenía de una cuadrilla notoriamente escandalosa del rancho de John B. Slaughter, quienes no recibieron con agrado la noticia que uno de los suyos había sido arrestado por un niñato envalentonado tras una placa de sheriff. Temiendo una respuesta de mayor proporción al daño ocasionado por el borracho, Bill Milligan se echó atrás negándose a presentar cargos contra Charlie, pero Elfego estaba pletórico de su hazaña, le mantuvo detenido y, desconfiando de la integridad del magistrado local, resolvió llevar al preso hasta Socorro. Así que trasladó a McCarty hasta una casa que el sheriff Pedro Sarracino tenía en la aldea de Frisco Medio, donde pensó que le sería más fácil mantener la posesión del prisionero.

Como se esperaba los amigos de McCarthy no tardaron en aparecer por el poblado. Alrededor de una docena de vaqueros se congregaron portando sus rifles Winchester ante la fachada de la casa de adobe convertida en calabozo por Baca. Les encabezaba un joven capataz de Slaughter llamado Parham que de inmediato exigió la liberación de su colega ...algo que Elfego Baca no estaba dispuesto a hacer por las buenas. Convencidos tras alguna demora, procedieron a derribar la puerta y ventanas a golpes. Baca respondió desde el otro lado amenazando con disparar si no estaban "fuera de allí a la cuenta de tres". La leyenda cuenta que los cowboys se tomaron a broma el aviso e hicieron burla del muchacho por no creerle capaz de saber contar, pero sus risas fueron abortadas y su respiración contenida cuando escucharon a Baca decir en voz alta desde dentro del caserío: "¡Uno, dos, tres!". Con prisa por escapar de esta lección de aritmética rápida, los vaqueros corrieron a ponerse a cubierto y dispararon hacia la casa. Espantado por el estruendo de la balasera el caballo de Parham se levantó de manos y perdió el equilibrio yendo a caer desafortunadamente encima de su jinete, ocasionándole heridas que resultaron mortales.

A la mañana siguiente dos vaqueros reaparecieron ante la casa de Sarracino y ofrecieron a Baca llevar al prisionero al calabozo de Frisco y un acuerdo firmado como que nadie iba a molestarle si permitía que su preso fuese "juzgado" a la mañana siguiente en el bar de Milligan. A regañadientes Elfego aceptó. 

En el simulacro de juicio McCarty fue multado con cinco dólares y puesto en libertad, pero no tardó un instante en lamentar no tener a mano su revólver para escarmentar a Baca, amenazas que el resto de sus compañeros presentes apoyaron encendidamente. Viendo el percal Elfego empezó a retroceder prudentemente hacia la puerta lateral, abandonó el edificio lo más rápidamente que pudieron sus botas y fue a encontrar refugio en el cercano jacal de Jerónimo Armijo, de donde expulsó a sus ocupantes, hizo acopio de munición y se dispuso a esperar acontecimientos. 


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