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En las soledades de algunos de los estados más salvajes de Norteamérica, subsisten aún hoy algunos hombres viviendo en contacto y desafiando a la naturaleza. La mayoría se gana la vida como tramperos, dedicándose a la caza para abastecerse de alimento y pieles que vender al final de la temporada. Otros son rancheros, alternando sus faenas propias con la ayuda a otros ganaderos de la zona, mientras que otros han optado por abandonar la vida en comunidad para habitar una propiedad en la montaña. Todos comparten el desafío ante el peligro, la adversidad, la fuerzas de la naturaleza y la precariedad de sus recursos. Son tipos sencillos pero duros, humildes por que saben de su pequeñez ante el medio que les rodea y al mismo tiempo orgullosos de su forma de vida y los retos que deben afrontar cada día. Son los montañeses, los últimos Mountain Men.


"EN LAS MONTAÑAS EL HOMBRE NO ESTÁ EN LO ALTO DE LA CADENA ALIMENTICIA. 
ALGUNAS IMÁGENES PUEDEN SER PERTURBADORAS. 
LOS ESPECTADORES ESTÁN AVISADOS".




Durante algún tiempo la televisión dejó de ser terreno favorable a la aventura, más allá de la ficción o el relato de la violencia. Bajo el nuevo formato de telerealidad adoptado por muchas series documentales, la aventura regresa a la pequeña pantalla para llevar a los hogares la vivencia personal de mineros, comerciantes y cazadores, comunmente inmersos en un entorno natural hostil y poco humanizado. La joya de todas estas producciones ha sido ofrecida en España por el canal Mega de Atresmedia: la serie documental Mountain Men.

Mountain Men hace honor al mito de la última frontera con el retrato costumbrista de algunos hombres que luchan y sobreviven en las montañas más remotas de Estados Unidos. Enfrentados a los rigores de la naturaleza y el aislamiento para ganarse la vida, la tenacidad y aventuras de estos hombres logran atravesar la pantalla y conmovernos. La producción cuenta para ello con los méritos de una realización magnífica e imperceptible, una fotografía espectacular que se recrea en la exposición del ecosistema y una narración que alcanza notas épicas con el enunciado de datos y propósitos, imprescindible en la navegación a través de los personajes y la comprensión de sus retos. Por si fuera poco, suma además el bellísmo y evocador escenario de los bosques y cordilleras de América del Norte, el antagonista de sus vidas, primer y último personaje de la serie: la madre naturaleza.




Galería de Montañeros

Mountain Men es un retrato de frontera y un compendio de lecciones vitales en forma de docudrama. Un testimonio del presente que puede ayudarnos a entender cómo era la vida en el pasado y cómo se sobrevive aprovechando los recursos de la naturaleza, antes de que todo estuviera a golpe de click. Tal es el caso de Eustace Conway.

Eustace Conway compró a crédito una propiedad en las montañas Blue Ridge en Carolina del Norte, que él llama Isla Tortuga y donde se afana en vivir de lo que caza o cría, al tiempo que edifica un aserradero. Antiguo territorio cherokee y más tarde escenario de escaramuzas durante la Guerra Civil Americana, esta zona de los Apalaches no está demasiado alejada del mundo civilizado, pero ofrece bosques densos, pequeños valles y unos paisanos anclados en la tradición y la fe en su propio esfuerzo.

En lo profundo de las Blue Ridge, el montaraz Eustace abandona su imagen de pacífico hippie sesentero, para convertirse en un agraviado colono y defender rifle en mano su propiedad ante cazadores o leñadores furtivos, cuando no pelea contra la escasez y la amenaza del embargo vendiendo la madera de su finca. Siempre con la ayuda de su buen amigo, el inmutable y socarrón Preston Roberts.


A tres mil quinientos kilómetros al noroeste, en el valle del Yaak en Montana, un avejentado trampero y exvaquero de rodeo llamado Tom Oar reside junto a su esposa Nancy y su perra "Ellie". Esta pareja bien entrada en la sesentena debe hacer frente al invierno de siete meses de esta zona de las Montañas Rocosas, mientras sobrevive confeccionando artesanía y poniendo trampas para castores a lo largo del río, entre manadas de lobos y osos que deambulan por el territorio.

Con la estimable ayuda de algunos vecinos, a pie, en canoa o ranchera, Tom recorre distancias hercúleas cada día revisando sus trampas, acosado por los achaques de la edad y su maltrecha rodilla. La peripecia del entrañable y sabio Tom es su debate interior entre la pertenencia a la montaña, la escasez de capturas de cada temporada y la presión de sus hijos para que se traslade con ellos a la cálida Florida. Pero Tom Oar es un montañero, no será fácil que se de por vencido.


También en Montana, unas 400 millas al sur, el valle de Ruby es el hogar de pumas, manadas de lobos y caballos salvajes, y también del intrépido montañero Rich Lewis.

Ayudado por sus perros "Brandy", "Capone", "Turbo" y "Hadget", el duro de Rich se ocupa de proteger de las alimañas a las reses de los ganaderos locales, en particular espantando los pumas que se acercan demasiado a los poblados o dando caza a los lobos hambrientos que en el crudo invierno se internan en el valle.

Rich es un tipo peculiar, hirsuto, de barba recia y gorra marinera, que patrulla por las sierras en una vetusta camioneta de 1956 a la que llama "Wilbur" llevando a sus perros tras la pista de algún puma. El doblaje en España nos ha regalado para Rich una entrañable y personalísima voz ronca que otorga aún más autenticidad a sus andanzas:

"¡Adelante Turbo, cuidado Capone, en marcha, Wilbur!"




Pero si alguien se juega el tipo a diario ese es el trampero Marty Meierotto, quien cada poco deja a su mujer e hija en su casa de un pequeño poblado de Alaska, para partir a bordo de su pequeña avioneta Piper hacia las inmensidades nevadas de las Montañas Revelación. 

Tras mil y una zozobras sorteando vientos, montañas y lugares donde poder aterrizar, Marty debe recorrer centenares de kilómetros con su moto de nieve, poniendo y revisando trampas que le surtan de pieles de martas y linces, con las que mantener a su familia.

Siempre absolutamente solo, haciendo frente a contratiempos y averías de forma autónoma y con escasas opciones, Marty logra sobrevivir a los caprichos del entorno y los peligros propios a su cacería itinerante, ante la impávida y pétrea majestuosidad de las Montañas Revelación en Alaska.

"No estoy aquí por el paisaje -dice- ¡El paisaje es precioso, pero tengo que conseguir pieles!"


Algunos montañeros más pueblan el reality, aunque con historias menos desarrolladas. De entre ellos destacan Kyle Bell, un rastreador, cazador y ranchero, afincado en las latitudes semidesérticas del Valle del Cimarrón, en Nuevo México, de aspecto impactante, trenzas de mestizo y grueso mostacho, afanado por aleccionar a su hijo en las habilidades del rastreo; o Charley Tacker, un neófito que acude a la llamada de la montaña en los sombríos bosques de Maine, como Morgan Beasley lo hace en la Gran Cordillera de Alaska.



Esto es Mountain Men, la serie documental donde montañas y montañeses se nos muestran con todo su rigor y dramatismo: Como cuando Rich pierde a perra "Brandy", su mejor perra rastreadora de pumas, en el ataque de un puma al que desde entonces llamará "Tres Dedos" y al que perseguirá sin descanso por los collados del Valle de Ruby, en Montana; como cuando Kyle enseña a su hijo Ben de sólo 11 años cómo despellejar un bisonte, o como cuando otro día un caballo se le espanta en el corral y accidentalmente atraviesa su pata entre los hierros del cercado. O la intensidad de cualquiera de las angustiosos despegues y aterrizajes de Marty Meierotto en su frágil avioneta, buscando nuevos territorios de caza a través de las Montañas Revelación en Alaska.




No sería justo abordar esta magnífica serie sin mencionar y felicitarnos del brillante doblaje ofrecido por el Canal Mega en España. Desde la pomposa serenidad con que el narrador describe las escenas, a los actores que dan voz a cada uno de los personajes, interpretando las emociones y personalidad de cada montañero de forma magistral -en especial las de Rich, Marty y Tom-, el doblaje de la serie es totalmente acertado.

Mountain Men es una serie del Canal History Channel, estrenada en mayo de 2012. Hasta la fecha en España se han emitido 55 capítulos de 42 minutos, pertenecientes a las 5 primeras temporadas. La sexta temporada acaba de iniciar su emisión en EE.UU.. Un aliciente más para no perderla de vista.

http://www.history.com/shows/mountain-men



Un proyecto televisivo logró reunir en 1985 a legendarias figuras del Rock&Roll que reconocían a Carl Perkins como uno de sus fundadores, presente en aquel momento. Junto a él se dieron cita Rosseane Cash, George Harrison, Ringo Starr y Eric Clapton, entre otros, para dar vida al concierto "Carl Perkins and friends: a Rockabilly sesión", grabado en Londres. En el vídeo, que llegó a superventas, las leyendas vivas de la música del momento hacían un justo reconocimiento a quien consideraban una pieza fundamental para comprender el desarrollo e historia del Rock and Roll. 


Aquel mismo año, Carl fue incluído en The Nashville Songwriters Hall of Fame, primer paso para que en 1987 se le reconociera en el Rock and Roll Hall of Fame como uno de pioneros del género, a la vez que uno de sus más influyentes músicos. 

El show contiene excelentes actuaciones musicales con toda la variedad de estilos que abarcó la carrera de Carl Perkins, al que asisten los buenos oficios de las personalidades que van desfilando por el escenario, mano a mano con el maestro, en un gran ambiente de camaradería, homenaje y respeto. Aunque todas son destacables nuestra actuación favorita es la de Eric Clapton, con quien interpreta en primer lugar el clásico "Matchbox". Sin embargo, el rockabilly se destila con todo su magia cuando ambos genios tocan "Mean Woman Blues" y se alcanza uno de los momentos más intensos de Rock & Roll de todo el programa.

¡Que lo disfruten, ...y no olviden dejar su impresión en los comentarios!



Pueden disfrutar del concierto en su totalidad aquí: http://youtu.be/ph1HZ-Uq70I, y de los hitos de Carl Perkins aquí: http://www.rockabillyhall.com/CarlPerkins.html




La norma va a ser que nada es lo que parece. Como una hábil jugada que escenificada sobre el pulcro tapiz no da lugar a la sospecha. Como toda la parafernalia de alrededor, una estéril ilusión de armonía previa al consiguiente desplume. C'est la vie!, demonios, aunque haya incautos que se atrevan a porfiarlo.

Por eso, antes de que se haga más tarde, arrojado el lastre del tiempo consumido entre esperanzas felices y decepciones sin cuento, conduciré esta bitácora hasta la rutilante ciudad de Las Vegas, paradigma del embuste y el dinero fácil. C'mon!.


Ningún lugar mejor para representar aquí un episodio de ilusionismo y riesgo, planteado esta vez por un enigmático "Hombre del Sur" al que encarna el mismísimo director John Huston. Una historieta de la magnífica serie de episodios televisivos de suspense patrocinada por Alfred Hitchcock, que viene como anillo al dedo para inaugurar año y nueva época en este blog. 


Humm..., ¿he dicho dedo?.






Desde sus primeros patrones como prenda de trabajo a finales del XIX hasta la década de los 70, la ropa vaquera había sido transformada en un producto joven, símbolo de la libertad y el sueño americanos. Estrellas de cine, diseñadores de moda, nuevas propuestas de acabados y distintos estilos de confección, dieron alas a los jeans para saltar las barreras culturales y proceder a su implantación por todo el mundo. Una expansión que se vió además favorecida por la aparición del videoclip y su adopción por el relato publicitario, en los primeros años de la década de 1980.



Entre todas las firmas y modelos de jeans el más popular es aún hoy el modelo 501 de Levi Strauss. La firma creadora de los vaqueros buscaba visibilidad para la marca y encontró en la televisión el canal perfecto para poner de moda su modelo más señero, el 501. Moda, televisión, videoclip, mercadotecnia..., se fraguaba la tormenta perfecta. En la búsqueda de un argumento provocador, la publicidad establecería un curioso vínculo entre sexualidad y jeans que dió lugar a un buen puñado de anuncios y ayudó a hacer de los pantalones vaqueros el artículo de moda definitivo para toda una generación.  

El primer anuncio de televisión en combinar estos elementos salió en 1985. En él, el cantante de quinceañeras Nick Kamen se quitaba los pantalones en una lavandería pública y esperaba a terminar la colada vestido sólo con ropa interior. Mientras se lavan sus pantalones y se describen un puñado de actitudes ante la indiferencia del chico, suena la música de Marvin Gaye y finalmente se impresiona "Levis, encogen para adaptarse". !Sólo podían ser unos 501!.



"Laundrette" (1985), "I Heard It Through The Grapevine" de Marvin Gaye.

!Genial!. Esta escena convirtió a Kamen en un sex symbol instantáneo y algunos años después, en el 2000, el spot quedó en cuarto lugar entre los 100 mejores comerciales de TV de todos los tiempos. Hoy día pocos recuerdan la carrera musical de Kamen, sino que el principal hito de su carrera bien puede haber sido protagonizar esta pieza. !Cosas del marketing, loado sea!. 

La sexualidad de los jeans propagó su popularidad como una llama en agosto y Levi Struss Co. consiguió un vehículo magnífico para convencer a la juventud mundial de las virtudes del modelo 501. Otros fabricantes importantes como Lee o Wrangler, igualmente en pugna por abordar un mercado más amplio que el ámbito doméstico, también se beneficiaron de un ideal picante que se hizo extensivo a los jeans en general. 



                           "Parting" (1987), "When A Man Loves A Woman" de Percy Slage.

Los anuncios del 501 proliferaron en adelante, a mayor gloria de la marca y para delicia de nostálgicos. El patrón es similar en muchos anuncios de aquella época: ambientación cincuentera, "vintage" que se dice ahora, magnífica música americana con toques revival (soul, blues, rock), alguna nota western y un concierto de poses, miradas y actitudes de las que crease escuela el mítico Jimmy Dean. La atracción sexual flota en el ambiente, rápidamente nos hacemos una idea del contexto en que se manejan los protagonistas y cómo saltan chispas a sugerencia de la desnudez y jeans de por medio.

"Refrigerator" (1988), "Mannish Boy" de Muddy Watters.

"Pick Up" (1989), "Be My Baby" de Las Ronettes.

La realización es ágil, la fotografía bellísima, el montaje perfecto, no hacen falta diálogos con una banda sonora que se ajusta a las imágenes como un guante, o como un 501 dicho sea de paso. La composición es bien elocuente a la hora de dejar claro el mensaje: ceñirse unos jeans es entrar en un territorio íntimo, respirar una libertad descarada o iniciar un camino de rebeldía.


"Bath" (1986), "Wondeful World" de Sam Cooke.

"Prison" (1990), con Brad Pitt. "20th Century Boy" de T-Rex.

"Biker" (1991), "The Joker" de Steve Miller Band.

En resumen, pequeñas obras maestras que te cuentan una historia en apenas un minuto y te quedan un regusto a oldie americano envejecido en gramola de vinilos. !Exquisitas piezas que tienes que volver a ver!. Así que, de aquí al siguiente pase puede que no te quites de la cabeza ese conjunto de sensaciones que te esperan al enfundarte en unos maravillosos 501 de Levi's.

                                                            "Creek" (1994). "Inside". 




Según Wikipedia la goma de mascar, popularmente conocida como chicle, es una goma masticable con sabor dulce elaborada a base de un plástico neutro. De origen mexicano, el chicle fue patentado industrialmente por los gringos y distribuído más tarde entre sus soldados en la Segunda Guerra Mundial, por sus supuestas cualidades desestresantes. Ello popularizó y extendió su consumo. En torno a los cincuenta aparecería el chicle sin azúcar y su difusión alcanzaría escala planetaria a través de la universalización de la moda y costumbres americanos. El chicle, como el refresco de cola, es otro producto genuinamente americano que forma parte de nuestro territorio más íntimo, la infancia y la adolescencia. 


Hasta ahí la teoría. En España no sería hasta los años ochenta que para diferenciarse del consumo infantil, las marcas comenzaron a promocionar los chicles sin azúcar. Y fue entonces que como nunca antes aparecieron fantásticas campañas publicitarias para ganarse a un nuevo target de clientes: el mercado adulto. La selección de anuncios que presentamos son en su mayoría de la marca Trex, que supo ligar chicles y besos en un brillante slogan que resultó tan definitivo para vender chicles como para figurar en nuestra memoria emocional y vital.


Clasicismo en la estación (TREX, 1988)
Nadie con más de 30 años dejará de reconocer este anuncio, una obra maestra de poco más de medio minuto. El anuncio, de factura española, recrea el reencuentro en una estación de tren de una joven pareja. La pieza podría ser perfectamente atemporal, como de hecho lo es su relato, pero fotografiada en blanco y negro sesentero, con Otis Redding cantando "I've Been Loving You Too Long (To Stop Now)" ("Te he estado amando todo este tiempo (para dejarlo ahora"), con una atmósfera de trenes humeantes (...), viajeros y soldados de reemplazo, adquiere una personalidad emocionante y mítica. Nada más, la ambientación no necesita más que la mirada de los actores y un vestuario apropiado, completamente vigente, para resultar tremendamente convincente. 




Casticismo juvenil (TREX, 1989)
Si el spot de la estación fue todo un pelotazo para la marca y dejó muy alto el listón para posteriores entregas, el siguiente consiguó tomar muy dignamente el relevo con una evidente simplicidad argumental. Centrado en un profundo beso entre jóvenes ajenos al mundo, el anuncio ofrece algunos detalles interesantes para su repaso. A destacar los lunares de la camisa del chico y las hojas manuscritas. Es maravilloso cuando con tan poco se dice tanto, ¿verdad?. 




Por 1989 corrían los días de la Movida española. Grupos musicales como Gabinete Caligari tocaban "Al Calor del Amor en un Bar" (!bares qué lugares!) mientras otros como Duncan Dhu venían de versionear la pieza "Bésame Mucho". Como contrapunto a la postmodernidad se abría hueco una moda que reivindicaba lo castizo y lo tradicional, desde dentro de la misma movidaTal vez influído por todo aquello, el spot se centró en un apasionado lote juvenil en una cafetería popular, a cuyo clasicismo contribuye un veterano camarero y el bolero de que hablabámos, en la lánguida entonación que hace un cantautor del momento, tal vez Alberto Pérez Lapastora

El último de la Mili (TREX, 1990)
Nuestra tercera parada nos lleva a la soledad de un cuartel de las Fuerzas Aéreas. Entre literas vacías y compañeros de armas que se marchan de permiso, una ojeada a la fotografía y la última carta de una novia adorable reconforta la soledad del joven soldado. Y por supuesto chicles, guardando su sabor.




Son los días de la mili, y este tal vez éste sea el último anuncio donde aparezca el Servicio Militar Obligatorio, aunque de modo totalmente tangencial. El beso es aquí un beso casto y entrañable, entre amantes separados. La marca se apunta un nuevo tanto al plantear una emoción intergeneracional, forrada con exquisita factura y la sobriedad de un ambiente militar. Un envoltorio grave que profundiza en sensaciones dulces y nostálgicas, remarcado con la suntuosidad del gospel.

Blancanieves revisited (TREX, 1993)




El cuento de Blancanieves versión Trex. El actor joven de moda en la época era el canadiense Jason Priestley, protagonista junto a otros mozalbetes de la horripilante
"Sensación de Vivir". La compañía le fichó para devolver del sueño a la princesa medieval del anuncio, en una revisión del cuento para lucimiento del niñato. Nada que ver con los spots vistos hasta ahora, aunque podríamos apostar que multiplicó el presupuesto de los tres anuncios anteriores juntos. Un ejemplo de que "la potencia sin control no sirve de nada". Ehh... ¿donde demonios he oído esto?. Creo que he visto demasiados anuncios...

Un beso indestructible  (TOPLINE, 2010)
Como colofón a esta serie de vídeos publicitarios sobre chicles, besos y anuncios que dejaron huella, presentamos el de un chicle que seguro será familiar para los amigos americanos que nos siguen. Este anuncio de la goma Topline nos parece un anuncio imaginativo, intenso y muy bien construído. Un excelente broche final para una de nuestras entradas más dulces. 







La década de los cincuenta no fue solo una época de bonanza económica, fulgurante pop art y eclosión de movimientos juveniles. Al tiempo que la televisión conquistaba los hogares y el estilo americano triunfaba en el mundo, en EE.UU. arreciaba la lucha por los derechos civiles, se imponía la caza de brujas y las listas negras y la Mafia expandía el negocio del crimen a la Costa Oeste. Las libertades públicas no vivían su mejor momento en una América que bien poco tenía que ver con la del hula-hoop, las burbujas de cola o el santoral de mitos mediáticos que se nos ha insistido en presentar.

Con ese marco ambiguo, entre los brillos del show business y las alcantarillas del sistema, una serie de televisión pretendió engrandecer la pantalla con retazos de selecto cinismo, cine negro de autor y Rock & Roll remasterizado de finales de los ochenta. El invento se llamaba "Private Eye", siendo emitida en Estados Unidos entre 1987 y 1988. En España tuvo el genérico nombre de "Detective Privado" y fue puesta en antena por 1990.

Ambientada en la ciudad de Los Angeles de 1956, la serie estuvo inspirada en un incidente real acaecido en 1959, un turbio escándalo en el mundo del espectáculo en el se contaron algunos fiambres. Con una duración de 120 minutos su episodio piloto fue "Private Eye", al que siguieron otros 11 de 60 minutos. La trama se centraba en las peripecias y casos de un ex policía de nombre Jack Cleary (Michael Woods) reconvertido a detective privado tras el asesinato de su hermano, y su ayudante, un joven rocker llamado Johnny Betts (Josh Brolin). Salvando las evidentes distancias, eran algo así como "Roberto Alcázar y Pedrín" entre cadillacs y gramolas, con el suntuoso escenario de Los Ángeles en los años cincuenta.

EL CREADOR
Un presupuesto récord en su día para una serie de televisión (18 millones de dólares) y un autor de reconocida fama, Anthony Yerkovich -"Canción triste de Hill Street", "Corrupción en Miami"-, son los avales con que fue presentada "Detective Privado", una nueva vuelta de tuerca al elegante espectáculo del crimen más el añadido de una década prodigiosa.



Anthony Yerkovich ya había escrito algún guión de género policíaco, cuyo mayor éxito fue llamar la atención de Steven Boccho y Michael Kozoll, quienes por entonces estrenaban su "Canción Triste de Hill Street". Incorporado a la serie terminó por especializarse en los especímenes más raros del grupo del Capitán Furillo. Tras unas 2.000 páginas como guionista, hastiado del proyecto, Yerkovich resolvió abandonar en la tercera temporada. 

Su próxima criatura trasladaría la acción de sus textos de las brumas metropolitanas a los tórridas latitudes de Florida"Corrupción en Miami". Aunque los laureles que cosecharía irían para Michael Mann, el productor, el mérito fue de Yerkovich, quien no aguantó más de una temporada en la sombra. Su contribución a la generación del videoclip había quedado ya, no obstante, para siempre inscrita en los anales de la Historia de la Televisión

El fenomenal impacto de "Miami Vice" le abrió las puertas de la cadena NBC, que llegó a poner 18 millones de dólares encima de la mesa, a su entera disposición. Sólo el programa piloto costó 6,5 millones, la mayor parte empleados en la recreación de Los Ángeles de los cincuenta y en los efectos especiales para las escenas de violencia, que lograron conseguir un realismo inédito para la pequeña pantalla de por entonces. 



La pretensión de Anthony Yerkovich era dar forma no tanto a una serie televisiva como a un filme semanal de una hora. "Detective Privado" quería ir más allá del retrato de personajes y casos, llevando a la ciudad de Los Ángeles y al Rock and Roll al primer plano de la narración, de manera tan elocuente como la propia gestualidad del héroe Jack Cleary, un ex policía sombrío en un universo de luces de neón. 

Yerkovich intentó crear algo "sofisticado y atmosférico", de ambiciones expresionistas y manifiesta subjetividad, al estilo del cine negro. "Nada expresado literalmente, sino a través de la imagen", apostilló sobre su propósito. Las miradas de los maestros impresionistas del cine no son ajenas al relato, como tampoco "Miami Vice", obviamente. Es la era del videoclip, !qué demonios!. Imposible resistirse a patinar una y otra vez sobre las siluetas a contraluz, las barbas de tres días o el desfile de amanerados poses de magazine de moda. 

LOS PROTAGONISTAS
Dos personajes claros soportan el protagonismo en la serie: el ex policía Jack Cleary (Michael Woods), expulsado del cuerpo por falsos cargos, y un rockero de 19 añitos, Johnny Betts (Josh Brolín), al que encuentra paseando por Sunset Strip y al que apadrina moral y materialmente. Estos dos hombres, aún siendo muy diferentes, unirán sus esfuerzos para encontrar al asesino del hermano de Jack. Logrado su objetivo, la Policía le rehabilitará, pero entonces decidirá hacerse cargo de la empresa de detectives que regentaba su hermano e iniciar una nueva vida. Completando la pandilla estaban Charlie Fontana (Bill Sadler), ex compañero de Jack y su contacto en la Policía, más una secretaria llamada Dottie Dworski (Liza Jane Persky), con trazas de Betty Boop, masticadora empedernida de chicle y aspiraciones de estrella de cine.

Jack y Johnny formaban una extraña pareja, pero así lograban ofrecer dos visiones complementarias de un mismo hecho. El telón de fondo del Rock'n'Roll proporcionaba una dimensión mítica a las historias, aparte del celofán visual de Los Ángeles. Por su parte, los locales y shows aportaban actuaciones a una esmerada selección musical, creando atmósferas muy apropiadas para el desfile de personajes y tramas. Joe Jackson se encargó de la música, como ya lo hiciese magistralmente en "Corrupción en Miami". A lo largo de la serie suenan además innumerables clásicos del Rock and Roll, y también de Chris Isaak

La música del californiano tiene un papel destacado en la serie. El quinto episodio, titulado "Blue Hotel" (como su popular éxito), trata sobre un cantante de moda llamado Billy Ray. Las canciones que interpreta son las del propio Chris Isaak, lo que aporta un aire renovado a la música que podría escucharse en los cincuenta. También aparecen por la serie como extras los artistas Lee Rocker y Slim Jim (Stray Cats). 



LA SERIE
Por desgracia "Private Eye" no conoció el éxito. Aún gozando en un primer momento del favor de la prensa, los índices de audiencia de esta serie retro, expresionista y subjetiva, no acompañaron. La incomprensión de la audiencia forzó a la NBC a repensarse el proyecto. Se intentó vanamente que Yerkovich alegrara el lado "oscuro y siniestro" de la serie o que introdujera más humor y menos tragedia. Tampoco gustó que la acción y la atmósfera de la época disputaran el protagonismo a los personajes centrales. Pero la época estuvo ahí desde el principio, clamando por su lugar privilegiado ya desde los títulos de crédito. La época era la historia en sí, lo que la hacía diferente y sugestiva, por encima de malvados, sabuesos y pandilleros, aunque todo suma para que hoy como entonces reconozcamos su gusto y calidad.

Sin embargo la crítica fue inmisericorde, la serie cancelada y las veleidades artísticas de Yerkovich quedaron para fuera del prime time. Algún crítico señaló: "Private Eye debería haber funcionado pero duró cuatro meses. El público la odiaba. Sobre todo, el público odiaba a Michael Woods como Jack Cleary, tan rígido que podría haber sido un Chevy del '57 ''.



Para quienes la seguimos en su día, "Private Eye" ("Detective Privado"no dejará de ser un referente a la hora de fusionar buen cine negro y la época dorada del R&R en un sofisticado producto televisivo.



Tiempo antes de que pudiese darme cuenta, una serie de televisión llevó Texas a mi imaginario. Y no se trataba de una historia enmarcada en el territorio mágico de añejos 'westerns' en blanco y negro, sino al contrario la serie presentaba una sociedad moderna y opulenta, de acristalados rascacielos y desatada prosperidad, para mostrar otra cara de Texas: el escenario de las desavenencias y luchas de poder dentro de una acaudalada familia tejana.

Desde el escenario de su residencia, el rancho Southfork, cercano a DallasTexas, desfilaba el clan de los Ewing, una casta ganadera convertida en multimillonaria por obra y gracia del negocio petrolífero. La serie contaba las turbulentas relaciones dentro de la dinastía y su rivalidad con la familia Barnes (sobre todo en las primeras temporadas).

Aunque construída alrededor de la vida del clan familiar, el personaje central de la serie era John Ross II "J.R." Ewing, el primogénito del clan. Como elemento dinamizador de lo que de otro modo pudiera haber sido una plácida convivencia, se presentaban las intrigas y maquinaciones de J.R., un villano caracterizado por su avaricia y ansia de poder, con un matrimonio infeliz y enfrentado a toda la familia por los más abyectos intereses. 



Pioneros en la modernidad

"Dallas" fue uno de los culebrones de referencia de los 80, cuando todavía no se hablaba de culebrones, si no de seriales televisivos. Fue una de las series más vendidas a todo el mundo y doblada para su emisión en muchísimos países, consagrándose como una de las series dramáticas de mayor duración.

A finales de los 70 hicieron su aparición los telefilmes melodramáticos. En ellos, los humildes y bondadosos miembros de las familias televisivas de los 70, dejaron paso a corruptos personajes dominados por el poder y el sexo, consiguiendo captar la atención del público de aquella época. No dejaba de ser paradójico que este género cautivara a una sociedad en crisis, especialmente en Europa, como si contemplando a un grupo de millonarios destruyéndose entre sí, la gente con problemas hallase algún tipo de consuelo a sus propios conflictos. La fórmula que inauguró "Dallas" se repetiría hasta la saciedad en los años siguientes: una historia paralela de varias familias cuyos miembros no eran precisamente ejemplares y en las que los 'buenos' constituían la excepción. 

Con un reparto que reunía a veteranos secundarios de un lado y a jóvenes con cierta experiencia por otro, lo que convirtió a "Dallas" en un éxito fue su estructura narrativa: la sucesión de tramas entrelazadas tejiendo una historia  en torno a una familia tejana, los Ewing, millonarios del petróleo y el ganado. También se evocaba la magnificencia de "Gigante" de 1956, la película en la que actuaron Elizabeth Taylor y Rock Hudson con temas similares: mucho petróleo, ganado, dinero, poder e igualmente problemas familiares.




En estos y otros aspectos, la serie resultó pionera en el universo de las series de televisión. Un ejemplo son los famosos 'cliffhangers', el gancho final que deja en vilo la acción hasta el episodio siguiente, que se convirtieron en clásicos del género.

Por otra parte, su éxito fue tal y se mantuvo por tanto tiempo que los productores tuvieron que recurrir muchas veces a piruetas difícilmente concebibles para conseguir salir airosos de situaciones difíciles y dar continuidad a la trama, como en deserciones de actores o fallecimientos de algunos de los protagonistas. De los 5 episodios de que iba a constar inicialmente, se pasó a 13 y luego a 29, finalizando la 1ª temporada. En marzo de 1982 se emitió el episodio nº 100, y en noviembre del 85, se registraba la asombrosa cifra de 200 capítulos, hasta llegar a superar de largo los 300. 

Hubo algo que estuvo siempre fuera de discusión para los productores: Larry Hagman debía permanecer en la serie. Su personaje, J.R., con su sombrero tejano y su proverbial mala baba fue el emblema de "Dallas" y convirtieron a Larry en uno de los más aclamados malvados de la televisión.



Un retrato de familia
Hay actores y personajes que permanecerán para siempre en nuestra memoria. Como los patriarcas del clan, la señora Barbara Bel Geddes (Eleanor "Miss Ellie" Southworth Ewing Farlow), y Jim Davis (John Ross "Jock" Ewing) un viejo actor de reparto de incontables 'westerns' donde nunca había tenido oportunidad de sobresalir. Ellos dotaban de cobertura moral al rancho Southfork, el hogar familiar donde arraigaron y levantaron la fortuna por la que todos porfiaban. Aportaban serenidad y mediaban en los conflictos. También representaban la tradición ganadera familiar, lo que les mantenía a salvo de los oscuros negocios del petróleo.

Patrick Duffy interpretó a Robert "Bobby" James Ewing, el menor de los hijos del matrimonio, al que se las daban todas en el mismo lado y aparecía como el galán del telefilme. En la serie estaba casado con Victoria Principal, que interpretaba a Pamela Jean "Pam" Barnes Ewing, bella y combativa, pero, como su marido, sufridora de las invectivas del malvado J.R.. Para hacerlo interesante era hija de la familia rival, los Barnes, lo que la hacía estar en todos los embrollos y ser blanco de las inquinas de su cuñado. La serie perdió con la marcha de la preciosa Pamela, sex symbol del momento, al cabo de unas temporadas, pero abrió la puerta a un sinfín de famosos, bellezas y actores invitados, como fue el caso de Priscilla Presley.

En contraposición al anterior y angélico matrimonio, estaba Linda Gray dando vida a Sue Ellen Shepard Ewing Lockwood, en el papel de esposa infeliz, despechada y no menos maquiavélica que su marido John Ross II "J.R." Ewing, por otra parte un redomado mujeriego. El bonachón de Hagman, un actor con poca estrella rondando la cincuentena, jamás pudo imaginar que su interpretación de un detestable malvado le convertiría en el actor más popular y mejor pagado de la historia de la TV norteamericana. 

Curiosamente, la persona que le convenció para que aceptase el rol de John Ross II "J.R." Ewing, un adúltero y sin escrúpulos, fue precisamente su esposa Maj
En la serie en cambio, John Ross II prestaba más atención a sus turbios asuntos y maquinaciones que a los consejos de su esposa Sue Ellen, quien entre desdicha y embuste procuraba no alejarse demasiado del mueble-bar.

Un buen número de personajes secundarios completaba la trama. Uno de los más entrañables era Raymond "Ray" Ewing Krebbs, el capataz del rancho donde vivían los protagonistas, que interpretaba Steve Kanaly, de quien se dice que no dudó en presentarse en el plató de pruebas vestido de capataz para hacerse con el papel.



Regreso a Southfork
Aquel elenco de actores, los personajes y caracterizaciones con que compusieron la serie han permanecido congelados en la memoria hasta hoy cuando, ¡Oh casualidad!, a punto de escribir esta entrada sobre "Dallas", aparece la noticia de la revisión del serial con el gancho de las viejas glorias y la incorporacion de una serie de atractivos jovencitos como continuadores de la estirpe. 

No corren buenos tiempos para la lírica. Es incierto que la revisión de "Dallas" pueda alcanzar mayor mérito que el reencuentro con los seriamente desmejorados J.R., Sue Ellen,Bobby o Ray (por cierto, ¿continuará de capataz después de 30 años?). Por otra parte los guionistas tendrán que ofrecer algo más que el reclamo de bellas estampas de juventud y demostrar que sus maldades e intrigas están a la altura del siglo XXI o aportan algo nuevo en estos tiempos de igualdad de géneros, ganados transgénicos y energías renovables.

Mientras tanto, es preferible recordar a J.R. en la voz del doblador español Fernando Mateo, embutido en su sombrero tejano, sus ojos saltones y su ambivalente sonrisa. J.R. fue la esencia de "Dallas". Un malo a lo grande, dentro de un gran negocio, en el estado más grande de la Unión. 

Pero aparte del icono y de la vivencia generacional, "Dallas" añadió una muesca más de interés sobre Texas y su imaginario: tradición, desmesura, personajes'stetsons' de ala ancha y carnes a la barbacoa, ...para seguir en la senda iniciada por "Gigante" o las novelas de Estefanía



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