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La Frontera, ese fabuloso territorio entre mundos opuestos, guarda en su historial hitos que cambiaron nuestro mundo, más allá de fantasías de la historia o idealizadas ficciones. En un inhóspito paraje de La Jornada del Muerto, en Nuevo Méxicoun amanecer de mediados de julio la Humanidad invocaba a todas las fuerzas del Infierno y abría la caja de Pandora nuclear.

El territorio que antaño fuese avanzadilla de la civilización en Norteamérica inauguraba en sus entrañas el nacimiento de un nuevo tiempo, la Era Atómica, hace ahora 70 años. Sobre las fechas de tan explosivo aniversario damos una vuelta por Trinity y su historia, un lugar tan desolador como aquella primera amanita nuclear.





En la noche del 16 de julio de 1945, el presidente Harry S. Truman se encontraba presente en la Conferencia de Potsdam en Berlín, cuando recibió un mensaje desde casa: "Operado esta mañana", decía. "El diagnóstico no es completo, pero los resultados parecen satisfactorios y ya superan las expectativas."


La operación a la que se refería el mensaje no era otra que Trinity, la prueba de una nueva arma apodada como "el Gadget." De madrugada, un grupo de unos 250 científicos y oficiales militares había concurrido a tres bunkers en el desierto de Nuevo México y contemplado como una atronadora explosión de 19 kilotones de energía rompía el silencio y su destello brillante iluminaba el cielo. Acababan de presenciar la primera detonación de un arma nuclear. 

Unas semanas después, bajo el pretexto de provocar un rápido fin a la guerra en el Pacífico, aquel arma terrible sería arrojada de manera inmisericorde sobre la población del Imperio del Japón, consiguiendo su rendición. El mundo ya no sería el mismo. 

El Proyecto Manhattan
La historia del lugar de Trinity comienza con la formación del Proyecto Manhattan en junio de 1942, con la responsabilidad general para el diseño y construcción de una bomba atómica. Inicialmente se trataba de ganar la carrera hacia el arma atómica a la Alemania nazi que, de acuerdo con informes de inteligencia, estaba construyendo su propia bomba nuclear.

En el marco del Proyecto Manhattan se construyeron tres grandes instalaciones destinadas a obtener el uranio, el plutonio y diseñar el artefacto, respectivamente. Para esta última tarea fue designado un emplazamiento en Los Alamos, en el norte de Nuevo México, donde muchas de las más grandes mentes científicas de la época trabajaron sobre la construcción real de la bomba, dirigidas por J. Robert Oppenheimer. Por otro lado, la dirección militar del proyecto fue encomendada al General Leslie Groves.

Oppenheimer es una de las personalidades más interesantes y contradictorias del siglo XX, impulsor de la elaboración de un arma nuclear para el final de la guerra y a la vez reo de conciencia de un mecanismo de destrucción que se habría hecho realidad inexorablemente, aún sin su participación. 

Los científicos de Los Alamos idearon dos diseños para la bomba atómica, uno usando el uranio 235 y otro utilizando plutonio. La bomba de uranio era un diseño sencillo y no había duda por parte de los científicos de que iba a funcionar sin necesidad de prueba alguna, pero la bomba de plutonio era más compleja debido a la dificultad para sostener la reacción en cadena generada por su compresión. 

A partir de este inconveniente, los líderes del proyecto decidieron que era esencial ejecutar una prueba de la bomba de plutonio antes de poder ser utilizada como arma de guerra. De una lista de ocho lugares en California, Texas, Nuevo México y Colorado, un punto en el desierto de La Jornada del Muerto fue elegido como el más idóneo para la prueba. La zona formaba parte de las instalaciones de la base aérea para bombarderos de White Sands desde 1942, era lo suficientemente remota y aislada para garantizar la seguridad y el secreto, y se encontraba próxima a Los Alamos. Consciente de sus repercusiones, Oppenheimer bautizó el evento con un nombre de marcado carácter místico y religioso: Trinity.


'El Gadget'
Si el lugar exacto para la explosión en La Jornada del Muerto fue denominado Trinity, la bomba en sí recibió el apelativo de El Gadget, una bomba de plutonio destinada a ser la culminación de seis años de investigación y desarrollo del Proyecto Manhattan

Desde la primavera de 1944 los preparativos para el evento de Trinity se intensificaron en el área secreta de Los Alamos, Nuevo México. El 12 de julio los dos hemisferios del plutonio fueron llevados hacia una casa cercana al Sitio, la casa del rancho de George McDonald, a sólo dos millas de la zona cero. El dormitorio principal fue despejado como una sala para el ensamblaje de la bomba, y el equipo de montaje fue dotado de varios kits de herramientas especiales. La idea era poner a prueba todos los protocolos y herramientas en el lugar de Trinity, al mismo tiempo que la propia bomba.


El armazón del Gadget fue izado en lo alto de una torre de 30 metros para ser detonada y simular algo mejor la caída de una bomba desde un avión. Un minuto después de la medianoche del viernes 13 de julio, el conjunto de explosivos salió de Los Alamos para Trinity Site, y ya de mañana, comenzó el montaje del núcleo de plutonio por parte de un equipo de tres científicos y tres mecánicos en la casa del rancho. Aquella tarde del mismo día 13 el núcleo fue llevado a la zona cero para la inserción en el mecanismo de la bomba y el montaje mecánico en la torre de acero. Tras algunas dificultades, todo el aparato quedó ensamblado. El día 14 la bomba sería elevada desde la base a lo alto de la torre, lista y en espera de unas horas para su detonación. 

A pesar de todos los estudios y la preparación, nadie sabía exactamente qué se podría esperar de la explosión. Los físicos y los oficiales del ejército cruzaron apuestas entre sí sobre los resultados, que variaban desde quienes preveían que no explotaría nada en absoluto hasta quienes temieron la contaminación de la atmósfera de Nuevo México o incluso de todo el planeta.

La Prueba

El General Leslie Groves y el Dr. Robert Oppenheimer determinaron tres puntos de observación a unos 15.000 metros de la zona cero, un refugios de madera protegidos por tierra y hormigón a modo de bunkers. Muchos científicos y personal de apoyo, entre ellos el general Groves, se prepararon a contemplar la explosión desde el campamento base, situado diez millas al sudoeste de la zona cero, aunque la mayoría de las personalidades que presenciaron el evento lo hicieron desde otro bunker situado en una colina, unas 20 millas al noroeste. 

La prueba estaba prevista para las 04:00 horas a.m. del 16 de julio, pero la lluvia y los relámpagos de aquella madrugada hicieron que se pospusiese momentáneamente. A las 4:45 a.m. el parte meteorológico anunció vientos en calma y nubes dispersas para las siguientes dos horas, y el suceso continuó su curso. A las 5:10 horas comenzó la cuenta atrás y a las 05:29:45 a.m., el Gadget fue detonada. 

El hongo atómico se elevó ante el asombro de todos a más de diez kilómetros de altura. Su destello iluminó las montañas circundantes y fue percibido hasta a 150 kilómetros de distancia. Los colores de la iluminación variaron desde morado a verde, y finalmente a blanco. El estampido de la explosión tardó 40 segundos en alcanzar a los observadores. 

Después de la euforia inicial de los testigos ante la espectacular explosión, el director de pruebas Kenneth Bainbridge comentó al director de Los Alamos, Oppenheimer, "Ahora todos somos unos hijos de puta". El Dr. Oppenheimer refirió que el evento le había recordado una cita de origen hindú: "Me he convertido en muerte, el destructor de mundos", aunque ello no le privó de un desconcertante triunfalismo por su éxito científico.

En el informe oficial sobre la prueba, el general Farrell escribió: "El lugar entero fue iluminado por una luz abrasadora con la intensidad de muchas veces la luz del sol del mediodía. Era de oro, púrpura, violeta, gris y azul. Se iluminaron todas las sierras, grietas y lomas con una claridad y belleza indescriptibles, que hay que ver para ser imaginada... ". Informes de prensa citaron a un guarda forestal a unas 150 millas (240 kilómetros) al oeste del sitio, que dijo que vio "un destello de fuego seguido de una explosión y humo negro." En todo el norte de Nuevo México se percibió la iluminación de la explosión. Otros informes señalaron que las ventanas se sacudieron y el sonido se escuchó hasta a 200 millas (320 kilómetros) de distancia.

El piloto de un avión de transporte de la Marina de los EE.UU. a 10.000 pies (3.000 m), 30 millas (48 km) al este de Albuquerque, en ruta a la costa oeste comentó: "Mi primera impresión fue que repentinamente el sol estaba saliendo en el sur. !Como una gran bola de fuego!. Era tan brillante que iluminó la cabina del avión." Luego avisó por radio a Albuquerque pero no consiguió ninguna explicación más allá de la indicación de "no volar hacia el sur". 

En el cráter, la arena del desierto se derritió y se convirtió en un vidrio de color verde claro, ligeramente radiactivo, que fue nombrado trinitita. El cráter fue rellenado después de la prueba y la mayor parte de los bunkers y estructuras desmantelados.

Le Seguían Llamando TRINIDAD
El sitio de Trinity se encuentra enclavado en el desierto de la Jornada del Muerto, al oeste de las montañas de San Andrés, en el extremo norte de la base militar White Sands Missile Range, a unos 150 kilómetros al norte de Las Cruces, Nuevo México. Fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1965 y es abierto al público dos veces al año, el primer sábado de abril y el primer sábado de octubre. 

Fuera de las rutas turísticas habituales, el sitio es un reclamo para curiosos y frikis del mundo atómico. Una escena de desolación delimitada por una elipse alambrada rodeando la zona cero. El catálogo lúdico del inicio de la Era Atómica ofrece visitar una tienda de souvenirs, echar un vistazo a un bunker, buscar restos de trinitita, el mineral cristalizado por la explosión, o contemplar de cerca la carcasa de bomba "Fat Man". También se pueden admirar los escombros de la torre desde la que el Gadget fue detonado. Las fuentes describen el entorno como sobrio y escaso. 

En el centro exacto de la explosión se erigió un obelisco de 4 metros de altura enfoscado con piedra negra de lava, donde una inscripción reza asépticamente: "Trinity Site. Lugar dónde explotó el primer dispositivo nuclear del mundo en 16 de julio 1945, en White Sands Missile Range, al mando de J Frederick Thorlin, Mayor General del Ejército de EE.UU."

Menos de un mes después del evento de Trinity, una bomba atómica a base de uranio llamada "Little Boy" fue lanzada sobre Hiroshima y tres días después, otra bomba atómica a base de plutonio, "Fat Man", lanzada sobre Nagasaki, ambas en Japón. Su explosión inmediata se llevó por delante entre 40.000 y 75.000 almas y consecuencias terribles para los supervivientes. Japón se rindió una semana después, el 14 de agosto de 1945, y la Segunda Guerra Mundial concluyó. El mundo asistió con horror a cómo la radiación, la lluvia radiactiva y el cáncer continuaron cercenando vidas durante décadas. Desde aquella madrugada de mediados de julio, en Trinity vuelve a reinar el silencio.




Dice un viejo proverbio Cherokee: "El mundo está lleno de historias que de cuando en cuando merecen ser contadas." La Leyenda de la Rosa Cherokee, corolando el drama del pueblo nativo americano a través de la amarga ruta conocida como el Sendero de las Lágrimas, no les dejará indiferentes.




UNA NACIÓN AMERICANA
Cherokee deriva de la palabra Choctaw 'Tsa La Gi' que significa "pueblo de la tierra de las cuevas". Ellos se llamaban a sí mismos 'Ani-Yunwiya', 'los seres humanos'. Historicamente, los Cherokees eran de etnia iroquesa y habían ocupado los territorios el sureste de los Estados Unidos, en las dos Carolinas, Georgia, Alabama y Tennessee.

Según llegaban los colonos europeos, los Cherokees comerciaron y se mezclaron con ellos. Adoptaron algunas costumbres europeas y gradualmente fueron cambiando su modo de vida por una economía agrícola, mientras comenzaban a ser presionados para abandonar sus poblados tradicionales. Durante la Guerra de Independencia (1776-1783), lucharon en el bando de los ingleses, pensando que de obtener la victoria, recuperarían las tierras que ya les habían arrebatado los colonos. Pero no fue así. Al finalizar la contienda cada estado americano asumió prerrogativas para ocuparse a su manera del tema indio.

Para 1819 alrededor de un 90 por ciento de la propiedad de sus tierras había sido cedida a colonos blancos. Socialmente los nativos Cherokees iban siendo asimilados con relativa facilidad y armonía; tenían un alfabeto de escritura para su idioma y su propio sistema de gobierno formal al estilo federal con una constitución escrita. Pero aún había quien pensaba que poseían demasiadas tierras, que éstas debían permanecer a los colonos y que los Cherokees jamás podrían pertenecer a la Unión. Entre ellos destacaba Andrew Jackson, que asumiría la presidencia de los Estados Unidos en 1829. 

Todo cambiaría para los indígenas en 1830. El estado de Georgia sacó a sorteo para los blancos la propiedad de la tierra que aún restaba a los Cherokees, junto a concesiones para iniciar prospecciones auríferas. Acto seguido se les denegó la posibilidad de iniciar negocios tribales, contratos, testificar en juicio contra blancos o extraer el oro. Aparte de robarle sus tierras, se trataba de expatriarlos para que no estorbasen los intereses del gobierno, por lo que muchos optaron por emigrar a otras tierras, lejos de la presión de los blancos. 


Los Estados Unidos vieron en la generalidad de las naciones indígenas bajo su soberanía un freno a su progreso y expansión, aparte de una fuente de problemas de toda índole. El medio que eligieron para atajarlo fue la deportacion masiva de las poblaciones nativas, desde sus territorios seculares a la otra orilla del Mississippi, donde no estorbasen sus intereses ...de momento. Aquel territorio fue llamado la Frontera India Permanente.

En 1830 el congreso aprobó el Acta de Expulsión de los Indios para forzar a los Cherokees que aún quedaban en Georgia y al resto de naciones indígenas del sureste a desplazarse al oeste del Mississippi. Para fingir apariencia de legalidad, en diciembre de 1835 los Estados Unidos utilizaron a una minoría de entre 300 y 500 Cherokees para establecer un tratado en New Echota, Georgia; ninguno de ellos era representante elegido de la nación Cherokee. Mediante la firma del tratado por 20 de ellos, el pueblo Cherokee cedió todo el territorio Cherokee al este del Mississippi a los Estados Unidos. Más de 15.000 nativos Cherokees protestaron contra este tratado ilegal. Así y todo, en mayo de 1836, el Tratado de New Echota fue ratificado por el senado por sólo un voto.

UN CAMINO DE ESPINAS
Los Cherokees trataron de llevar su caso a los tribunales sin éxito. El 26 de mayo de 1838 se ordenó que todos los Cherokees debían abandonar las Smokey Mountains y marcharse a lo que más tarde sería Oklahoma. Las familias fueron separadas y los ancianos y enfermos sacados de sus hogares para abandonar definitivamente sus tierras. La gente sólo tuvo unos instantes para reunir sus pertenencias. John Burnett, uno de los soldados que formó parte de la dotación que acompañó a los Cherokees, dejó constancia de aquel viaje: "Nadie podría olvidar la tristeza y la solemnidad de aquella mañana. El Jefe Cherokee John Ross elevó una plegaria y cuando sonó la corneta y la caravana se puso en marcha, muchos niños se giraron y dijeron adiós con la mano a sus montañas, sabiendo que las abandonaban para siempre".

Mientras se procedía a su expulsión en caravanas vigiladas se les confinó en el interior de fortines empalizados, al tiempo que para protegerles de los colonos blancos que llegaban a Georgia como moscas a la miel, al saqueo de todo cuanto los Cherokees se habían visto obligados a dejar atrás: tierras, casas, ganados, enseres... 


En 1810, un colorido grupo de ambiciosos colonos anglo-norteamericanos declaró a la franja occidental de la Florida española como una nación independiente. Nacía la República de Florida Occidental, cuyo territorio se extendía desde el río Mississippi hasta el río Perdido, actual frontera entre los estados de Alabama y Florida
Esta es la historia del evento más pasado por alto en la historia de Norteamérica.


LUISIANA Y LAS DOS FLORIDAS
En 1803, James Madison, por entonces Secretario de Estado del gobierno de Thomas Jefferson, condujo la negociación de la transferencia del territorio tras la compra de Louisiana, la operación por la que los Estados Unidos compraron la colonia a Napoleón Bonaparte. Es oportuno aclarar que a su vez La Luisiana había sido cedida en secreto a Francia por Carlos IV de España tan solo un par de años antes, en 1800, intercambiada por un reino en Italia donde coronar a un príncipe de la familia y bajo el acuerdo de retrocesión o una opción preferencial para España, si Francia resolvía deshacerse de ella. De este modo, su compra por parte de Estados Unidos fue una operación de dudosa legalidad, aunque eso no evitó las graves consecuencias que el acuerdo originaría a nivel mundial. EE.UU. duplicó su tamaño de una tacada, fagocitó hacia los recursos del oeste su gran potencial industrial y demográfico y definió sin ambajes su preponderancia en el continente. De todos los detalles del asunto dimos pormenorizada seña en nuestra serie de artículos sobre EL MAYOR NEGOCIO DE LA HISTORIA (parte 1 http://bit.ly/R3aSZt, parte 2 http://bit.ly/R3btuf, parte 3 http://bit.ly/MHlWYT).

No obstante a la inmensidad del territorio adquirido (2.144.476 km2), la venta no incluyó la totalidad del territorio asimilado más tarde como el estado de Louisiana. De hecho, la Corona española continuó administrando una delgada franja de tierra costera que se extendía desde la orilla este del río Mississippi a la península de Florida, la llamada Florida occidental, una tierra que Estados Unidos optó por considerar interesadamente como parte de la compra hecha a Napoleón, y de la que reclamaron a España su cesión, sin éxito.

España por su parte ya había cedido anteriormente a las pretensiones americanas, aceptando el paralelo 31 de latitud norte como frontera, contra su postura inicial del límite otorgado por Francia en 1764, al tomar posesión de la provincia francesa. Tras la compra de Louisiana en 1803, los Estados Unidos comenzaron a insistir en reclamar el territorio comprendido entre los ríos Perdido y Mississippi. Los españoles objetaron que esa porción de tierra era la provincia de Florida occidental, recibida de Gran Bretaña a raíz del Tratado de París de 1783, y que nada tenía que ver con el territorio intercambiado con Francia. En fin, un complicado cruce de intereses y adquisiciones, a cuatro bandas.

Precisamente, fue la administración británica quien dividió en dos la colonia: la Florida occidental (continental y ribereña del Mississippi, con capital en Baton Rouge) y la Florida oriental (el total del territorio penínsular y capital en San Agustín). Al regreso de los españoles la división administrativa fue respetada pero, para su desgracia, ambas provincias y en particular la Florida occidental, estaban habitadas por una mayoría de colonos anglos, escoceses e irlandeses, incluídos muchos de los refugiados leales a Gran Bretaña durante la Revolución Americana, que habían huido a la región o se habían establecido en ella durante la soberanía británica. Mientras España estuvo a orillas del Mississippi no existieron tensiones importantes, pero la situación cambió cuando las Floridas quedaron aisladas entre el mar y el abrazo por tierra de los Estados Unidos de América.

Sin embargo, las presiones no fueron a mayores. Jefferson pensó que no valía la pena desafiar militarmente a España por La Florida, al anticipar estratégicamente que la afluencia de colonos de habla inglesa, mantenida en el tiempo, haría inevitable la absorción del territorio por los EE.UU.: una práctica que les reportaría magníficos resultados y ya no abandonarían hasta llegar al Pacífico.

Lentamente, mientras España se veía obligada a detraer recursos para afrontar sus desafíos desintegradores, europeos y americanos, multitud de nuevos inmigrantes norteamericanos penetraron y se establecieron en la Florida occidental, con la aquiescencia de su gobierno. William Claiborne, entonces gobernador del denominado como territorio de Orleans, en la orilla oeste del Mississippi, y más tarde el primer gobernador del estado de Louisiana, había dicho respecto a la población de la Florida occidental: "Son una masa tan heterogénea de lo bueno y lo malo como nunca antes se ha visto en región alguna".

THE LONE STAR OF WEST FLORIDA
El antiguo presupuesto de Jefferson se hizo franca realidad con el soporte añadido de la revuelta hispanoamericana. Por 1810 corrían días de cambio y agitación en toda la América hispana. La inacción española precipitaba el asalto a sus posesiones desde todos los frentes. James Madison, ahora en la Presidencia, se impacientaba sin llegar el momento en que las codiciadas piezas de las Floridas callesen al seno de la Unión

Sin embargo, Madison no era el único en hacer planes sobre la debilidad española. En la orilla este del Mississippi, una camarilla entre la élite de los hacendados y propietarios de la Florida occidental se reunió en secreto en un hotel del centro de St. Francisville, a mediados de febrero de 1810. El motivo del cónclave no era otro que trazar el plan para una sublevación que habría de llevarles a la independencia de España. Tras meses de conspiración taimada su determinación les llevó, un 23 de septiembre, ante la escasamente defendida fortaleza española en Baton Rouge. Una multitud de insurrectos enarbolaba amenazadora su enseña, una estrella blanca sobre un campo azul, la llamada "Bonnie Blue". Sin mayor contratiempo, la bandera de la naciente República de Florida Occidental ondeaba al caer la tarde sobre la sede del poder colonial. 

Saint Francisville, hoy en Louisiana, fue designada capital de la West Florida Republic, la primera república de la estrella solitaria en América del Norte, siendo nombrado como su primer presidente un ex diplomático estadounidense que había ayudado a negociar la compra de Louisiana, llamado Fulwar Skipwith. Skipwith, tal vez el único de los líderes de la rebelión que no parecía movido por el afán de robar nuevas tierras o la excitación de la aventura, tenía un buen historial de servicios y mundo a sus espaldas, justo lo necesario para liderar la joven nación. De acuerdo con la Constitución promulgada, a imagen de la de EE.UU., el nombre oficial del país fue el de "Estado de la Florida", por cuya independencia Skipwith realizaba encendidos votos:
Fulwar Skipwith

"Tenemos derecho a la independencia, y donde la voz de la justicia y de la humanidad pueda ser escuchada, nuestra declaración y nuestros justos derechos serán respetados", exclamó.
Aunque en sus pronósticos tampoco engañaba a nadie: "Pero la sangre que corre por nuestras venas, como los afluentes que forman y sostienen al padre de los ríos, que rodea nuestro país encantador, volverá si no es impedido, hasta el corazón de nuestra madre patria".



Pocos procesos históricos son capaces de aglutinar una aureola tan mítica y favorable como el ansia de libertad que prendió mecha a la Revolución Mexicana

Un legítimo empeño de dignidad, trabajo y justicia social impulsado por varios movimientos socialistas, liberales, anarquistas, populistas y agrarios, que derivó de mala manera, desde la oposición contra el orden establecido hacia violentas luchas por el poder para acabar transformado en una larga guerra civil. Un extenuante proceso que vino a costar en torno a un millón de vidas humanas y no se cerró formalmente hasta la década de los 40. A cuenta de la persistencia de algunas de aquellas desigualdades hay quien afirma hoy que la Revolución todavía está en marcha... 

De lo que no hay duda es que constituyó la implosión del régimen dictatorial de Porfirio Díaz por una sucesión de breves presidencias, levantamientos, planes, liderazgos y sangrías que llevaron a México desde la tiranía del dictador omnímodo a la 'modernidad' del partido único, el PRI, que acapararía el poder hasta casi terminar el siglo XX. Además de alumbrar una cosmografía mesiánica en torno al caudillaje y los procesos revolucionarios que ha dejado honda huella y aún hoy impregnan el imaginario colectivo de Hispanoamérica.


30 Años de PORFIRIATO
La Revolución llegó a México para poner fin a un insoportable sistema de opresión y desigualdades sociales, tras un siglo de independencia en el que las oligarquías agrarias y el concurso de las potencias industriales extranjeras habían perseverado en la servidumbre del pueblo y la corrupción institucional. Desde 1876 el general oaxaqueño Porfirio Díaz, antiguo héroe de la Guerra de la Intervención Francesa, imponía una férrea dictadura. No obstante, durante los últimos 30 años México experimentó cierto crecimiento económico, fruto de la estabilidad política proporcionada por el dictador, el expolio de las materias primas y la explotación de los estratos más desfavorecidos de la sociedad, para beneficio de una minoría de aristócratas del régimen y familias de potentados rurales.

La ausencia de democracia y cauces representativos, la injusta distribución de la tierra y riquezas del país, la explotación sistemática de los trabajadores, la corrupción política y administrativa y hasta el estancamiento cultural de México, convergieron para que los círculos opositores al régimen porfirista depositasen sus esperanzas en la candidatura de Francisco I. Madero, un hacendado de Coahuila fundador del Club Democrático Benito Juárez y autor del libro 'La sucesión Presidencial en 1910'

Por su parte Díaz, embargado por salvar su larga trayectoria dictatorial trataba de asimilar el sentimiento popular en México, al comprometerse públicamente a permitir la creación de partidos políticos que presentasen candidatos a la elección de un nuevo presidente en los comicios previstos para junio de 1910, anunciando que no presentaría su reelección. Madero aprovechó esta postura de Porfirio Díaz y realizó diversas giras en el país con idea de formar un partido político que eligiera a sus candidatos en una asamblea nacional y compitiera en las elecciones. Tras la fundación de su propio partido se postuló como presidente y candidato del mismo, adoptando la postura Antirreeleccionista, en contraposición al partido Reeleccionista organizado por Díaz, quien ya se había desdicho de sus primeras intenciones para volver a optar a la Presidencia de la República.

A continuación, poco antes de las elecciones, Madero fue arrestado por sedición acusado de haber pronunciado un discurso injuriando al Presidente. Fue encarcelado en Monterrey y posteriormente trasladado a San Luis Potosí. Con Madero fuera del escenario Porfirio Díaz no tuvo inconveniente alguno para salir reelegido Presidente de México. Solo después sería puesto en libertad bajo fianza con la prohibición de abandonar el país. Pero a principios de octubre Francisco Madero logró escapar a San Antonio, Texas, donde reunió a partidarios y allegados, y lanzó el manifiesto conocido como Plan de San Luis Potosí, denunciando el fraude electoral, desconociendo los poderes constituídos y convocando al pueblo a la insurrección armada, además de exhortar a la sublevación al Ejército Federal para derrocar al sátrapa. La fecha señalada fue el 20 de noviembre de 1910



La hora de MADERO
El primer episodio armado de la insurrección tuvo lugar el 18 de noviembre cuando Aquiles Serdán, encargado por parte de Madero de organizar la Revolución en Puebla, fue detectado y rodeado en su casa por un ejército de 500 soldados, a cuyo asalto resistió hasta la muerte. A pesar de este revés la Revolución logró prender en Chihuahua, asumida por las clases populares y las zonas rurales, para extenderse luego a los estados vecinos de Sonora, Durango y Coahuila

Tras varias batallas entre las tropas del régimen y los sublevados, Porfirio Díaz fue derrotado y, alarmado por las proporciones tomadas por la revuelta, intentó negociar sin éxito. Cuando los revolucionarios tomaron Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos, el viejo dictador buscó salvar una salida honrosa presentando su renuncia, abandonando el país y exiliándose en Francia.

Después de seis meses de lucha la revolución maderista había triunfado. Madero, apoyándose en los Tratados de Ciudad Juárez, negoció el poder colocando en el gobierno interino a varios de sus hombres y convocó las siguientes elecciones para 1911. Como Madero no deseaba incurrir en ninguna ilegitimidad decidió que Francisco León de la Barra fuese nombrado Presidente Interino hasta su previsible triunfo, aunque este interinato sólo provocó discordias entre algunos revolucionarios. 

Comitiva triunfal de Madero
Al cabo de la insurrección contra la dictadura y la reelección de Díaz, la revuelta surgida como única opción del movimiento Antirreeleccionista, urbano y de clase media, había derivado en rebelión popular y rural, dando voz a nuevos líderes ajenos a la disputa política pero encandilados por una rápida victoria y seducidos por el poder y la diplomacia de las armas. Personalidades como Pascual Orozco (arriero comerciante) Francisco Villa (bandido y buscavidas) o Emiliano Zapata (domador de potros y jornalero), entre otros, levantaron el entusiasmo de rancheros, vaqueros, mineros, artesanos, campesinos, obreros o indígenas, de un lado a otro del país, la mayoría con muy poco en común con la figura del acomodado Madero. 

Así, Francisco I. Madero resultó vencedor en las elecciones y tomó el poder, en medio de fuertes tensiones disgregadoras. Las discordancias revolucionarias comenzaron a enfatizarse a escasos veinte días de haber accedido a la Presidencia. Como para Madero la Revolución no podía apartarse del camino trazado por la Ley y sólo mediante ella deberían encauzarse los problemas de la nación, exigió que se depusieran las armas, lo que soliviantó al líder mestizo Zapata de una causa que sentía traicionada. Emiliano Zapata se negó a licenciar a sus tropas sin que Madero asumiese primero sus condiciones. Al frente de su Ejército Libertador del Sur lanzó el grito de “Tierra y Libertad” y el Plan de Ayala, argumentando que el primer punto a resolver era la reforma agraria y el reparto de tierras. El Presidente envió al Ejército Federal contra Zapata, advertido de no excederse en la represión.

La situación nacional se hizo más compleja. Se produjeron sucesivos levantamientos armados que trasladaron un clima de inseguridad inquietante para los dueños del poder económico, alteradas la paz y la seguridad esenciales para su prosperidad. La legalidad y el deseo de acuerdo de Madero fueron interesadamente entendidas como fragilidad y temor. Entre las élites financieras, de terratenientes y las empresas extranjeras se extendió la opinión de la incapacidad del Presidente para embridar al país y la necesidad de una acción enérgica contra su gobierno. La legación diplomática estadounidense, resentida con Madero por no favorecer sus aspiraciones comerciales, ayudó a fraguar un plan para derrocarlo. Fue entonces cuando apareció en escena el general Victoriano Huerta, quien había sido encomendado por el gobierno maderista para sofocar la rebelión de Pascual Orozco, sublevado tras quedar marginado del reparto de poder en el norte. Después de vencer al orozquismo había alcanzado la gloria de héroe nacional y ganado además la confianza del Presidente.    
        
Madero y Pino Suárez
Una nueva insurrección a las puertas de la capital de México puso contra las cuerdas al Gobierno. En enero de 1913 tuvo lugar la llamada Decena Trágica, diez días de bombardeos y combates en la ciudad de México que colocaron al general Huerta en situación de defender la capital y la Presidencia de la Nación. Sin embargo, practicando un doble juego urdido por el embajador de los Estados Unidos, Henry Lane Wilson y en complicidad con Félix Díaz, cabecilla de la sublevación y sobrino del exiliado Porfirio Díaz, mantuvo engañado al Presidente a quien supuestamente defendía, cuando en realidad se había comprometido a derrocarle. Fue el denominado como Pacto de la Ciudadela o de la Embajada, por el cual se establecía el compromiso de Huerta de apresar a Madero, disolver el Ejecutivo para tomar la Presidencia de la República de forma provisional y facilitar que Félix Díaz saliese victorioso en las siguientes elecciones. 

El plan fue un éxito, Madero resultó apresado y forzada su renuncia. El 22 de febrero de 1913, mientras era trasladado a la penitenciaría de Lecumberri, Francisco I. Madero fue asesinado por la espalda, en aplicación de la “ley de fugas”, junto al Vicepresidente Pino Suárez


HUERTAS y los tigres del Norte
Poco después de los sucesos desgraciados de la Decena TrágicaHuerta sería designado Presidente. No le tomó mucho tiempo instaurar una dictadura militar y suprimir la democracia, con la aprobación de los grandes hacendados, los altos mandos militares, del clero y de casi todos los gobernadores, salvo los de Sonora y Coahuila. Sin embargo su débil apoyo social (conocida y pública su traición para hacerse con el poder), su vinculación a los intereses de los Estados Unidos y su desmembramiento del aparato constitucional, le granjearon una opinión pública desfavorable y la reacción en contra de varios jefes políticos, militares y revolucionarios, e incluso la antipatía del nuevo Presidente norteamericano Woodrow Wilson

Poco después del ascenso de Huerta al poder, Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila alzado en armas, fue tomado por los revolucionarios como jefe del proclamado Ejército Constitucionalista con el objetivo de restablecer el orden constitucional, según el plan trazado en la hacienda de Guadalupe

Un año de lucha en el norte irridento (donde con sus éxitos militares cobró fuerza el liderazgo de Francisco 'Pancho' Villa), la ocupación estadounidense de Veracruz, la toma del núcleo ferroviario de Zacatecas por las fuerzas constitucionalistas y su posterior avance hacia la capital, fueron acontecimientos que precipitaron al general Huerta a renunciar a la Presidencia y huir del país en 1914. Paradójicamente, el final le esperaba en la prisión de El Paso, en Texas, dos años más tarde de su detención por aquellos a quien se comprometió en favorecer, los Estados Unidos.

La Revolución fue un conflicto mayoritariamente norteño. En el sur, su lejanía con los Estados Unidos (en donde se obtenían armas y suministros), de los principales frentes de batalla y de la difícil orografía y comunicaciones con el resto del país, ocasionó que el conflicto armado no pasase de simples escaramuzas ni la causa contase con gran aceptación. En cambio en el norte, un sinfín de caudillos, generales y guerrilleros se abrieron paso a sangre y fuego hacia la leyenda. En el estado de Sonora, los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles habían brindado su apoyo a Carranza de manera inmediata, en representación de la clase media, mientras que en Chihuahua la adhesión al bando huertista de Pascual Orozco provocó el ascenso de Pancho Villa, miembro de las clases bajas con gran ascendencia en los sectores populares de la región. 


CARRANZA contra todos 
Carranza, Jefe de la Revolución de acuerdo con el Plan de Guadalupe, convocó a todas las fuerzas a la Convención de Aguascalientes para nombrar un líder único. En esa reunión Eulalio Gutiérrez fue designado Presidente del país, pero las hostilidades se reanudaron cuando Carranza no reconoció el acuerdo, en oposición a las aspiraciones de Villa y Zapata

Villa y Zapata, una alianza fugaz
A partir de aquel desencuentro se profundizaron las diferencias entre las facciones que habían luchado contra Huerta, lo que desencadenó nuevos conflictos. Gutiérrez no tardaría en dimitir ante las presiones de los caudillos. Tras derrotar a la Convención, los constitucionalistas iniciaron los trabajos para la redacción de una nueva Constitución y llevar a Carranza a la Presidencia en 1917. Mientras tanto, la fraternidad de los caudillos revolucionarios se había revuelto en enemistad y lucha encarnizadas. Villa contó sus batallas por derrotas frente al general carrancista Álvaro Obregón, mientras Zapata permanecía a la defensiva en su refugio de Morelos.

Emiliano Zapata
Para 1917 se promulgó la Constitución en la ciudad de Querétaro y Venustiano Carranza se convirtió en el primer Presidente en gobernar bajo un régimen constitucional. Desde el gobierno Carranza se empeñó en hacer posibles las transformaciones sociales y económicas que el país necesitaba, lo que influyó en consolidar su prestigio y posición. Sus prioridades pasaban por lograr la unidad revolucionaria, fortalecer la imagen de su gobierno en el extranjero y poner término a los brotes de insurrección. Carranza gobernó de 1917 a 1920, aunque no logró pacificar del todo el país. Más al contario, la lucha entre la distintas facciones estaba lejos de concluir y los levantamientos continuaron: villistas en el norte, zapatistas en el sur, los felicistas (los seguidores de Félix Díaz), las rebeliones en Chiapas, Oaxaca, Michoacán... algunas incluso, insurrecciones sin más bandera que el pillaje y el asalto al poder local. Carranza fracasó en dotar de una organización funcional y estable a la nación, decantado hacia medidas más enérgicas que retroalimentaron nuevas eras de violencia.


Ajuste de cuentas
En 1919 Zapata sería asesinado por orden de Obregón, el mismo año que éste, viéndose relegado de la sucesión por Carranza, promulgaba el Plan de Agua Prieta, sin reconocer al gobierno constitucionalista y proclamando la soberanía popular. Encuadrado en el denominado Grupo de Sonora se propuso la captura de la capital federal, lo que precipitó la huída de Carranza hacia Veracruz. Durante el trayecto, el Presidente fugitivo fue emboscado y asesinado en Tlaxcalantongo, Puebla, el 21 de mayo de 1920.

El control de los ferrocarriles resultó clave en el conflicto
Diez años después de iniciada la Revolución, en 1920, Madero, Zapata y Carranza habían muerto, aunque su legado era reivindicado ahora por quienes recogían el testigo de la gobernación de México. Por su parte Pancho Villa se había retirado de la vida militar tras los Convenios de Sabinas, con el reconocimiento a sus méritos guerreros y una hacienda en Chihuahua. Y fue allí donde resultaría asesinado en 1923, tal vez por el mismo verdugo que Zapata, el general Álvaro Obregón, al frente entonces de la etapa final revolucionaria. 

Auspiciado por su prestigio como hábil militar y estratega, Obregón se esforzó por otorgar sus legítimos derechos a obreros y campesinos, haciendo crecer su apoyo popular y asentando las bases de un esquema político diferente. Un sistema que formalizaría definitivamente Plutarco Elías Calles, en la Presidencia de la República tras el asesinato de Obregón en 1924. Como Calles aseguró, finalizaba la era de los caudillos y comenzaba el tiempo de las instituciones. En 1929 fundó el Partido Nacional Revolucionario, posteriormente llamado Partido de la Revolución Mexicana y finalmente Partido Revolucionario Institucional, el PRI, que se mantuvo en el gobierno del país por 70 años (...). 



                                                                                       
Estos fueron los principales hechos, caudillos y logros de una Revolución que conmocionó a América y al mundo hace más o menos un siglo, para quedar ligada por siempre al genio mexicano. Un tropel de apasionado idealismo, justicia social, lucha por el poder, sucias traiciones y venganzas cainitas, amparados en la historia como La Revolución MexicanaUna historia "bien chingona" como argumenta el desencantado revolucionario Jesús Raza (Jack Palance) en el genial western de Richard Brooks, 'Los Profesionales'.





Con el soporte de:
http://es.wikipedia.org/wiki/Revoluci%C3%B3n_mexicana
'La Revolución Mexicana', de Ramón Talavera Franco  


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