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25 abril 2015

Bienvenidos a la Raza Humana


Si algún sentido tiene mantener abierta esta ventana al mundo y a la abstracción es poder reconocer a artistas como Walter Trout, guitarrista de blues-rock de cabecera en las últimas fechas para este alma fronteriza.

Walter Trout es un bluesman de los que sabe lo que se hace. No sólo porque haya cursado una dilatada carrera de guitarrista a sueldo de estrellas de la talla de John Lee Hooker, John Mayall o bandas como Cannet Heat. Con rumbo y banda propios desde los noventa, Trout se ha ganado un lugar en el panorama del blues-rock gracias a un gran repertorio de emocionantes canciones y la eficaz ejecutoria de sus actuaciones en vivo. 

También sabe lo que se dice, y lo escribe con coraje. Hace falta haber estado al otro lado de las vías para hablar así. Puedes imaginarlo, intuirlo, tal vez paseaste sin rumbo bajo la lluvia fina alguna vez; Walter pasó por ello, te lo aseguro, y tiene la suficiente autoridad sobre seis cuerdas y un mástil para abrir paso a su mensaje entre nieblas y tormentas. 

Un buen punto de partida para conocer a Walter Trout puede ser su álbum The Outsider, El Forastero, publicado en 2008. Inequívocamente, el espectacular tema que lo abre deja a las claras no sólo su calidad como compositor e intérprete, sino también la personalidad y talante del guitarrista. 

Directo y honesto, su blues empareja el melancólico desgarro de la decepción con notas de electrizante esperanza. Es memoria, paño de lágrimas, dolor y gloria en la derrota. Es fé, inspiración, resolución y pugna por la supervivencia. 

Sí, !menudo catálogo!dirán algunos. 
Así es la vida, hermanos, así lo cuenta Walter!Bienvenidos a la Raza Humana!.




"" He sido amado y odiado, 
elogiado y vilipendiado. 
He sido acusado y vindicado,
y salido adelante con determinación.

He superado un sinfín de pruebas,
deshaciéndome de mi orgullo. 
Alguna vez he dicho la verdad. 
Otras veces he mentido.

Y cuando me quedo a solas conmigo mismo,
en un espacio frío y vacío,
entonces una voz interior me dice: "!Bienvenido,
bienvenido a la raza humana,
bienvenido a la raza humana!"

Me han hecho daño y herido. 
He estado abajo e hincado las rodillas, 
orando por el perdón 
de mis enemigos.

A veces, ha habido grandes ilusiones 
que han cegado y nublado mis ojos
hasta perderme y desorientarme.
Siempre acabé por alcanzar la salida. 

Cuando me quedo a solas conmigo mismo, 
con lágrimas en la cara, 
entonces suena una voz interior que dice: "!bienvenido,
bienvenido a la raza humana!"

!Bienvenido! 
!Bienvenido!
!! Bienvenido a la raza humana !!

He estado en la cárcel y en el limbo. 
He estado en la cima y en lo profundo de un pozo.
Justo de lo que he estado huyendo 
supongo que nunca lo sabré. 

He sido encerrado y expuesto 
para que todos me pudiesen ver. 
Bienvenido y despreciado, 
supongo que así será siempre.

Escondido en las sombras. 
Sólo, llorando sobre mi rostro. 
Oyendo una voz dentro de mí,
diciendo: "!bienvenido 
a la raza humana!" 

!Bienvenido a la raza humana! 
Dice: "!bienvenido, 
bienvenido a la raza humana!" ""


Traducción libre de la canción "Welcome To The Human Race"



Puedes saber más sobre Walter Trout en su propia web: http://www.waltertrout.com

Ahora, si has recuperado el aliento estás invitado a dejar tu impresión en los comentarios. Sería de agradecer.


08 junio 2014

El Rey de la Frontera



Si hubiese que destacar una personalidad sobre las de su tiempo, un representante de la vida y la gente de la Frontera, esa persona sería sin lugar a dudas William Frederick Cody, eternamente conocido como Buffalo Bill, el rey de la Frontera. Así fue denominado en 1869 por un periódico neoyorkino y puede decirse que cumplió con el apelativo a rajatabla. El coronel Cody resume en su biografía casi un siglo de historia americana, siendo fiel ejemplo del empuje y la iniciativa de su sociedad y nación.

Bill fue colono, correo, cazador, trampero, explorador, soldado, diplomático, indigenista, estrella del espectáculo, empresario y celebridad mundial. Viajó por medio mundo y alternó en cortes y palacios con las principales figuras del momento. Pocos de ellos habían visto tanto mundo ni estado en tantas salsas como él. Nadie como Buffalo Bill para resumir y aunar en su biografía la representación del ideal aventurero del Oeste americano, el amaño de la narrativa histórica de los Estados Unidos, la utilización del espectáculo como vehículo para la política o la defensa de las comunidades indígenas. Con William F. Cody el Oeste romántico pasó a ser patrimonio universal.

Estas son algunas de sus imágenes, el retrato del hombre imposible de desligar del personaje y sus poses decimonónicas. A Bill le gustaba la cámara, está claro, y supo poner de su lado el novedoso poder que las imágenes adquirían en su tiempo como soporte narrativo. Estas fotografías recorren su vida pero también nos presentan la forja de un sueño, el fin de una época y el nacimiento de un mito, el primero del gran show americano.
 
 

"Si un buen caballo no tenía tendencia a brincar sobre un banco o dejarse llevar, le dejaba elegir su propio camino". W.F. Cody


 
 

"El mejor de cuantos Sioux he conocido a lo largo de mi vida, en cualquier tiempo y lugar, fue el maravilloso y veterano combatiente Toro Sentado, cuya vida será escrita un día por algún historiador que realmente pueda hacerle justicia". W.F. Cody
     


 

"Solo ha sentido cuanto un hombre puede sentir quién vaga sobre las praderas del lejano Oeste, bien armado, y montado en un corcel veloz y galante".  W. F. Cody



  
"El Oeste de los viejos tiempos, con su carácter fuerte, sus severas batallas y sus inmensas extensiones solitarias, nunca se borrará de mi mente". W. F. Cody
  
 

30 noviembre 2013

ROSA DE CIMARRÓN


En una época que las relegaba a un papel secundario en el devenir de la historia, no fueron pocas las mujeres que consiguieron despuntar en ella o abrirse paso hacia la leyenda. Teniendo presente que nadaban contra corriente en un mundo creado por y a la medida de los hombres, sus aventuras y biografías adquieren aún mayor significado en nuestro tiempo. Bien como intérpretes indígenas, buscavidas, cazadoras, jugadoras, tiradoras o forajidas, las mujeres del Lejano Oeste lograron triunfar sobre la losa moral que las condenó a priori, para ganarse hoy la admiración y respeto de los amantes de la Frontera.

Una de aquellas mujeres fue una chica de poco más de 15 años de nombre Rose Dunn, apodada para la historia como 'Rosa de Cimarrón', culpable de preferir la compañía de forajidos y maleantes, y de tener los suficientes redaños para encarar a la ley. Detrás de la leyenda levantada alrededor suyo existió una mujer real, cuya inconsciente juventud la llevó a realizar peligrosos equilibrios en un mundo de violencia y plomo.

Rose Dunn nació en 1879 cerca de Ingalls, Oklahoma. De familia pobre, fue educada en un convento en Wichita, Kansas. Su significación como leyenda del Oeste comenzó con una historia de amor al margen de la ley. Desde hacía un par de años los hermanos Dunn habían pasado a engrosar las filas del hampa tras una breve introducción al negocio como rateros de poca monta. Ellos fueron los que enseñaron a la joven Rose a montar, echar el lazo y disparar, y a través de ellos conoció y se enamoró del gangster llamado George 'Bitter Creek' Newcomb, un exmiembro de la cuadrilla de los Dalton antes de su desaparición en Coffeyville, Kansas

El Príncipe de los Ladrones
En 1893 'Bitter Creek' Newcomb se encontraba integrando la banda del famoso forajido Bill Doolin, donde militaron por algún tiempo los hermanos Dunn. La banda de Doolin amedrentó el Territorio Indio (Oklahoma) durante dos años, robando bancos y asaltando diligencias y trenes también por Kansas y Arkansas.

'Bitter Creek' es un personaje digno de mención. Algún autor le describe como "un apuesto y despreocupado vaquero, galante con las chicas guapas e hijo de una acomodada familia de Fort Scott, Kansas". El apodo de "Bitter Creek" proviene de una canción que le gustaba entonar: "Soy un lobo salvaje de Bitter Creek y mi noche es aullar".

La presencia, los modales educados y el halagos de Newcomb inclinaron a Rose a acompañarle en su banda, donde la protección del galán y el respeto de todos engendraron su lealtad hacia el grupo. Y fue así como Rose Dunn empezó a labrarse un nombre propio entre los gunmen: la 'Rosa de Cimarrón'

Como la vida al margen de la ley no da demasiadas facilidades al amor, la chica empezó a implicarse cada vez más en el 'Wild Bunch'. A menudo era ella la que se aventuraba hacia la ciudad más próxima donde los hombres de Dollin eran buscados, para hacer acopio de suministros. Mientras tanto, los hermanos de Rose habían abandonado la difícil vida en la delincuencia, más al contrario, optaron por ganarse la vida con una ocupación tan pacífica como la de cazadores de recompensas, siendo conocidos en el territorio como los 'Hermanos Dunn'.

El tiroteo de Ingalls
En la tarde del 1 de septiembre de 1893 la banda de Dollin fue acorralada en Ingalls, Oklahoma por una partida de alguaciles de los Estados Unidos que los habían reconocido. Varios miembros tuvieron que refugiarse en el salón de George Ransom, acosados por los agentes. Como quiera que después ser rodeados y conminados a rendirse Bill Doolin les respondiese: "Iros al infierno", la balasera no se hizo esperar. Una lluvia de balas empezó a hacer astillas la taberna mientras los pueblerinos asustados corrieron a esconderse. 

La leyenda del Far West cuenta que Newcomb fue gravemente herido y que cuando estaba en la calle, 'Rosa de Cimarrón' corrió hasta él desde el "Pierce Hotel" donde se alojaba, pertrechada con dos cananas de munición y un rifle Winchester. Disparando y manteniendo a raya a los marshalls, la fiera adolescente lanzó las cartucheras a su novio para que alimentase las cuencas vacías de sus revólveres, cubriéndole las espaldas y ayudándole a escapar. El informe oficial en cambio se limita a señalar que Newcomb disparó un par de veces y huyó.

La batalla dejó nueve muertos en el acto y algunos heridos de gravedad, entre ellos un alguacil que murió de inmediato y otros dos que murieron de sus heridas al día siguiente. Tres de los fuera de la ley, entre ellos el novio de Rose, fueron heridos y el llamado 'Arkansas Tom' Jones capturado. Junto a 'Bitter Creek'  y otros miembros de la banda, 'Rosa de Cimarrón' permaneció escondida en lugar seguro por unos meses, ayudando como enfermera al restablecimiento de la maltrecha cuadrilla.

Hermanos de sangre
Cerca de dos años más tarde, un 2 de mayo de 1895, una recompensa de 5,000 dólares pesaba sobre la cabeza de Newcomb, vivo o muerto. En compañía de otro bandido llamado Charley Pierce, 'Bitter Creek' había escapado de un encuentro con los marshall cerca de Norman, Oklahoma. Probablemente alguno de los dos se encontrase herido. Sea como fuere, el caso es que no dejaron pasar la ocasión de visitar a Rose. Para su desgracia, mientras desmontaban delante de la casa fueron sorprendidos y liquidados a tiros por los 'Hermanos Dunn', que se embolsaron 5000$ dólares cada uno ante su desconsolada hermana. 

Después de la muerte de George 'Bitter Creek' Newcomb, la menor de los Dunn fue repetidamente acusada de haber rebelado a sus hermanos el paradero y las intenciones de los bandidos. Ella siempre lo negó y sus hermanos se sumaron a su descargo. Fue solo una casualidad, una baza en contra de aquellos que acostumbraban a porfiar con la suerte. Rose nunca fue procesada por su participación en la banda de Bill Dollin.

Retirada de la espiral de la delincuencia, 'Rosa de Cimarrón' volvió a ser Rosa Dunn. Unos años más tarde se convirtió en la esposa de un político de Oklahoma y vivió el resto de su vida como una respetable ciudadana. Murió a los 76 años en Salkum, Washington. La controversia sobre el papel que jugó en el tiroteo entre los alguaciles y los fuera de la ley en Ingalls, Territorio de Oklahoma, en 1895, le acompañó toda su vida. 




17 octubre 2013

Guitar Man



Bueno, dejé mi trabajo en el autolavado y una nota de despedida a mi madre.
Cuando el sol se puso salí de Kingston con mi guitarra bajo el abrigo.
Hice autostop hasta Memphis, cogí una habitación en el Y.M.C.A.
durante tres semanas me pateé los clubes buscando algún sitio donde tocar.
Pensé que mi repertorio les volvería locos, pero nadie quería contratar un guitarrista.

Casi me muero de hambre en Memphis, me había quedado sin dinero ni suerte.
Realicé un viaje a Macon, Georgia, en un camión cargado de gallinas.
Luego hice dedo hasta Panamá City y empecé a ver algunos bares nocturnos.
Esperaba ganarme un dólar tocando, pero siempre me soltaban lo mismo:
"Aquí no tenemos sitio para un guitarrista".

Dormí en la jungla de los vagabundos, vagué por mil kilómetros de camino.
Acabé en Mobile, Alabama, frente a un club llamado "Big Jack's".
Un pequeño cuarteto ensayaba, así que cogí mi guitarra y me uní a ellos.
Les enseñé cómo podía sonar una banda con un guitarrista rítmico. 
"!Muéstraselo, hijo!"

Si alguna vez viajas hasta el oceáno, pásate por Mobile
y no te pierdas un club llamado "Jack's" si tienes un poco de tiempo que matar.
Solo tienes que seguir a la multitud y acabarás en la pista de baile,
disfrutando con el mejor quinteto que hay en todo el Golfo de México.
Adivina quien es el líder de ese quinteto. ¿No lo sabes?
Bueno, nunca hubieras dicho que es un pequeño guitarrista.
  

                               Traducción adaptada del tema 'Guitar Man' (1967) de Jerry Reed 





Elvis abrió con este número su Especial Comeback en la cadena de televisión NBC, el 3 de diciembre de 1968. Emergiendo desde la oscuridad y encañonado por un potente foco frente a la penumbra posterior, la escena destacaba una imagen de desdén y rebeldía, aludiendo a imágenes pasadas y tiempos de juventud, mostrando a un Elvis que aún conservaba grandes dosis de atractivo y provocación. La pieza enmarcó la transición a "Guitar Man" desde la introducción de "Trouble", con un telón de fondo similar al de "Jailhouse Rock", con bailarines masculinos encasillados en celdas. 

El tema "Guitar Man" había sido escrito por Jerry Reed Hubbard ese mismo 1968. El simpático Jerry Reed (1937-2008) fue cantante de country, compositor y actor en más de una docena de películas. Interpretando papeles cómicos y caracterizando a joviales palurdos sureños, es reconocible co-protagonista de la saga sobre camioneros protagonizada por Burt Reynolds iniciada con "Los Caraduras", amén de otras actuaciones en cine y televisión. 

Respecto a la grabación por Elvis de su canción, comentó:
"Yo estaba en la pesca del río Cumberland, cuando recibí una llamada de Felton Jarvis (entonces productor de Elvis en RCA). Jarvis me dijo: "Elvis está aquí mismo. Hemos estado tratando de grabar "Guitar Man" durante todo el día pero Elvis quiere que suene como sonaba en su disco". Así que le dije: "Bueno, si quieres que suene así, vas tener que llevarme allí a tocar la guitarra". Y ese fue el principio de una gran amistad entre genios.

Ahora pulse sobre su nombre si quiere saber más sobre el bueno de Jerry Reed


25 agosto 2013

DE SOTO en el País de Dixie



A sus 37 años Hernando de Soto lo tenía todo para observar la vida desde una cómoda posición otorgada por aventuras y conquistas. Tras su paso por Las Indias, había vuelto a España dueño de una considerable fortuna, acababa de tomar por esposa a una bella dama de la nobleza y su fama, carisma y bonomía le abrían las puertas de palacios y voluntades. Y sin embargo, apenas a un año de su regreso, el ansia de nuevas expediciones comenzó a persuadirle.

Muchos habrá que estimen por loca su codicia, como la Leyenda Negra se encargó por siglos de emponzoñar el discurso de la Historia, pero es más probable que la emoción de renovadas aventuras, peligros y tesoros, calase hondo en el ánimo del extremeño, a las noticias de un nuevo territorio por descubrir: La Florida.

DE OFICIO DESCUBRIDOR
Con 16 años había partido a las Indias participando activamente en la conquista y exploración de Panamá, Nicaragua y Honduras. En 1532 se unió a la expedición de Francisco Pizarro, desde Panamá a la conquista del fabuloso Imperio de los Incas del Perú, ganándose con su valor el aprecio y la confianza de Pizarro. Para él, descubrirá la ruta hacia Cuzco que hará posible su posterior asalto y toma, tras la cual regresa a España para desposar a la hija de su mentor en las Américas, el conquistador Pedrarias Dávila.


El joven Hernando no se deleitó demasiado en saborear las mieles del éxito. Los relatos de Cabeza de Vaca al respecto de una región llamada Florida, supuestamente tan rica como el Perú, intrigaron y empujaron a Hernando de Soto a reanudar su aventura americana. Vendió sus propiedades, obtuvo del Emperador Carlos I el título de Adelantado de la Florida y preparó una expedición para colonizar aquel desconocido territorio. 


Se estima que en torno a unas 1000 personas, entre soldados y marineros, ingenieros, herreros, artesanos, colonos y religiosos, compusieron la expedición, respaldada por nueve navíos y una veintena de botes que se les unieron desde Vera Cruz. En ellas embarcaron junto a 300 caballos y varias toneladas de pertrechos con lo necesario para levantar una colonia: herramientas, lonas, armas, cañones, alimentos y animales domésticos como aves, cerdos y perros. Sus ilusiones iban por delante.

RUMBO A LA AVENTURA

Partiendo desde La Habana la expedición arribó a la costa occidental de la Florida a finales de mayo de 1539, en un lugar al sur de la actual Tampa que fue nombrado como Espíritu Santo. Allí se iniciaría la exploración de Florida y de gran parte de los Estados Unidos meridionales. Para su desgracia, en vez de oro o tierras prósperas, toparon con un país innacesible, demasiado cálido y húmedo, circundado de umbrosos manglares, pantanos y marismas. La hostilidad de los indígenas se sumó al castigo contumaz de los mosquitos o la amenaza de serpientes y caimanes. 



Nada de esto detuvo al Adelantado. Al cabo de algún tiempo, Hernando de Soto había ya perdido muchos hombres haciendo frente a los indígenas. Atravesó la península de Florida desde el suroeste hasta el Apalache, al noroeste, una región considerada como fértil y con buenas condiciones para la construcción de un puerto. Tras múltiples refriegas, alcanzó al fin esta región y prosiguió su avance por el país, atravesando las regiones y poblaciones indígenas situadas al norte de la actual Georgia, con escaso éxito. Había planeado reunirse con uno de sus capitanes enviado a por refuerzos, de nuevo en la costa occidental, pero en la región de Tuscalosa (Alabama) fue atacado por una multitud de indios en una espantosa batalla que se prolongaría por nueve horas y sería finalmente ganada por los españoles. Setenta españoles fueron muertos en el combate, numerosos hombre y oficiales resultaron heridos, como el propio De Soto


El grueso de la expedición y las tropas estaban extenuadas. Los españoles estaban decepcionados por no haber encontrado riqueza alguna en el camino y comenzaron las disensiones, planteando la idea de alcanzar la costa, encontrarse con los barcos y abandonar la aventura. Buen conocedor de cuanto se jugaba, Hernando de Soto optó por conducir a los hombres hacia el interior y al oeste del territorio, en la esperanza de alcanzar la Nueva España (México), al tiempo que conjuraba la amenaza de que una rebelión aguardándole al llegar a la costa terminase con la aventura. Ganaba tiempo, pero imposibilitaba
 la oportunidad de un encuentro con los refuerzos enviados en su auxilio.

UN LUGAR EN EL RÍO
Internándose a través de las regiones del Golfo de México, el Adelantado topó con el Mississippi al norte del actual estado del mismo nombre. En la precariedad de la expedición, la gran arteria de Norteamérica no fue vista más que como otro obstáculo que entorpecía su avance. De Soto lo cruzó para llegar al noroeste de Arkansas en 1541, donde pasó el invierno, cerca de Washita. En primavera retornó hasta el río, donde el Adelantado caería enfermo de unas fiebres el 20 de junio de 1542. Preparándose a morir, designó a Luis Moscoso de Alvarado para asumir el mando en su lugar. Cinco días más tarde, Hernando de Soto murió sin haber podido alcanzar Nueva España ni mucho menos dar feliz término a la gran expedición, que afrontaba ahora el inconveniente de evidenciar su pérdida ante los indígenas. 

Fue entonces cuando sus hombres resolvieron darle sepultura sumergiendo su cuerpo en el Mississippi, con el fin de que los indios, creyéndole inmortal, ignorasen su muerte y no profanasen sus restos. Envuelto en un sudario de mantas con su pesada armadura, lastrado además con piedras y cargas de arena, el cadáver del Adelantado fue depositado al lecho del Mississippi furtivamente en mitad de la noche. Contaba 42 años. Tras el descubrimiento de la corriente, su fama quedaría para siempre unida al gran río de Norteamérica como honorable y proceloso sepulcro.

Dirigida por Moscoso, la diezmada expedición persistió en alcanzar Nueva España. Se internó en Texas, infructuosamente, y hubo de volver sobre sus pasos hacia el este, tomar el curso del río hacia la costa y descender hasta Pánuco en México. Se cree que fueron los primeros europeos en pasar por donde hoy se asienta Nueva Orleans. Solo unas decenas sobrevivieron. 



Si el balance humano de la misma fue desastroso, la expedición de Hernando de Soto sería la primera gran exploración emprendida en el sureste de Norteamérica, a través de seis de sus actuales estados (Carolina del sur, Florida, Georgia, Alabama, Mississippi y Arkansas, el posteriormente mítico País de Dixie). Recorrió más territorio norteamericano que cualquier otra de la época, y fue la primera en dejar constancia de las numerosas tribus indias descubiertas en su recorrido (Cherokees, Seminolas, Creeks, Apalaches, Choctaws, etc), además de aportar la única referencia histórica de la desaparecida civilización Mississippian.




Pero eso no fue todo. Siglos más tarde, por una pirueta del destino, la figura del descubridor extremeño sería rescatada para designar a un prodigio de la técnica, ya entrado el siglo XX: los fabulosos automóviles DeSoto, del genio de la automoción y los negocios Walter P. Chrysler. Su historia le espera en LA MARCA DEL CONQUISTADOR. Súbase a la leyenda de De Soto.



06 mayo 2013

Creo en la CREEDENCE



Los que nos siguen saben bien de nuestro poco apego por la actualidad. Sin embargo, hay ocasiones en que desdeñar el cruce con nuestro pasado puede ser la peor traición que hagamos a nuestro presente. Sobre todo, para llegar a ser convocado mañana sin venir a son ni a cuento. 

La Creedence Clearwater Revival lleva tiempo clamando por ocupar un espacio en nuestro Blog. Hoy por fin lo tendrán, al hilo del nuevo disco de John Fogerty, con el breve esbozo del descubrimiento de ambas figuras y nuestra fe en el country rock
Sí, amigos, creo en la CREEDENCE. Hoy toca REVIVAL.


Para los despistados decir que John Fogerty es uno de los grandes compositores de rock americano de todos los tiempos, y la Creedence Clearwater Revival, la banda de rock más emblemático de los últimos 60' y principios de los 70', uno de los mejores grupos de toda la historia de la música popular, incluído en el Salón de la Fama del Rock desde 1993. Un estandarte genuinamente americano de libertad y rebeldía generacional asociado con la tradición y el clasicismo rockeros, una idea de América asimilada generosamente en bandas sonoras de películas como 'Apocalypse Now', 'La Jungla de Cristal', 'Forrest Gump' o 'El Gran Lebowsky', entre otras.




A mis efectos, conocí a John Fogerty de la mano Jess Malone, que vivía al fondo de la calle. Era el típico gracioso al que nadie tomaba en serio pero sin cuyo concurso no había fiesta ni algarada. Me acuerdo que caminaba con las piernas arqueadas, embutido en unos jeans desgastados pero pulcros, de donde refulgían unos calcetines blancos antes de calzar sus mocasines. Fumaba tabaco negro, sujetaba los cigarrillos con el índice y el pulgar y expelía aros de humo para deleite del resto de chavales. Influído por una gran imaginación, sus desatinos y verborrea más de una vez estuvieron a punto de pasar factura a toda la pandilla. El botarate, el parlanchín, el ocurrente, el leído, el dicharachero, el humorista..., todos esos eran los perfiles de Jessie Malone desde la niñez hasta bien entrado el instituto, y todos se fueron por la taza del water a la inesperada muerte de su padre. Aquel tierno personaje que todos reconocían voló como un cerdo cebado con dinamita. Un día marchó a la ciudad de la mano de su hermano mayor y aunque alguna vez volví a verle por el town solamente su gesto no guardaba ni el más lejano eco de mi compinche.

Pero hablábamos de Fogerty, ¿verdad? El caso es que Malone, que era más sudista que las barbas de Lee, se presentó un día con un radiocasette por el instituto haciendo gracietas como de costumbre. De las entrañas del cacharro brotaban guitarras eléctricas y una voz hippilonga que no me dejaron indiferente. Aquel tipo que daba vueltas en la cinta era John Fogerty, me ilustró Malone. Sonaba 'Big Train To Memphis', eso lo supe más tarde. Yo no tardé más de dos segundos en subirme al expreso y secundar a mi amigo en su ronda por el centro. Creo recordar que el convoy a Memphis descarriló un día de tanto dar vueltas en el reproductor de mi casa. Hablando de trenes, ¿no oyen acercarse el 'Especial de Medianoche'?




21 octubre 2012

La Guerra de FRISCO


Casi todo el mundo sabe algo acerca de Wyatt Earp y del famoso duelo en el OK Corral. El cine se ha encargado de magnificar el suceso y sus autores al reproducirlo en decenas de ocasiones. Sin embargo, la gran mayoría de los que se sienten impresionados por el episodio desconoce que fue un joven hispano quien protagonizó el que probablemente sea el tiroteo más desigual y violento en la historia del Lejano OesteExtraño, teniendo en cuenta que en el tiroteo de Tombstone se enfrentaron cuatro hombres contra cinco, además de forma no muy atinada, solventándose con menos de una docena de disparos y en apenas treinta segundos...; mientras que la "Guerra de Frisco" enfrentó a una sola persona contra algo más de ochenta antagonistas armados, intercambiándose miles de disparos !en un enfrentamiento que duró más de treinta y seis horas!. 

Con un dramático despliegue de habilidad, coraje y suerte, un hispano llamado Elfego Baca fue duramente hostigado en una batalla singular que ha servido durante largo tiempo como símbolo del poder del individuo, fundamentado en la firmeza de sus convicciones. 
El incidente entraría en la historia de Nuevo México como la "Guerra de Frisco".

Escultura de bronce en honor a Elfego Baca

A finales del siglo XIX el Suroeste y Nuevo México eran todavía un territorio indómito, una región agreste, remota y poco poblada, pendiente del avance de la civilización que inexorablemente iba consumiendo la gran frontera americana. Pocos elementos más devastadores que el poder transformador de la minería y la idea de un rápido enrriquecimiento en la mente de los hombres. La misma energía dinamizadora que en breve plazo convertía miserables poblachos en animosas ciudades y poderoso foco de atracción para toda suerte de vagabundos, negociantes, oportunistas y desperados. Ante tamaña ralea los conflictos no tardaban por desafiar a la Ley y al orden. Con una administración federal débilmente implantada (en la mayoría de los casos forzada a negociar cada uno de sus pasos), el mandato de la justicia resultaba entonces tan consistente y firme, como determinado, fuerte o astuto el hombre encargado en hacerlo cumplir.  

Por 1884 el apache Gerónimo tardaría aún otros dos años en ser capturado y Billy 'the Kid' había sido asesinado tan sólo tres años antes. El Far West era una realidad bastante próxima y peligrosa para muchos honrados ciudadanos y pioneros del Suroeste. Con frecuencia, en el equipaje de muchos de aquellos desplazados que vagaban por el territorio escaseaban la urbanidad y el respeto por la propiedad privada. Como una jauría de alimañas podían entrar en un poblado, beber a placer en la taberna, acosar a la gente del lugar y andar luego disparando por las calles contra cualquier cosa que llamase su atención, tan sólo por simple divertimento. Y podían largarse tan alegremente, sin rendir cuenta a nadie de sus actos y desmanes. No había más ley que su antojo ni más norma que la violencia.

Así resultó en la pequeña pedanía de Frisco, en el antiguo condado de Socorro, Nuevo Méxicoen el suroeste montañoso del estado, cerca de la actual ciudad de Reserva, en el hoy condado de Catron, a casi un centenar de kilómetros al norte de Silver City. Un autoproclamado ayudante del sheriff de nombre Elfego Baca no iba a consentirlo.

UN TIPO CON AGALLAS
Elfego creció siendo un hueso duro de roer desde su alumbramiento en las soledades de Socorro, Territorio de Nuevo México, en febrero de 1864. La leyenda local dice que fue secuestrado por indios renegados a la edad de un año ...!y devuelto tan solo cuatro días después a sus padres sin el menor rasguño!. Muchos supieron desde entonces que no valía la pena meterse en problemas con Elfego Baca

Tras una estancia en Topeka, Kansas, donde murió su madre, los Baca regresaron a Nuevo Méjico y se establecieron en Belén, una turbulenta ciudad treinta millas al sur de Albuquerque, donde el padre tomó juramento como sheriff

Una denuncia tras haber disparado a dos vaqueros rebeldes, llevó al sheriff Baca a la cárcel de Las Lunas. Se trataba de un edificio de adobe de reciente construcción, con una sala de audiencia y oficinas en la planta superior y las celdas debajo. La noche que el pueblo festejaba con bullicio a Santa Teresa, el joven Elfego se ocultó cerca del presidio y desde la oscuridad observó las evoluciones del carcelero. Su oportunidad llegó a la sorpresiva marcha de éste hacia el fulgor de la fiesta, confiado en salvar otra noche aburrida en su oficio. A continuación, Elfego logró hacerse con una escalera para la limpieza de las ventanas que encontró en la parte trasera del Palacio de Justicia, subió al piso superior y se aplicó en serrar el techo de la celda, consiguiendo liberar a su padre. Luego, ambos se escondieron tras algunas malezas !a escasos metros de la prisión!. Lo suficiente para cenar y observar cómo se daba la alarma al amanecer. Durante el transcurso del día fueron espectadores privilegiados del baile de la confusión de alguaciles y patrullas, persiguiendo al fugitivo por todo el condado !sin sospechar que estaba a menos de cien metros de distancia!. Al anochecer, cuando el tumulto se hubo calmado, la familia se trasladó hasta Albuquerque donde el señor Baca consiguió caballos de unos amigos y marchó para una estancia de siete años en Isleta, México, cerca de El Paso. 

Estas peripecias son bien elocuentes del genio y compostura de Elfego Baca. Tanto, como que en 1884 Baca robó algunas armas de fuego, compró por correo una insignia de sheriff y se autofacultó como ayudante del sheriff en el condado de Socorro. Siguiendo el ejemplo de su padre, asumió que su vocación era la de oficial de paz. Quería que, "los bandidos escuchen mis pasos a una cuadra de distancia", según dijo. Así lo afirma la leyenda, aunque la realidad le va a la zaga.  

Su nombramiento oficial llegaría de la mano de Pedro Sarracino, sheriff en Dallas, quien llegó a Socorro para reclutar ayudantes y visitar a un primo suyo para el que Elfego trabajaba de peón. Un apesadumbrado sheriff contó allí en que dificultades se veía para mantener la Ley en la región. Baca afirma en sus memorias haber censurado a Sarracino por su indolencia, que supuestamente le respondió: "!el trabajo está a disposición de quién lo quiera!", antes de retirarse al consuelo del bar más cercano. El impulsivo joven no necesitó contrapartidas para convertirse en oficial adjunto. Bien cierto es que Elfego Baca puso más agallas que cuidado al abordar una situación de la que sabía muy poco, por mucho que ahora portase una Colt 45 al cinto y una estrella de chapa al pecho. Tenía tan solo 19 años. 

La zona de Socorro vivía momentos de inusual conmoción. En particular, se había convertido en el escenario para las últimas escaramuzas de las guerras indias, asistía al creciente trasiego de mineros y tramperos explorando aquí y allá los afluentes del río Gila, y los rebaños de reses comenzaban a horadar los caminos con su lento y concienzudo discurrir.  Mientras, varios cientos de familias hispanas se afanaban como antaño en la agricultura por las vegas ribereñas y asistían intranquilos al creciente tránsito de forasteros. Fueron estos hispanos los que en la década de 1860 establecieron una serie de poblados a lo largo del río, nombrados como San Francisco, Bajo, Medio y Alto.  

Al poco del trasiego de nuevos colonos anglosajones las aldeas del Medio y Bajo San Francisco pudieron jactarse de contar con una docena de bares y burdeles, y con una creciente clientela debido a la constante afluencia de ganaderos de Texas y Oklahoma. En el otrora pacífico valle se instalaron entonces la tensión y el conflicto, con continuos altercados y disputas entre los conductores de ganado y la comunidad hispana, añadidas a la amenaza latente de las incursiones apaches desde el sur. La fuerte inmigración afectó hasta la nomenclatura de la zona. El pueblo de San Francisco Alto pasó a llamarse el Sitio de Milligan, por Bill Milligan, un irlandés veterano del ejército que regentaba un salón y una tienda de abastos. Y fue allí donde empezaron los problemas.

EL BAUTISMO DE FUEGO
En la noche del 29 de Octubre de 1884, dentro del bar de Milligan en la plaza del Alto San Francisco, seis o siete cowboys pendencieros atacaron brutalmente a un hispano jorobado apodado 'El Burro'. Al parecer no les agradaba su apariencia. Le agarraron y tumbaron sobre una mesa del salón y no dudaron en sentársele en piernas, brazos y pecho, resueltos a enderezar su maltrecho cuerpo. Uno de los presentes, Epitacio Martínez, que intercedió por 'El Burro', fue premiado con el puesto de diana, atado a una columna del local y utilizado para prácticas de tiro por un vaquero borracho llamado Charlie McCarthy

Aquel sainete estaba llegando demasiado lejos. El propio Milligan corrió a pedir el auxilio de Baca para detener la bronca. El hispano se presentó raudo ante McCarty y sus acólitos, mostró su identificación de alguacil, requisó las armas y le detuvo en nombre de la Ley. La fiesta le costó a Martínez aguantar cuatro disparos, aunque ninguno fatal y sobrevivió al incidente.

El primer prisionero de Elfego Baca provenía de una cuadrilla notoriamente escandalosa del rancho de John B. Slaughter, quienes no recibieron con agrado la noticia que uno de los suyos había sido arrestado por un niñato envalentonado tras una placa de sheriff. Temiendo una respuesta de mayor proporción al daño ocasionado por el borracho, Bill Milligan se echó atrás negándose a presentar cargos contra Charlie, pero Elfego estaba pletórico de su hazaña, le mantuvo detenido y, desconfiando de la integridad del magistrado local, resolvió llevar al preso hasta Socorro. Así que trasladó a McCarty hasta una casa que el sheriff Pedro Sarracino tenía en la aldea de Frisco Medio, donde pensó que le sería más fácil mantener la posesión del prisionero.

Como se esperaba los amigos de McCarthy no tardaron en aparecer por el poblado. Alrededor de una docena de vaqueros se congregaron portando sus rifles Winchester ante la fachada de la casa de adobe convertida en calabozo por Baca. Les encabezaba un joven capataz de Slaughter llamado Parham que de inmediato exigió la liberación de su colega ...algo que Elfego Baca no estaba dispuesto a hacer por las buenas. Convencidos tras alguna demora, procedieron a derribar la puerta y ventanas a golpes. Baca respondió desde el otro lado amenazando con disparar si no estaban "fuera de allí a la cuenta de tres". La leyenda cuenta que los cowboys se tomaron a broma el aviso e hicieron burla del muchacho por no creerle capaz de saber contar, pero sus risas fueron abortadas y su respiración contenida cuando escucharon a Baca decir en voz alta desde dentro del caserío: "¡Uno, dos, tres!". Con prisa por escapar de esta lección de aritmética rápida, los vaqueros corrieron a ponerse a cubierto y dispararon hacia la casa. Espantado por el estruendo de la balasera el caballo de Parham se levantó de manos y perdió el equilibrio yendo a caer desafortunadamente encima de su jinete, ocasionándole heridas que resultaron mortales.

A la mañana siguiente dos vaqueros reaparecieron ante la casa de Sarracino y ofrecieron a Baca llevar al prisionero al calabozo de Frisco y un acuerdo firmado como que nadie iba a molestarle si permitía que su preso fuese "juzgado" a la mañana siguiente en el bar de Milligan. A regañadientes Elfego aceptó. 

En el simulacro de juicio McCarty fue multado con cinco dólares y puesto en libertad, pero no tardó un instante en lamentar no tener a mano su revólver para escarmentar a Baca, amenazas que el resto de sus compañeros presentes apoyaron encendidamente. Viendo el percal Elfego empezó a retroceder prudentemente hacia la puerta lateral, abandonó el edificio lo más rápidamente que pudieron sus botas y fue a encontrar refugio en el cercano jacal de Jerónimo Armijo, de donde expulsó a sus ocupantes, hizo acopio de munición y se dispuso a esperar acontecimientos. 


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