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25 julio 2015

Le llamaron TRINIDAD


La Frontera, ese fabuloso territorio entre mundos opuestos, guarda en su historial hitos que cambiaron nuestro mundo, más allá de fantasías de la historia o idealizadas ficciones. En un inhóspito paraje de La Jornada del Muerto, en Nuevo Méxicoun amanecer de mediados de julio la Humanidad invocaba a todas las fuerzas del Infierno y abría la caja de Pandora nuclear.

El territorio que antaño fuese avanzadilla de la civilización en Norteamérica inauguraba en sus entrañas el nacimiento de un nuevo tiempo, la Era Atómica, hace ahora 70 años. Sobre las fechas de tan explosivo aniversario damos una vuelta por Trinity y su historia, un lugar tan desolador como aquella primera amanita nuclear.





En la noche del 16 de julio de 1945, el presidente Harry S. Truman se encontraba presente en la Conferencia de Potsdam en Berlín, cuando recibió un mensaje desde casa: "Operado esta mañana", decía. "El diagnóstico no es completo, pero los resultados parecen satisfactorios y ya superan las expectativas."

La operación a la que se refería el mensaje no era otra que Trinity, la prueba de una nueva arma apodada como "el Gadget." De madrugada, un grupo de unos 250 científicos y oficiales militares había concurrido a tres bunkers en el desierto de Nuevo México y contemplado como una atronadora explosión de 19 kilotones de energía rompía el silencio y su destello brillante iluminaba el cielo. Acababan de presenciar la primera detonación de un arma nuclear. 

Unas semanas después, bajo el pretexto de provocar un rápido fin a la guerra en el Pacífico, aquel arma terrible sería arrojada de manera inmisericorde sobre la población del Imperio del Japón, consiguiendo su rendición. El mundo ya no sería el mismo. 

El Proyecto Manhattan
La historia del lugar de Trinity comienza con la formación del Proyecto Manhattan en junio de 1942, con la responsabilidad general para el diseño y construcción de una bomba atómica. Inicialmente se trataba de ganar la carrera hacia el arma atómica a la Alemania nazi que, de acuerdo con informes de inteligencia, estaba construyendo su propia bomba nuclear.

En el marco del Proyecto Manhattan se construyeron tres grandes instalaciones destinadas a obtener el uranio, el plutonio y diseñar el artefacto, respectivamente. Para esta última tarea fue designado un emplazamiento en Los Alamos, en el norte de Nuevo México, donde muchas de las más grandes mentes científicas de la época trabajaron sobre la construcción real de la bomba, dirigidas por J. Robert Oppenheimer. Por otro lado, la dirección militar del proyecto fue encomendada al General Leslie Groves.

Oppenheimer es una de las personalidades más interesantes y contradictorias del siglo XX, impulsor de la elaboración de un arma nuclear para el final de la guerra y a la vez reo de conciencia de un mecanismo de destrucción que se habría hecho realidad inexorablemente, aún sin su participación. 

Los científicos de Los Alamos idearon dos diseños para la bomba atómica, uno usando el uranio 235 y otro utilizando plutonio. La bomba de uranio era un diseño sencillo y no había duda por parte de los científicos de que iba a funcionar sin necesidad de prueba alguna, pero la bomba de plutonio era más compleja debido a la dificultad para sostener la reacción en cadena generada por su compresión. 

A partir de este inconveniente, los líderes del proyecto decidieron que era esencial ejecutar una prueba de la bomba de plutonio antes de poder ser utilizada como arma de guerra. De una lista de ocho lugares en California, Texas, Nuevo México y Colorado, un punto en el desierto de La Jornada del Muerto fue elegido como el más idóneo para la prueba. La zona formaba parte de las instalaciones de la base aérea para bombarderos de White Sands desde 1942, era lo suficientemente remota y aislada para garantizar la seguridad y el secreto, y se encontraba próxima a Los Alamos. Consciente de sus repercusiones, Oppenheimer bautizó el evento con un nombre de marcado carácter místico y religioso: Trinity.


'El Gadget'
Si el lugar exacto para la explosión en La Jornada del Muerto fue denominado Trinity, la bomba en sí recibió el apelativo de El Gadget, una bomba de plutonio destinada a ser la culminación de seis años de investigación y desarrollo del Proyecto Manhattan

Desde la primavera de 1944 los preparativos para el evento de Trinity se intensificaron en el área secreta de Los Alamos, Nuevo México. El 12 de julio los dos hemisferios del plutonio fueron llevados hacia una casa cercana al Sitio, la casa del rancho de George McDonald, a sólo dos millas de la zona cero. El dormitorio principal fue despejado como una sala para el ensamblaje de la bomba, y el equipo de montaje fue dotado de varios kits de herramientas especiales. La idea era poner a prueba todos los protocolos y herramientas en el lugar de Trinity, al mismo tiempo que la propia bomba.


El armazón del Gadget fue izado en lo alto de una torre de 30 metros para ser detonada y simular algo mejor la caída de una bomba desde un avión. Un minuto después de la medianoche del viernes 13 de julio, el conjunto de explosivos salió de Los Alamos para Trinity Site, y ya de mañana, comenzó el montaje del núcleo de plutonio por parte de un equipo de tres científicos y tres mecánicos en la casa del rancho. Aquella tarde del mismo día 13 el núcleo fue llevado a la zona cero para la inserción en el mecanismo de la bomba y el montaje mecánico en la torre de acero. Tras algunas dificultades, todo el aparato quedó ensamblado. El día 14 la bomba sería elevada desde la base a lo alto de la torre, lista y en espera de unas horas para su detonación. 

A pesar de todos los estudios y la preparación, nadie sabía exactamente qué se podría esperar de la explosión. Los físicos y los oficiales del ejército cruzaron apuestas entre sí sobre los resultados, que variaban desde quienes preveían que no explotaría nada en absoluto hasta quienes temieron la contaminación de la atmósfera de Nuevo México o incluso de todo el planeta.

La Prueba

El General Leslie Groves y el Dr. Robert Oppenheimer determinaron tres puntos de observación a unos 15.000 metros de la zona cero, un refugios de madera protegidos por tierra y hormigón a modo de bunkers. Muchos científicos y personal de apoyo, entre ellos el general Groves, se prepararon a contemplar la explosión desde el campamento base, situado diez millas al sudoeste de la zona cero, aunque la mayoría de las personalidades que presenciaron el evento lo hicieron desde otro bunker situado en una colina, unas 20 millas al noroeste. 

La prueba estaba prevista para las 04:00 horas a.m. del 16 de julio, pero la lluvia y los relámpagos de aquella madrugada hicieron que se pospusiese momentáneamente. A las 4:45 a.m. el parte meteorológico anunció vientos en calma y nubes dispersas para las siguientes dos horas, y el suceso continuó su curso. A las 5:10 horas comenzó la cuenta atrás y a las 05:29:45 a.m., el Gadget fue detonada. 

El hongo atómico se elevó ante el asombro de todos a más de diez kilómetros de altura. Su destello iluminó las montañas circundantes y fue percibido hasta a 150 kilómetros de distancia. Los colores de la iluminación variaron desde morado a verde, y finalmente a blanco. El estampido de la explosión tardó 40 segundos en alcanzar a los observadores. 

Después de la euforia inicial de los testigos ante la espectacular explosión, el director de pruebas Kenneth Bainbridge comentó al director de Los Alamos, Oppenheimer, "Ahora todos somos unos hijos de puta". El Dr. Oppenheimer refirió que el evento le había recordado una cita de origen hindú: "Me he convertido en muerte, el destructor de mundos", aunque ello no le privó de un desconcertante triunfalismo por su éxito científico.

En el informe oficial sobre la prueba, el general Farrell escribió: "El lugar entero fue iluminado por una luz abrasadora con la intensidad de muchas veces la luz del sol del mediodía. Era de oro, púrpura, violeta, gris y azul. Se iluminaron todas las sierras, grietas y lomas con una claridad y belleza indescriptibles, que hay que ver para ser imaginada... ". Informes de prensa citaron a un guarda forestal a unas 150 millas (240 kilómetros) al oeste del sitio, que dijo que vio "un destello de fuego seguido de una explosión y humo negro." En todo el norte de Nuevo México se percibió la iluminación de la explosión. Otros informes señalaron que las ventanas se sacudieron y el sonido se escuchó hasta a 200 millas (320 kilómetros) de distancia.

El piloto de un avión de transporte de la Marina de los EE.UU. a 10.000 pies (3.000 m), 30 millas (48 km) al este de Albuquerque, en ruta a la costa oeste comentó: "Mi primera impresión fue que repentinamente el sol estaba saliendo en el sur. !Como una gran bola de fuego!. Era tan brillante que iluminó la cabina del avión." Luego avisó por radio a Albuquerque pero no consiguió ninguna explicación más allá de la indicación de "no volar hacia el sur". 

En el cráter, la arena del desierto se derritió y se convirtió en un vidrio de color verde claro, ligeramente radiactivo, que fue nombrado trinitita. El cráter fue rellenado después de la prueba y la mayor parte de los bunkers y estructuras desmantelados.

Le Seguían Llamando TRINIDAD
El sitio de Trinity se encuentra enclavado en el desierto de la Jornada del Muerto, al oeste de las montañas de San Andrés, en el extremo norte de la base militar White Sands Missile Range, a unos 150 kilómetros al norte de Las Cruces, Nuevo México. Fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1965 y es abierto al público dos veces al año, el primer sábado de abril y el primer sábado de octubre. 

Fuera de las rutas turísticas habituales, el sitio es un reclamo para curiosos y frikis del mundo atómico. Una escena de desolación delimitada por una elipse alambrada rodeando la zona cero. El catálogo lúdico del inicio de la Era Atómica ofrece visitar una tienda de souvenirs, echar un vistazo a un bunker, buscar restos de trinitita, el mineral cristalizado por la explosión, o contemplar de cerca la carcasa de bomba "Fat Man". También se pueden admirar los escombros de la torre desde la que el Gadget fue detonado. Las fuentes describen el entorno como sobrio y escaso. 

En el centro exacto de la explosión se erigió un obelisco de 4 metros de altura enfoscado con piedra negra de lava, donde una inscripción reza asépticamente: "Trinity Site. Lugar dónde explotó el primer dispositivo nuclear del mundo en 16 de julio 1945, en White Sands Missile Range, al mando de J Frederick Thorlin, Mayor General del Ejército de EE.UU."

Menos de un mes después del evento de Trinity, una bomba atómica a base de uranio llamada "Little Boy" fue lanzada sobre Hiroshima y tres días después, otra bomba atómica a base de plutonio, "Fat Man", lanzada sobre Nagasaki, ambas en Japón. Su explosión inmediata se llevó por delante entre 40.000 y 75.000 almas y consecuencias terribles para los supervivientes. Japón se rindió una semana después, el 14 de agosto de 1945, y la Segunda Guerra Mundial concluyó. El mundo asistió con horror a cómo la radiación, la lluvia radiactiva y el cáncer continuaron cercenando vidas durante décadas. Desde aquella madrugada de mediados de julio, en Trinity vuelve a reinar el silencio.




30 noviembre 2014

Diez Españoles Claves para EE.UU.


De Halloween al Black Friday, del "truco o trato" a la Acción de Gracias, Noviembre ha pasado de lúgubre estela de difuntos a festivo infantil y estampida consumista. Aunque este sitio pueda sugerir lo contrario, da cierta grima ver como nuestra antigua tradición católica de pesar y renuncia es pisoteada por la satisfacción garantizada de golosinas, regalos y compras. !No hay color!. El signo de la globalización está claro y no hay acritud que valga, pues aún esta colonización es preferible a la opresiva tutela del santoral.
Juan Bautista de Anza

Esa constatación me ha conducido a imaginar aquel tiempo en el que Norteamérica respiraba en español y los colonizadores eran nuestros ancestros, antes de que ningún receloso puritano pisase la bahía de Jamestown. Y es por ello, no más por devolverles el favor de hacernos vivir en Yankilandia, quieras o no cada mes de Noviembre, que traigo a estas páginas siquiera el nombre y algunas notas de los más significados de aquellos españoles que dejaron huella en los Estados Unidos.

El Padre Kino


Por supuesto, fueron un sinfín los hombres y mujeres que buscaron su particular sueño americano por las soledades del subcontinente. Protagonistas o anónimos, todos forman parte de una presencia desarrollada por más de tres siglos, más tarde olvidada por propios y extraños. Un motivo más para reivindicar su legado.


1. ALVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA
El primer europeo que hizo la ruta americana. El bueno de Alvar, junto a tres compañeros de naufragio en Florida, fueron los primeros en cruzarse los States poco menos que de costa a costa ...!a patitas!. Fue el primer blanco en contemplar manadas de bisontes y tomar contacto con las tribus americanas, trabando como mercader y curandero. Padeció lo suyo andándose las inmensidades del Far West a lo largo de ocho años y de todo dejó relación en su obra "Naufragios", antes de topar de nuevo con otros españoles por Chihuahua. Su peripecia le abrió camino a nuevos cargos y expediciones en Suramérica, de las que saldría malparado por su defensa de las Leyes de Indias. Acabó en España, como corresponde a los idealistas: enterrado en pleitos y sin un ducado.

2. HERNANDO DE SOTO
La aventura de Hernando de Soto ya ha sido rememorada en estas páginas algún tiempo atrás. El descubridor del Mississippi encabezó una gran expedición malograda por los ataques indígenas, las enfermedades y el bayou. El sur profundo fue su trampa y el Gran Río su tumba. Se cuenta en la entrada titulada: DE SOTO en el País de DIXIE


3. FRANCISCO VÁZQUEZ DE CORONADO
Descubridor por delegación del Gran Cañón y explorador de las Grandes Praderas. Coronado alternó con indios pueblo, apaches y cheyennes, en su infructuosa búsqueda de las Siete Ciudades de Cíbola y el oro que supuestamente atesoraban. Ni una cosa ni la otra, sólo hierba, bisontes y tribus paupérrimas. Coronado tuvo que desistir de una expedición en la que había hipotecado su hacienda y la de 300 familias, para volver sobre sus pasos. Su aventura llegó hasta Kansas, en lo profundo de la América salvaje de aquellos días.

4. EL PADRE KINO
Eusebio Francisco Kino no era español sino italiano, pero tanto monta. Explorador, geógrafo y misionero jesuita, fue un hombre dotado con un espíritu infatigable y gran inteligencia. En su tiempo la fe movía montañas y la suya, junto a sus reconocidos buenos oficios, consiguió mover al cristianismo a los indios del Nuevo México. Estableció 20 misiones entre Sonora y Arizona y puso la primera piedra para la Historia moderna del Suroeste. La figura del "Padre a Caballo" es venerada a ambos lados de la Frontera


5.  FRAY JUNÍPERO SERRA
El Padre Serra llevó la luz de la civilización a California al tiempo que se dejó la piel en defensa de sus indígenas, su asistencia y desarrollo dentro de la nueva sociedad colonial. El franciscano mallorquín es la segunda personalidad más relevante de la presencia española en Estados Unidos y el único español de nacimiento que tiene estatua en el Capitolio. Misionero y colonizador, fundó nueve misiones a lo largo del Camino Real en colaboración directa con algunas de las siguientes personalidades de esta lista. 


 6.  JUAN BAUTISTA DE ANZA
Las aventuras y batallas del heróe novomexicano descendiente de guipuzcoanos, Juan Bautista de Anza, aguardan un homenaje imposible para un país anmésico y atormentado. Como explorador y colonizador llegó a la bahía de San Francisco y pobló California con 240 colonos a los que condujo en un viaje épico a través de montañas y desiertos, desde el sur de Arizona. Como Gobernador pacificó Nuevo México venciendo a los comanches y ganándolos para el comercio. Con Anza el western hispano fue una realidad 100 años antes.


10 diciembre 2013

Parada en TASCOSA



La primera vez que supe de Tascosa fue acompañando al intrépido Jimmy Steward tras la pista de un arma excepcional, un Winchester del 73. Tras derramar algo de whisky en el salón y asistir al asalto del banco local, fuí testigo de un singular duelo con las balas revotando endiabladas entre las paredes de un promontorio rocoso. James terminó por ajustar las cuentas con su pasado, retomó la posesión del magnífico rifle y Tascosa quedó grabada indeleblemente en el recuerdo.


Algún tiempo más tarde, la misma pulsión fronteriza que alimenta estas páginas me llevó a reparar en Tascosa, al momento de sobrevolar sobre un mapa los páramos del norte de Texas y el Llano Estacado. Allí esperaba Tascosa, la Atascosa hispana, clamando por un lugar en el presente antes de que la última piedra de su pasado fuese engullida por el polvo de la ignorancia. !Desmontemos!.




ATASCOSA
Situada al noroeste de Texas, en el Condado de Oldham, en la orilla norte sobre un vado del río Canadian, la vieja Atascosa cuenta con una historia tan interesante y variada como los hombres y mujeres que la poblaron. Su nombre se debe al barroso atascadero que encontraron sus fundadores en 1876, algunos pastores hispanos provenientes de Nuevo México encabezados por Casimiro Romero. Allí encontraron pastos y agua para sus rebaños de ovejas y caballerías, y edificaron cabañas de adobe y acequias por los arroyos de la zona. El asentamiento distaba 135 kilómetros al oeste de la ciudad más próxima, Mobeetie, Texas, y 300 kilómetros al noroeste de la demarcación de asentamientos establecida en 1875. Sin embargo, la ruta del ganado a través del prisma territorial del norte de Texas (el llamado Panhandle) hasta Dodge City, encontró en el paso de Tascosa el lugar adecuado para vadear el río Canadian por ganados y mercancías, y el aval de su posterior pujanza. 

Henry Kimball fue el primer colono anglo en Tascosa que instaló su taller de herrería en 1876, al que siguieron poco después una tienda y un salón. Las grandes haciendas ganaderas también se expandieron por la región y el poblado se convirtió en el punto de suministro para los importantes ranchos LIT, LX, LS y XIT. Para abastecer a ranchos y cowboys se fueron incorporando sucesivamente nuevos negocios a lo largo de las dos manzanas de la calle principal que corría de este a oeste. Tras asignársele una oficina de correos en 1878, la pequeña ciudad creció como un floreciente centro comercial, via pecuaria y punto de servicio postal con Dodge City. En 1880, con la implantación del Condado de Oldham, Tascosa se convirtió en su capital y se edificó en piedra una Corte de Justicia de dos pisos, con la ciudad transformada en un hervidero de negocios y colonos estableciéndose en ella. Tascosa pasó a ser la "capital cowboy del Panhandle", la primera ciudad del saliente norteño tejano, única fuente de abastecimiento para cazadores de búfalos y conductores de ganado en doscientos kilómetros a la redonda. 

El Saloon de Tascosa en torno a 1900, la foto más reproducida de la ciudad.

De la Sartén a las Brasas
Como capital vaquera de la franja norte del Estado (el mango de la sartén o Panhandle) Tascosa tuvo un sinfín de incidentes resueltos con el desempeño de las armas rápidas. Caleb Berg Willingham fue el primer sheriff del condado, quién disparó al hombre que ocupó la primera tumba en el cementerio de la colina. Forajidos y buscavidas como Henry McCarty (Billy the Kid) o Dave Rudabaugh, se hicieron habituales por sus calles y salones. A propósito de Billy el Niño, se menciona que en cierta ocasión se presentó en Tascosa con 150 caballos robados y permaneció unas semanas alojado a todo confort en la ciudad. Lo mismo ocurrió con agentes de la Ley y cazarrecompensas, como Pat Garrett o Charles Siringo entre otros, contratados para meter en cintura a bandidos y vaqueros. En resumen, trifulcas y tiroteos hicieron de Tascosa el epicentro salvaje de las llanuras del Lejano Oeste, en la línea de Dodge City, insuflados por un poder económico campando por sus respetos.

Los conflictos desarrollados en los grandes ranchos tuvieron su punto álgido en 1883, cuando Tascosa se convirtió en el escenario de una fustrada huelga de cowboys en demanda de salarios más altos. La huelga derivó en balasera, con algunos de los participantes enterrados en el Boot Hill Cemetery, llamado así porque muchos de los allí enterrados murieron con las botas puestas. Al menos hubo 10 tiroteos fatales en Tascosa durante su apogeo en la década de 1880, incluyendo "The Big Fight", una batalla campal a tiro limpio en la noche del sábado 21 de marzo de 1886. Tres vaqueros del rancho LS fueron asesinados junto con un transeúnte. Las lápidas de los hombres del LS Ranch aún pueden verse justo a la entrada del cementerio.


El LS Ranch erigió tres lápidas idénticas a sus vaqueros asesinados, alineadas frente a la entrada del Boot Hill Cemetery. En el centro, un hito del Estado rodeado de cruces blancas recuerda la turbia historia del cementerio.

En el verano de 1886 Charles Francis Rudolph comenzó a editar un periódico semanal, el Tascosa Pioneer, que un año más tarde daría la mayor noticia de su historia con la implantación de dieciséis millas de vía ferroviaria a través del noreste del condado. Muchos de los negocios locales se trasladaron entonces a dos kilómetros de Tascosa para abastecer la demanda del ferrocarril, al tiempo que su posición comenzaba a ser irrelevante para la industria de la carne. En 1890 la población combinada de los dos asentamientos era de 350 habitantes y según se fueron estableciendo nuevas ciudades en el Panhandle, fue disminuyendo paulatinamente. 

Las Vidas de TASCOSA
La puntilla que determinó su futuro fue un temporal de fuertes lluvias que desbordó el río Canadian en 1893, llevándose por delante el puente y destruyendo 17 edificios cuyos techos cedieron. Desde entonces, la vieja Tascosa cayó en un permanente declive hasta que, con tan solo quince habitantes, la sede del condado fue removida hacia la nueva ciudad de Vega en 1915. 


La Escuela Pública y al fondo la Corte de Justicia en 1900.
Inundaciones y tormentas de viento fueron derrullendo sus casas de adobe y arrastrado la tierra por las calles antes transitadas. La penosa dispersión de sus escombros fue todo lo que quedó de una ciudad que pocos años antes había sido la próspera capital del PanhandleBajo la sombría presencia de una arboleda de álamos gigantes flanqueando el destartalado Palacio de Justicia, Tascosa quedó para los coyotes, las serpientes de cascabel y los vientos susurrantes de las llanuras. Sólo uno de sus habitantes se mantuvo fiel ante la ruína del poblado, una mujer que es parte de su leyenda misma. Se llamaba Frenchy McCormick.

De ella únicamente se sabe que había sido chica de salón en su juventud. Únicamente su marido Mickey McCormick, primer dueño del salón de la ciudad, pudo conocer su verdadera identidad y los secretos de su pasado. A su muerte en 1912, cuando Mickey fue enterrado en el Cementerio Romero de Tascosa, Frenchy se determinó a no abandonar jamás la tumba de su marido y su hogar, convertido ya en pueblo fantasma. Allí resistió imperturbable y en soledad durante 27 largos años, hasta enero de 1939, cuando por problemas de salud hubo de mudarse hasta Channing, Texas, para regresar a recibir sepultura dos años después. El último residente de Tascosa, testigo de su ascenso y caída, descansa para siempre junto a su amado "Mack".


Este hito recuerda la historia de la vieja ciudad.
Poco después de marcharse Frenchy McCormick, en junio de 1939, un filántropo llamado Cal Farley estableció en 120 hectáreas del antiguo poblado de Tascosa el Boys Ranch, ofreciendo acogida y formación para chicos desfavorecidos. En la década de 1980 la Corte de Justicia fue destinada a museo y la escuela original de Tascosa reconstruída para ser utilizada por la institución benéfica, mientras el Cementerio de Boot Hill quedaba como un recordatorio de los días salvajes del Far West. Constante desde sus modestos inicios, el Boys Ranch ha conseguido devolver la vida al antiguo poblado que ahora cuenta con un complejo de edificios modernos y una población superior a la de su apogeo en los días de la Frontera

Una suerte que no ha tenido su ubicación más reciente, la Tascosa junto al ferrocarril. Si en 1947 contaba con dos tiendas y una población de cincuenta almas, al cumplir el siglo de existencia la nueva Tascosa había pasado de gris apeadero para el suministro local a vía muerta y muelle de carga polvoriento. Un próspero y violento oasis en las llanuras vencido por el ferrocarril y el progreso para luego morir lentamente.


Esta es la historia de un lugar del noroeste de Texas, tan fugaz, cambiante y desolado. Ahora, para todos cuantos llegaron a estas líneas, Tascosa ya no será sólo el marco resolutivo de las andanzas de James Steward en "Winchester 73", sino el encuentro con una azarosa ciudad en las soledades del Llano Estacado. La vieja Atascosa ha sido desempolvada para la memoria, que el tiempo la guarde junto a los personajes que la habitaron, de entre los fantasmales poblados de la Frontera.


25 agosto 2013

DE SOTO en el País de Dixie



A sus 37 años Hernando de Soto lo tenía todo para observar la vida desde una cómoda posición otorgada por aventuras y conquistas. Tras su paso por Las Indias, había vuelto a España dueño de una considerable fortuna, acababa de tomar por esposa a una bella dama de la nobleza y su fama, carisma y bonomía le abrían las puertas de palacios y voluntades. Y sin embargo, apenas a un año de su regreso, el ansia de nuevas expediciones comenzó a persuadirle.

Muchos habrá que estimen por loca su codicia, como la Leyenda Negra se encargó por siglos de emponzoñar el discurso de la Historia, pero es más probable que la emoción de renovadas aventuras, peligros y tesoros, calase hondo en el ánimo del extremeño, a las noticias de un nuevo territorio por descubrir: La Florida.

DE OFICIO DESCUBRIDOR
Con 16 años había partido a las Indias participando activamente en la conquista y exploración de Panamá, Nicaragua y Honduras. En 1532 se unió a la expedición de Francisco Pizarro, desde Panamá a la conquista del fabuloso Imperio de los Incas del Perú, ganándose con su valor el aprecio y la confianza de Pizarro. Para él, descubrirá la ruta hacia Cuzco que hará posible su posterior asalto y toma, tras la cual regresa a España para desposar a la hija de su mentor en las Américas, el conquistador Pedrarias Dávila.


El joven Hernando no se deleitó demasiado en saborear las mieles del éxito. Los relatos de Cabeza de Vaca al respecto de una región llamada Florida, supuestamente tan rica como el Perú, intrigaron y empujaron a Hernando de Soto a reanudar su aventura americana. Vendió sus propiedades, obtuvo del Emperador Carlos I el título de Adelantado de la Florida y preparó una expedición para colonizar aquel desconocido territorio. 


Se estima que en torno a unas 1000 personas, entre soldados y marineros, ingenieros, herreros, artesanos, colonos y religiosos, compusieron la expedición, respaldada por nueve navíos y una veintena de botes que se les unieron desde Vera Cruz. En ellas embarcaron junto a 300 caballos y varias toneladas de pertrechos con lo necesario para levantar una colonia: herramientas, lonas, armas, cañones, alimentos y animales domésticos como aves, cerdos y perros. Sus ilusiones iban por delante.

RUMBO A LA AVENTURA

Partiendo desde La Habana la expedición arribó a la costa occidental de la Florida a finales de mayo de 1539, en un lugar al sur de la actual Tampa que fue nombrado como Espíritu Santo. Allí se iniciaría la exploración de Florida y de gran parte de los Estados Unidos meridionales. Para su desgracia, en vez de oro o tierras prósperas, toparon con un país innacesible, demasiado cálido y húmedo, circundado de umbrosos manglares, pantanos y marismas. La hostilidad de los indígenas se sumó al castigo contumaz de los mosquitos o la amenaza de serpientes y caimanes. 



Nada de esto detuvo al Adelantado. Al cabo de algún tiempo, Hernando de Soto había ya perdido muchos hombres haciendo frente a los indígenas. Atravesó la península de Florida desde el suroeste hasta el Apalache, al noroeste, una región considerada como fértil y con buenas condiciones para la construcción de un puerto. Tras múltiples refriegas, alcanzó al fin esta región y prosiguió su avance por el país, atravesando las regiones y poblaciones indígenas situadas al norte de la actual Georgia, con escaso éxito. Había planeado reunirse con uno de sus capitanes enviado a por refuerzos, de nuevo en la costa occidental, pero en la región de Tuscalosa (Alabama) fue atacado por una multitud de indios en una espantosa batalla que se prolongaría por nueve horas y sería finalmente ganada por los españoles. Setenta españoles fueron muertos en el combate, numerosos hombre y oficiales resultaron heridos, como el propio De Soto


El grueso de la expedición y las tropas estaban extenuadas. Los españoles estaban decepcionados por no haber encontrado riqueza alguna en el camino y comenzaron las disensiones, planteando la idea de alcanzar la costa, encontrarse con los barcos y abandonar la aventura. Buen conocedor de cuanto se jugaba, Hernando de Soto optó por conducir a los hombres hacia el interior y al oeste del territorio, en la esperanza de alcanzar la Nueva España (México), al tiempo que conjuraba la amenaza de que una rebelión aguardándole al llegar a la costa terminase con la aventura. Ganaba tiempo, pero imposibilitaba
 la oportunidad de un encuentro con los refuerzos enviados en su auxilio.

UN LUGAR EN EL RÍO
Internándose a través de las regiones del Golfo de México, el Adelantado topó con el Mississippi al norte del actual estado del mismo nombre. En la precariedad de la expedición, la gran arteria de Norteamérica no fue vista más que como otro obstáculo que entorpecía su avance. De Soto lo cruzó para llegar al noroeste de Arkansas en 1541, donde pasó el invierno, cerca de Washita. En primavera retornó hasta el río, donde el Adelantado caería enfermo de unas fiebres el 20 de junio de 1542. Preparándose a morir, designó a Luis Moscoso de Alvarado para asumir el mando en su lugar. Cinco días más tarde, Hernando de Soto murió sin haber podido alcanzar Nueva España ni mucho menos dar feliz término a la gran expedición, que afrontaba ahora el inconveniente de evidenciar su pérdida ante los indígenas. 

Fue entonces cuando sus hombres resolvieron darle sepultura sumergiendo su cuerpo en el Mississippi, con el fin de que los indios, creyéndole inmortal, ignorasen su muerte y no profanasen sus restos. Envuelto en un sudario de mantas con su pesada armadura, lastrado además con piedras y cargas de arena, el cadáver del Adelantado fue depositado al lecho del Mississippi furtivamente en mitad de la noche. Contaba 42 años. Tras el descubrimiento de la corriente, su fama quedaría para siempre unida al gran río de Norteamérica como honorable y proceloso sepulcro.

Dirigida por Moscoso, la diezmada expedición persistió en alcanzar Nueva España. Se internó en Texas, infructuosamente, y hubo de volver sobre sus pasos hacia el este, tomar el curso del río hacia la costa y descender hasta Pánuco en México. Se cree que fueron los primeros europeos en pasar por donde hoy se asienta Nueva Orleans. Solo unas decenas sobrevivieron. 



Si el balance humano de la misma fue desastroso, la expedición de Hernando de Soto sería la primera gran exploración emprendida en el sureste de Norteamérica, a través de seis de sus actuales estados (Carolina del sur, Florida, Georgia, Alabama, Mississippi y Arkansas, el posteriormente mítico País de Dixie). Recorrió más territorio norteamericano que cualquier otra de la época, y fue la primera en dejar constancia de las numerosas tribus indias descubiertas en su recorrido (Cherokees, Seminolas, Creeks, Apalaches, Choctaws, etc), además de aportar la única referencia histórica de la desaparecida civilización Mississippian.




Pero eso no fue todo. Siglos más tarde, por una pirueta del destino, la figura del descubridor extremeño sería rescatada para designar a un prodigio de la técnica, ya entrado el siglo XX: los fabulosos automóviles DeSoto, del genio de la automoción y los negocios Walter P. Chrysler. Su historia le espera en LA MARCA DEL CONQUISTADOR. Súbase a la leyenda de De Soto.



17 junio 2013

Lágrimas y Rosas Cherokees

Dice un viejo proverbio Cherokee: "El mundo está lleno de historias que de cuando en cuando merecen ser contadas." La Leyenda de la Rosa Cherokee, corolando el drama del pueblo nativo americano a través de la amarga ruta conocida como el Sendero de las Lágrimas, no les dejará indiferentes.




UNA NACIÓN AMERICANA
Cherokee deriva de la palabra Choctaw 'Tsa La Gi' que significa "pueblo de la tierra de las cuevas". Ellos se llamaban a sí mismos 'Ani-Yunwiya', 'los seres humanos'. Historicamente, los Cherokees eran de etnia iroquesa y habían ocupado los territorios el sureste de los Estados Unidos, en las dos Carolinas, Georgia, Alabama y Tennessee.

Según llegaban los colonos europeos, los Cherokees comerciaron y se mezclaron con ellos. Adoptaron algunas costumbres europeas y gradualmente fueron cambiando su modo de vida por una economía agrícola, mientras comenzaban a ser presionados para abandonar sus poblados tradicionales. Durante la Guerra de Independencia (1776-1783), lucharon en el bando de los ingleses, pensando que de obtener la victoria, recuperarían las tierras que ya les habían arrebatado los colonos. Pero no fue así. Al finalizar la contienda cada estado americano asumió prerrogativas para ocuparse a su manera del tema indio.

Para 1819 alrededor de un 90 por ciento de la propiedad de sus tierras había sido cedida a colonos blancos. Socialmente los nativos Cherokees iban siendo asimilados con relativa facilidad y armonía; tenían un alfabeto de escritura para su idioma y su propio sistema de gobierno formal al estilo federal con una constitución escrita. Pero aún había quien pensaba que poseían demasiadas tierras, que éstas debían permanecer a los colonos y que los Cherokees jamás podrían pertenecer a la Unión. Entre ellos destacaba Andrew Jackson, que asumiría la presidencia de los Estados Unidos en 1829. 

Todo cambiaría para los indígenas en 1830. El estado de Georgia sacó a sorteo para los blancos la propiedad de la tierra que aún restaba a los Cherokees, junto a concesiones para iniciar prospecciones auríferas. Acto seguido se les denegó la posibilidad de iniciar negocios tribales, contratos, testificar en juicio contra blancos o extraer el oro. Aparte de robarle sus tierras, se trataba de expatriarlos para que no estorbasen los intereses del gobierno, por lo que muchos optaron por emigrar a otras tierras, lejos de la presión de los blancos. 


Los Estados Unidos vieron en la generalidad de las naciones indígenas bajo su soberanía un freno a su progreso y expansión, aparte de una fuente de problemas de toda índole. El medio que eligieron para atajarlo fue la deportacion masiva de las poblaciones nativas, desde sus territorios seculares a la otra orilla del Mississippi, donde no estorbasen sus intereses ...de momento. Aquel territorio fue llamado la Frontera India Permanente.

En 1830 el congreso aprobó el Acta de Expulsión de los Indios para forzar a los Cherokees que aún quedaban en Georgia y al resto de naciones indígenas del sureste a desplazarse al oeste del Mississippi. Para fingir apariencia de legalidad, en diciembre de 1835 los Estados Unidos utilizaron a una minoría de entre 300 y 500 Cherokees para establecer un tratado en New Echota, Georgia; ninguno de ellos era representante elegido de la nación Cherokee. Mediante la firma del tratado por 20 de ellos, el pueblo Cherokee cedió todo el territorio Cherokee al este del Mississippi a los Estados Unidos. Más de 15.000 nativos Cherokees protestaron contra este tratado ilegal. Así y todo, en mayo de 1836, el Tratado de New Echota fue ratificado por el senado por sólo un voto.

UN CAMINO DE ESPINAS
Los Cherokees trataron de llevar su caso a los tribunales sin éxito. El 26 de mayo de 1838 se ordenó que todos los Cherokees debían abandonar las Smokey Mountains y marcharse a lo que más tarde sería Oklahoma. Las familias fueron separadas y los ancianos y enfermos sacados de sus hogares para abandonar definitivamente sus tierras. La gente sólo tuvo unos instantes para reunir sus pertenencias. John Burnett, uno de los soldados que formó parte de la dotación que acompañó a los Cherokees, dejó constancia de aquel viaje: "Nadie podría olvidar la tristeza y la solemnidad de aquella mañana. El Jefe Cherokee John Ross elevó una plegaria y cuando sonó la corneta y la caravana se puso en marcha, muchos niños se giraron y dijeron adiós con la mano a sus montañas, sabiendo que las abandonaban para siempre".

Mientras se procedía a su expulsión en caravanas vigiladas se les confinó en el interior de fortines empalizados, al tiempo que para protegerles de los colonos blancos que llegaban a Georgia como moscas a la miel, al saqueo de todo cuanto los Cherokees se habían visto obligados a dejar atrás: tierras, casas, ganados, enseres... 

25 mayo 2013

La Marca del Conquistador


Mientras Hernando de Soto se abría paso por las tierras de la Florida y el Sur de los actuales Estados Unidos, estaba muy lejos de imaginar que algún día su nombre sería asimilado a una maravilla del diseño y la mecánica, gracias a un genio de la industria y los negocios. El viejo Mississippi sería su tumba, la maltrecha expedición quedaría para la Historia, pero su nombre y efigie recorrerían las Américas de parte a parte, allá donde el Adelantado no pudo blandir sus blasones. 


CHRYSLER, descubridor de mercados 
Tal vez tan aventurero y osado como Hernando de Soto, Walter Percy Chrysler se propuso acaparar nuevos nichos de mercado para su negocio de fabricación de vehículos. Chrysler podía haber seguido fabricando sus vehículos sin embarcarse en ninguna otra aventura, pero en lugar de eso concibió una segunda marca con la que acceder a nuevos segmentos de clientela.


La fulgurante carrera de Walter P. Chrysler en el mundo del automóvil es digna de ser descubierta. Chrysler era hijo de un afamado ingeniero de la compañía de trenes Union Pacific en Kansas, y trabajó como tal en la American Locomotive Company. Por 1908, con 33 años, compró su primer coche, y desde entonces se interesó por conocer la mecánica de los automóviles y su proceso de fabricación. 

En tan solo cuatro años, Chrysler se demostró como una reputada personalidad en el sector, hasta el punto de ser contratado por la Buick Motor Company como jefe de producción en su planta de Flint en Michigan. Allí consiguió el logro de aumentar la capacidad de producción de 45 a 600 coches diarios, junto a otras proezas que le valieron para ser nombrado Presidente de Buick en 1916. Todos estos éxitos consecutivos impulsaron a Chrysler a independizarse y crear su propia marca el 6 de junio de 1925, comprando acciones de la Maxwell Motor Company hasta lograr ser el accionista mayoritario, posicionándose acto seguido como el tercer fabricante americano.

Quizás viese en el descubridor español un ejemplo a seguir o tal vez un reflejo de si mismo. De cualquier manera, ignorando la poca chance de su aventura, Chrysler elegió a Hernando de Soto para nombrar su gama media de automóviles. Curiosamente, ambos personajes tienen en común la ambición por experimentar y descubrir a lo largo de sus vidas, uno en el siglo XVI conquistando para España tierras en el nuevo mundo y otro en el siglo XX conquistando mercados y clientelas vírgenes hasta esa fecha. Con este elemento en común, un 4 de agosto de 1928 nacía la marca DeSoto

La compañía no fue presentada en sociedad hasta el año siguiente, con el modelo Premier Six” de 1929. Chrysler quería competir con su eterno rival General Motors en el segmento de la gama media. Sin embargo, poco después de la introducción en el mercado de la nueva marca, Chrysler se hizo con la Dodge Brothers, dando a la compañía dos marcas de precio medio. Si la transacción se hubiese completado antes, posiblemente DeSoto no habría rodado.

16 mayo 2013

La Aventura del PONY EXPRESS


Que una carta tarde casi un mes en llegar a su destino es, en nuestros tiempos, poco menos que anecdótico. Pero en el Lejano Oeste de mediados del siglo XIX era lo más corriente. Cualquier documento con destino a California, fuese una ley, una noticia o una simple carta de amor, debía recorrer un territorio en gran parte inexplorado y lleno de peligros. Y eso cuando el documento viajaba en diligencia, cuando no lo hacía en barco y se veía obligado a rodear el continente antes de arribar a las manos de su destinatario, aumentando considerablemente el plazo de entrega. Así, los habitantes de Los Ángeles, por ejemplo, supieron que el estado de California había sido admitido en la Unión seis semanas después del hecho.


El telégrafo y el ferrocarril aún no habían llegado al Oeste, y se hizo necesario un nuevo método para hacer llegar el correo con más premura. La única solución posible en aquellos días de 1860 pareció ser un enlace postal a caballo. Los padres de la idea fueron los principales socios de una empresa de diligencias, especialmente William Russell (1812-1872), y la iniciativa obtuvo el apoyo federal. De ese modo se inició una carrera contra el tiempo que serviría para demostrar si era posible realizar la ruta entre Missouri y California, más de 3.100 kilómetros a través de montañas, praderas y desiertos, en menos de diez días. Eso significaba que los jinetes deberían galopar a toda velocidad durante el trayecto y reeemplazar los caballos con frecuencia, aproximadamente cada 16 kilómetros según estimaciones. Con el objetivo de cumplir con estos requisitos, se construyeron 190 casas de postas a lo largo de toda la ruta para efectuar los relevos, con personal de apoyo, guardias y provisiones.

Russell y sus socios tuvieron que adquirir más de 400 caballos aptos para el servicio, resistentes y rápidos, pero faltaban los jinetes, el otro elemento imprescindible y crucial. La compañía puso un anuncio en marzo de 1860 en estos términos: El Pony Express necesita jinetes jóvenes, delgados (no podían sobrepasar los 56 kilos de peso), resistentes, a ser posible no mayores de 18 años, dispuestos a asumir riesgos mortales casi a diario, y preferentemente huérfanosEl sueldo era de 25 dólares a la semana, nada desdeñable para aquella época, y no fueron pocos los voluntarios que se presentaron a cubrir las poco más de 80 vacantes. A cada uno de ellos se le hizo entrega de una Biblia, y se le tomó compromiso de no blasfemar, no emborracharse y no pelearse con los compañeros.

El primer viaje se efectuó el 3 de Abril de 1860, cuando dos jinetes salieron desde los dos extremos de la línea simultáneamente, un recorrido que fue seguido con atención por la prensa de la época y que gozó de gran popularidad. Prescindiendo de diligencias y usando rutas más cortas, los jinetes del Pony Express consiguieron llevar hasta 70 kilos de correspondencia en 8 días, desde St. Joseph a Sacramento, a unos 2900 km de distancia.

El jinete cambiaba de caballo en cada posta y él mismo era relevado cada cinco o seis cambios, tras recorrer unos 100 km. Cuando se aproximaba a una de las estaciones de relevo ya le aguardaba su nueva montura debidamente preparada, a la que subía al salto tras coger y colocar su mochila con el correo, una alforja de cuero que no podía sobrepasar los 9 kilos de peso. El cambio se efectuaba en menos de treinta segundos. Debían cabalgar también durante la noche, sin más iluminación que la luz de la luna, y sufrir las inclemencias del tiempo. Además, para no sobrecargar de peso a los caballos, sólo se les permitía llevar un único revólver para enfrentarse a indios, bandidos o animales salvajes. Era un trabajo muy duro y fueron muchos los que abandonaron tras un primer viaje, al constatar sus peligrosas y agotadoras condiciones.



El más joven de los jinetes que formaron parte del Pony Express fue “Bronco”Charlie Miller, que tenía 11 años de edad cuando ingresó en la compañía, y el más famoso fue sin duda William F. Cody“Buffalo Bill”, que se incorporó a los 14 y que protagonizó una de las hazañas que marcaron la historia del Pony Express: al encontrar muertos en las paradas de postas a dos de los jinetes que debían sustituirle, realizó él solo el recorrido que les habría correspondido: 615 kms en 21 horas y media. Pero no fue el único héroe de aquella aventura, otros protagonizaron hechos semejantes. Como Robert Haslan, apodado “Pony Bob”, que tras salir ileso de un enfrentamiento con los indios paiutes, batió los récords de velocidad y distancia de toda la historia del Pony Express: 140 kms. en ocho horas y diez minutos. Esas proezas despertaron la admiración de sus coetáneos, quienes veían pasar con entusiasmo y expectación la carrera de aquellos rápidos jinetes.

Con la extensión de las líneas de comunicación, primero del telégrafo y más tarde del ferrocarril, el Pony Express tenía los días contados. La compañía, que había cambiado de manos en marzo de 1861, llevó a cabo su último viaje el 21 de noviembre de ese mismo año. Había durado poco más de año y medio y se había saldado, pese a su éxito como servicio postal, con un gran fracaso económico. La leyenda afirma que en su historia tan sólo llegó a perder una saca de correo.


Con la colaboración de Pilar Alonso Márquez

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