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10 marzo 2012

El Terror de OKLAHOMA

Dicen que hasta el peor de nosotros alberga ciertas bondades y virtudes; la mayoría de los llamados "badmen" que a finales del mil ochocientos vagaban por las llanuras americanas no tenían muchas. Cherokee Bill, ninguna. 

Lo más parecido que tuvo nunca a una virtud fueron su sangre fría y una portentosa habilidad con las armas que resultaron fatales para cuantos se cruzaron en su camino. Durante un período de dos años, en la última década del siglo XIX, Crawford Goldsby, alias Cherokee Bill aterrorizó el Territorio Indio, luego conocido por Oklahoma, mediante el robo y el asesinato. Su historia es poco conocida hoy en día, pero en su tiempo consiguió ser el más infame forajido de la región y sus tropelías el origen de fabulosas leyendas.

En cuanto a su personalidad, ...por decirlo así, vamos a decir que a nadie agradaría verle salir del baile del brazo de su hermana...

Sólo el color de su piel revelaba su sangre indígena. Sus rasgos eran claramente negroides: cara redonda, frente baja, labios gruesos y cabello negro rizado. Aunque no llegaba al metro ochenta era un tipo fornido, de hombros anchos y manifiesta fuerza física. Su mirada ha sido descrita como funesta, cetrina e impasible como la de una fiera, pero al iluminarla con una sonrisa adquiría un cariz despectivo y burlón, no falto de cierta ternura.

Aunque cuando murió apenas había cumplido los veinte años se dio buena prisa por desarrollar una reputación que le precedía allá donde fuese a dar con sus huesos. Los hombres de la Ley mantuvieron la distancia con Goldsby mientras les fue posible, determinados a evitar una confrontación difícil. Se creía que era "más rápido que dos hombres comunes y corrientes", se decía que con el rifle acertaba en el ojo a una ardilla, a la distancia máxima que pueda alcanzar la vista. También dijeron que era capaz de disparar desde la cadera sin errar ni tener que desenfundar su Colt. Esta es su funesta trayectoria.

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Crawford Goldsby vino al mundo el 8 de febrero de 1876 en Fort Concho, Texas. Fue el mayor de cuatro hermanos, fruto del matrimonio formado por George Goldsby, un mulato de Alabama de origen hispano, medio blanco y medio sioux, sargento en el Décimo Rgto. de Caballería de los Estados Unidos (los famosos Buffalo Soldiers, unidades compuestas únicamente por tropa de color) y una mujer llamada Ellen Beck, medio cherokee, un cuarto negra y un cuarto blanca. Ya veremos más adelante que no era lo que se dice un dechado de virtudes, pero nadie dudará de su sello puramente norteamericano, pues reunía en su sangre las más variadas estirpes que acuñaron la nación.

Un aciago día, a resultas de su incompetencia en la custodia de unas armas desaparecidas de la guarnición, George Goldsby desapareció, renunció al ejército y abandonó a su esposa embarazada y a su hijo de dos años. Ellen Beck se desplazó entonces con el resto de la familia hasta Fort Gibson, en territorio indio, donde residían sus parientes. Ellen era cantinera de la Compañía D del 10º de Caballería y fue trasladada a Fort Davis, Texas, dejando a Crawford al cuidado de una anciana "tía" llamada Amanda Foster, una mulata que se encargó del niño hasta que cumplió los siete años, para después enviarle a la escuela india de Cherokee, Kansas, y tres años más tarde a la escuela católica india en Carlisle, Pensilvania. Sin embargo, a pesar de los intentos por proporcionarle una buena educación, algunas fuentes indican que apenas podía leer y escribir.
Crawford Goldsby

A los 12 años dejó la escuela y regresó a Fort Gibson, Oklahoma. Fue por entonces que algunos dicen que mató a su primer hombre. Crawford, alto para su edad, se enfrentó a otro muchacho por decirle que solo servía para alimentar a los cerdos. Crawford, enojado y resuelto consiguió un arma de fuego, buscó al "pollo" en cuestión y le pegó dos tiros, pero no fue procesado debido a su edad. Este extremo no está claro si en verdad ocurrió o fue un detalle añadido con posterioridad a su leyenda criminal.

Mientras tanto, en 1889 su madre se volvió a casar, ahora con William Lynch, un soldado de la Compañía H del 10º de Caballería. Pero el joven Crawford no hizo buenas migas con su padrastro y por contra empezó a asociarse con malas compañías, a beber licor y a rebelarse en general contra cualquier autoridad. 

Dos años más tarde, a la edad de 15 años, se mudó a Georgia junto a su hermana, pero como igualmente tampoco resultó congraciarse con su cuñado, el muchacho regresó a Fort Gibson y se fue a vivir durante un cierto periodo con Bud Buffington, un pariente por parte de su madre. A la edad de 17 años Crawford comenzó a trabajar en una tienda y luego en un rancho, donde dicen dejó buena impresión siendo valorado y querido. Pero todo iba a cambiar en el verano de 1893.

El 29 de septiembre de 1893 en Fort Gibson, Goldsby asistió al baile de la cosecha para ver a Maggie Glass, una bonita chica de 15 años de edad de quien estaba enamorado. Goldsby tuvo un altercado con un tipo llamado Jake Lewis, un negro de 35 años, al parecer por golpear éste a su hermano menor. Entonces estalló una pelea a puñetazos entre los dos, que dominó con facilidad el parroquiano. Ser un buen perdedor no figuraba entre las cualidades del joven Goldsby y la vergüenza sufrida ante Maggie clamaba venganza. Resuelto a zanjar la diferencia, igualó sus posibilidades sacando una pistola y disparando al paisano. Otras fuentes apuntan que fue a la mañana siguiente cuando Goldsby apareció por la granja de Lewis con la intención de matarle. Sea como fuere, Lewis sufrió dos heridas de bala pero se recuperó y vivió para presentar cargos contra el pistolero. Éste, creyéndole muerto y sabiendo muy bien que la ciudadanía local no habría descansado hasta lincharle, huyó a territorio de las Naciones Semínolas donde se uniría a los desperados Jim y Bill Cook.

El Final de CHEROKEE BILL

Crawford Goldsby (Fort Concho, Texas, 8 de febrero de 1876), más conocido como Cherokee Bill fue un forajido del Oeste norteamericano que realizó sus fechorías principalmente en el denominado Territorio Indio, más tarde conocido por Oklahoma, entre 1893 y 1894. 
Sus inicios, carácter y carrera criminal están bien descritas y pueden ser rápidamente consultadas aquí:

Su notoriedad debe más que a la importancia de sus asaltos a tiendas, bancos y trenes, a su propensión al gatillo fácil y a la absoluta indiferencia con que cometía sus asesinatos. 
Dejando a sus espaldas una legión de viudas y huérfanos consiguió no solo infundir el terror a su paso, sino también que la Ley se propusiera poner fin a su impunidad por el territorio administrado por las Naciones Cherokee, Creek y Semínola. 
El punto de inflexión lo marcó el asesinato a sangre fría de un pintor llamado Melton en el transcurso del atraco a los almacenes Shufeldt & Son General, en Lenapah, el 9 de noviembre de 1894.

LA CAZA DEL HOMBRE
Hubo que trazar un cuidadoso plan para finalmente llevar al bandido ante la justicia, tres meses después del asesinato de Ernest Melton. Un plan que involucró a un ex agente judicial y al capricho de Bill por una chica.

Ike Rogers había sido apartado del servicio como alguacil acusado de haber dado refugio en su casa a varios delincuentes. Con algunos problemas económicos, había solicitado recientemente su reingreso a la fuerza pública de EE.UU. El marshall Crump aseguró a Rogers que consideraría la solicitud, siempre y cuando Rogers colaborase en la captura de Cherokee Bill. Crump sabía que Rogers estaba en una excelente posición para acercarse al forajido, pues era primo de Maggie Glass, la chica de la que estaba enamorado Cherokee Bill. Así que implicó a ambos en el arreglo de capturar a Bill y repartirse su recompensa, que por entonces había aumentado hasta los 1.500 $.

El 29 de enero de 1895, Maggie celebraba su cumpleaños número 17 y Rogers decidió invitar a su casa tanto a ella como al proscrito... Bill acudió pero se mantuvo alerta, negándose en redondo a salir de la casa junto a Maggie cuando ella se lo pidió. Asimismo, las sugerencias a que se desarmase o bebiese un poco de whisky - al que Rogers había añadido en secreto morfina - no fueron tomadas en cuenta. Bill no bajó la guardia ni a la hora del sueño, pasando la noche en duermevela y despertando en cualquier momento que Rogers intentaba acercarse.
Durante todo aquella tarde y noche Rogers trató de detener a Cherokee Bill sin éxito. No fue sino hasta la mañana siguiente, cuando parecía que Bill podría escapar de un momento a otro, que Rogers se armó de valor para caer sobre el criminal. Mientras éste encendía un cigarrillo en el fuego de la chimenea Rogers se le acercó por la espalda y le golpeó en la parte posterior de la cabeza con un atizador de hierro. Esto dejó al forajido malherido y de rodillas, momento que aprovechó Rogers para someterle con ayuda de un vecino y conseguir esposarle, tras varios forcejeos. Cherokee Bill les ofreció caballos y dinero por su libertad, pero Rogers y su vecino rechazaron la oferta, le inmovilizaron las piernas con cordel, le esposaron y le subieron a un carro para viajar a Nowata. Corría el 30 de enero de 1895.
Ahí no acabó todo. Por el camino, Cherokee Bill rompió las esposas e intentó agarrar el arma al ayudante de Rogers, que tuvo que saltar a tierra para evitar perder su pistola. Fue Rogers quien, montado a caballo y escoltando la carreta, mantuvo a raya al forajido apuntándole con su escopeta de dos cañones.

En Nowata, Bill fue encadenado y colocado en un vagón de ganado del Arkansas Valley Railway custodiado por los agentes Smith y Lawson. Cuando el tren se detuvo en Wagoner, los hermanos alguaciles Dick y Zeke Crittenden se unieron a la comitiva. Un fotógrafo estuvo presente y pidió tomar una foto. Bill aprovechó la espalda de Dick Crittenden para meter el brazo buscando el revólver del agente. El delincuente no obtuvo el arma, pero dijo después que si tenía la ocasión encargaría "abrigos de madera" para sus acompañantes.

ANTE LA JUSTICIA
El grupo no tardó en llegar a Fort Smith, Arkansas, y el detenido quedó allí en espera de juicio por el asesinato de Ernest Melton. El 8 de febrero de 1895, Cherokee Bill fue acusado por el asesinato de Ernest Melton, del que se declaró no culpable de la acusación ante el juez Parker, apodado comunmente como "el juez de la horca".

El juez Isaac C. Parker
El juez Parker es un personaje más famoso si cabe que cualquiera de los reos sobre los que dictó justicia. Durante veintiún años, el juez Isaac C. Parker presidió la Sala del Tribunal de Justicia de EE.UU. para el Distrito Oeste de Arkansas. Sentenció a 160 personas a la muerte y durante catorce años, los condenados no tuvieron derecho de apelación a otro tribunal superior. Recordado en las novelas y las películas del Oeste como "el juez de la horca", la verdadera carrera de Isaac Parker en Fort Smith es mucho más fascinante y compleja. Si bien los casos de forajidos acusados de delitos violentos como violaciones y asesinatos fueron los más comúnmente asociados a su tribunal, la mayoría de los casos examinados particularmente por el juez Parker no fueron delitos capitales. Muchos individuos fueron arrestados y llevados a la cárcel de Fort Smith por cargos tan dispares como robo, tráfico de whisky, incendios provocados, tala ilegal o la violación de las leyes postales.

El juicio por asesinato iba a comenzar el 26 de febrero de 1895. Su abogado defensor fue el renombrado J. Warren Reed. La estrategia de Reed era establecer una coartada para su cliente por tener varios testigos que lo ubicaban en diversos lugares entre Fort Gibson y Tulsa en el día anterior y el del asesinato. Eso significaría que Cherokee Bill se encontraba a 75 millas de la escena del crimen, por lo que fue imposible para él participar en el robo y asesinato. Los fiscales federales del caso, sin embargo, hicieron subir al estrado a los testigos del crimen, todos los cuales identificaron positivamente a Cherokee Bill como el autor material del crimen. Además, Ben Vann declaró que en un baile poco después del asesinato, Bill había confesado su autoría diciendo: "Yo no tenía intención de matar a Melton, sólo disparé para asustarle".

El 27 de febrero de 1895 el jurado dictó el veredicto del caso: "Culpable de los cargos de la acusación ...". Según un periódico local, Cherokee Bill simplemente sonrió, pero su madre, que había asistido al juicio y testificó a su favor, rompió en llanto de dolor. Según el diario, él se volvió hacia ella y dijo: "¿Qué es lo que te pasa? No estoy muerto todavía". El mismo medio señala aquella tarde a Cherokee Bill en la cárcel federal "involucrado en una partida de póker con Bill Cook y varias almas gemelas, como si nada hubiera pasado."

El Tribunal Federal y Cárcel de Fort Smith
En la mañana del sábado 13 de abril, Cherokee Bill fue llevado ante el juez Parker para ser sentenciado por el asesinato de Ernest Melton. El abogado defensor Reed estuvo presente para abogar por un nuevo juicio y cuando la petición fue denegada, se comprometió a recurrir ante el Tribunal Supremo. Parker procedió a continuación a la lectura de la sentencia, diciendo: "A partir de la evidencia del caso no puede haber ninguna duda de su culpabilidad. Que hay indicios de un asesinato del carácter más brutal y perverso ... Melton fue el inocente, la inofensiva víctima de una brutalidad salvaje que llevó al robo y al asesinato." El juez entonces se dirigió al asesino convicto y le sentenció a ser ejecutado en la horca el 25 de junio. 

El 13 de abril, un aparentemente despreocupado Crawford Goldsby fue condenado a muerte. El periódico de Fort Smith informó que Cherokee "tomó la frase con mucha calma ... [y] sin revelar la existencia de ninguna emoción. La única muestra que hizo de que consideraba el asunto más serio que cuando fue condenado, fue la ausencia de su sonrisa." 

El 29 de abril, el abogado Reed hizo un llamamiento a la Corte Suprema de los Estados Unidos, elevando una lista con 14 "errores manifiestos en perjuicio y daño" a sí mismo y a su cliente. Esa apelación anuló la fecha de ejecución del 25 de junio, según el caso todavía estaba en manos de la Corte Suprema de Justicia. Y fue en medio de aquel verano de Arkansas de 1895 que Cherokee Bill planeó su fuga de la cárcel de Fort Smith. 

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