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Como William Munny, todos tenemos un pasado y más de treinta años a nuestras espaldas. Estos días, una pendejada me ha devuelto por un momento a las extensas veladas alrededor de los bares, hace largo tiempo. Más de uno nos tocó cerrar alguna vez en distendida procesión de compinches y damiselas. Ahora, aunque de todos guardo generoso recuerdo y nula nostalgia, hay alguno al que no tengo apuro en regresar al hilo de la cuestión.




Por si aún no lo han adivinado, les hablo del encantador Titty Twister, la hipnotizante Teta Enrroscada donde a poco que se descuide perderá la cabeza y el alma. Un honky-tonk perdido en el norte de México y abierto hasta el amanecer al que acudir a beber, jugar, pelear y morir, en el que cada noche se programan sesiones de muerte y el rock and roll se sirve al límite, carajo

Allí, al margen de todo y para lo más escogido de la Frontera, se representan shows que cortan la respiración. Números como el que sigue, a cargo de esta belleza azteca con el abracadabrante sobrenombre de Satánico Pandemonium.




Pero la Teta Enrroscada es algo más que sugerentes coreografías y hembras de infarto: una posada de demonios sin cuento y desperados en ruta directa al abismo. Quizás no cuente con el más correcto de los servicios, puede que su aguardiente sepa a sapos y culebras, tal vez la clientela carezca de urbanidad ni aprecio por la propiedad privada...

¡Que demonios!. El Titty Twister siempre será uno de mis garitos favoritos y bien merece una mención en esta bitácora fronteriza. 

¿A tiempo para una rabiosa cucaracha alcohólica? Adelante, la diversión se masca a dentelladas.








La Frontera es también un lugar caótico e infecto, como bien se esfuerza en demostrar la realidad cotidiana. En los confines del cine negro clásico, la mente privilegiada de Orson Welles llevó a la pantalla una historia de ambiguedad y corrupción que trasladó las sombras del crimen al sórdido avispero de la Frontera

Welles consiguió reescribir y dirigir 'Sed de Mal' en 1958, por mediación de Charlton Heston, cuando su papel inicial no estaba destinado más allá de interpretar al desconcertante comisario Quinlan, quizás el primero de tantos patibularios representantes de la Ley que luego poblarían las fronteras cinematográficas. 

Como alguien dice en la película, las naciones orillan hacia sus fronteras lo peor de sus sociedades, y tal sería el caso de este polizonte, que en ninguna otra cloaca pudo medrar del mismo modo. Fue debido a su caracterización y al pulso rompedor de Orson Welles, interpretándole y dirigiendo la película, que la Frontera tomó a partir de entonces su oscura dimensión: el lugar turbio en el que el bien y mal se entremezclan fatalmente, el tenebroso límite donde las apariencias engañan y toda clase de sabandijas encuentran acomodo. 



El inicio de la trama no puede ser más fascinante. Arrancando con el maravilloso plano secuencia más célebre de la historia del cine, Welles nos lleva en volandas a través de tejados, avenidas y calles, desde el lado mexicano al estadounidense, sin pestañear, entre un sinfín de paseantes, figurantes y carritos de venta ambulante. Palpitando a un ritmico tic-tac  y la pegadiza melodía de Henry Mancini, el último crimen en la Frontera aguarda tras el checkpoint.  



La primera vez que uno ve PARIS, TEXAS puede correr el riesgo de quedarse tan solo con los icónicos escenarios de una road movie, la atribulada mirada de un singular personaje llamado Travis o los sones punzantes e hipnóticos de la steel guitarNo es nada extraño. Son dos ferrosos imanes para la contemplación y el recreo de la memoria. 

Las planicies del sur de Texas nos transportan a otro mundo, un infierno particular, por momentos desolado y hostil, otras veces llenos de vida y esperanza. Del modo en que Travis termina por encontrar una causa para luchar, hastiado de tanto huir, nos proyecta sutilmente la fortuna del amor. Por su parte, la fantástica melodía de Ry Cooder se antoja un lánguido lamento de soledad y desafecto.



Afortunadamente, PARIS, TEXAS es mucho más que estos poderosos arcanos: un muestrario de emociones, una invitación a reconocernos en los demás, una esperanza en las relaciones humanas. Es nostalgia, sensibilidad, búsqueda de redención y fe en el reencuentro con los otros.

Travis podía seguir dando vueltas por el desierto o haber muerto deshidratado sin que nadie nos hubiésemos percatado de su delirio. Son los otros, los demás, quienes le hacen volver a la conciencia tras cuatro años de perdición, y nos otorgan asimismo la medida de nuestra existencia. Cuando uno anda perdido las segundas oportunidades existen siempre gracias a los demás, aunque solo sea su recuerdo el que nos haga atravesar desiertos inhóspitos. 


Ahora, Travis mira embobado sus viejas grabaciones, incapaz de reconocerse sino en el fracaso, mientras somos nosotros los que, estremecidos, vemos desfilar en ellas todo cuanto nos da fuerzas para seguir viviendo.  La tonada Canción Mixteca nos inundará de nostalgia y sentimentalidad.



Esta es la historia de un doloroso y lento reencuentro, tan amargo como necesario. 
La soledad y la culpa nos acompañarán desde el comienzo, pero el viaje merecerá la pena. 
Hoy volveremos a congregarnos frente a la pantalla para volver a ser quienes somos y no la sombra de quienes fuimos. Volveremos a buscar la sonrisa de quienes nos animan a vivir, los ojos que nos iluminan, la piel de nuestra carne por la que atravesaríamos mil desiertos. 
Es tiempo de partir al hermoso encuentro de los nuestros. Regresamos a PARIS, TEXAS.






'DOS DUROS SOBRE RUEDAS' 
en busca y captura

Al inicio de los 90 todavía quedaba algún resquicio a la fantasía, el mito y la horterada. Había ideales en que creer, fumar era un placer y ser bebedor daba prestigio. Las chicas adoraban a canallas sin blanca, los amigos eran para siempre y ser macarra una cuestión de principios.



Este es un homenaje crítico a la par que devoto, a los míticos roles del sueño americano, los del rockero motero y el cowboy solitario, glosados por una película de sesión de tarde y sumados a una banda sonora existencial para introducirnos en sus peripecias. Dos justicieros en la carretera, errantes por los horizontes de América. Estas claves nos ocupan, empecemos por el principio.  

UNA INTRODUCCION MAGISTRAL
Cualquiera con aficción por el cine sabe apreciar el detalle de unos buenos títulos de introducción como prólogo a la historia que se desarrollará seguidamente. Sin despreciar la dimensión artística de muchos créditos, resultan particularmente relevantes cuando forman parte del discurso de la película, retratan el paisaje, el contexto ambiental o los personajes de la historia. En algunas ocasiones son tan brillantes y efectivos que trascienden la cinta a la que sirven o directamente la superan, para conformarse en pequeñas grandes obras de la edición y la narrativa.

El caso que nos ocupa no puede ser más evidente. Apoyada por un temazo de la banda de rock Bon Jovi, quizás la mejor canción de toda su carrera, la intro de 'Harley Davidson & the Marlboro Man' ('Dos duros sobre ruedas', como fue titulada en España) consigue transportarnos al universo mágico de las roads-movies "a lomos de un caballo de acero", en un fulgurante viaje por la piel agreste del suroeste norteamericano, allí donde nos sentimos tan a gusto. Un efectista trailer que supera con creces las sonrojantes aventuras del par de trasnochados ochenteros a los que pretende enmarcar e incluso el videoclip original de la banda de New Jersey, ajeno a la profundidad de un tema musical que ellos mismos se han ocupado de catalogar como su 'himno nacional'.




UN HIMNO A LOS FORAJIDOS
'Wanted Dead Or Alive' es el nombre de la quinta canción del álbum de 1986 'Slippery When Wet', de la banda de rock estadounidense Bon Jovi. Compuesta por Richie Sambora es un tema clásico del grupo e imprescindible en sus conciertos. 
En la canción, Jon Bon Jovi usa una guitarra acústica, al igual que Richie Sambora, quien al comienzo de la canción utiliza una acústica de doble mástil, pero que desde el solo hasta el final toca una guitarra eléctrica. La introducción que hace con la acústica crea un ambiente expectante y polvoriento, una progresión magistral de sencillos acordes que nos llevan hasta el desarrollo del tema y su contundente solo central. En los conciertos, la estrofa siguiente al estribillo que va después del solo, la cantan Jon y Richie a dúo.

La canción trata de homenajear al outlaw americano, haciendo una curiosa similitud entre los estilos de vida de los forajidos del Salvaje Oeste y las estrellas errantes del rock de los 80. Se cuenta que Jon Bon Jovi tuvo la inspiración para la canción una mañana de insomnio en el autobús de la gira. Según dijo, veía similitud entre el estilo de vida de las bandas de rock y el de los forajidos del Oeste, a los que admiraba. Bon Jovi se veía a sí mismos como "una joven banda de ladrones, cabalgando de ciudad en ciudad, robando y huyendo, rodeado de chicas y alcohol, todo antes de que salga el sol".

La canción está incluida en los DVD 'Live From London' (1995) y 'The Crush Tour' (2000), y en el álbum en directo 'One Wild Night Live 1985-2001' (2001). Además está presente en el álbum 'Greatest Hits' (2010), siendo este el segundo álbum recopilatorio de Bon Jovi. La propia banda hizo una versión acústica del tema, para el álbum 'This Left Feels Right' (2003). La canción llegó al número 7 de la lista Billboard Hot 100.

'Wanted Dead Or Alive' ha sido usada con profusión en toda clase de medios, desde videojuegos, bandas sonoras de películas y series de televisión, casi siempre para enmarcar las andanzas de moteros, desperadosoutlaw's de todo género.




LOS REYES DEL VIDEOCLUB
En 1991 el australiano Simon Wincer lanzó a las pantallas 'Harley Davidson & the Marlboro Man' ('Dos duros sobre ruedas'), cosechando un absoluto fracaso de crítica y público. El tipo venía de labrarse una larga trayectoria en la televisión y, para su séptimo proyecto cinematográfico, se encontró con la suerte que contar con dos estrellas fugaces del cine y la tele de los 80, intentando mantenerse en la pomada. A saber, Mickey Rourke, quien después de su interpretación en 'El Corazón del Ángel' y el calentón de 'Nueve Semanas y Media', sentía que ya nada era igual para él aunque siguiese haciendo lo mismo, y el rubiales melenas Don Johnson, que venía del éxito televisivo 'Corrupción en Miami' pero que no consiguía brillar sin la sombra de sus antiguos compañeros en la ficción, el poli negrata Ricardo Tubbs y su hermético superior el teniente Castillo

La historia intentaba emular éxitos anteriores del estilo de 'Arma Letal' o de cualquier otra parejita de hecho tan en boga por aquel tiempo. Una especie de 'Dos Hombres y un Destino', donde Butch Cassidy era un motero rockero malavida con buen corazón y Sundance Kid un residuo del Rodeo viviendo en su particular paranoia country
Pero nadie estuvo a la altura. Rourke, bronceado y aceitoso como un torrezno, luciendo sus enseñas de tipo duro (apunte tierno de cicatriz, pendiente de bucanero y corte a lo pelo pincho), repitió una vez más sus consabidos tics sonriendo bobamente en cada plano, mientras Johnson patinó todo el metraje sin encontrar su sitio como vaquero lumpen, descabalgado de la moda italiana y los Ferrari Testarosa.

La trama tampoco ayudó. Hilvanada en un guión facilón y ridículo la película resultó un estrepitoso fiasco de crítica y público. Entre unos y otros habían compuesto una historia repleta de tópicos, machista, excesiva, absurda, sensibilera, incorrecta, mitómana..., que sin embargo, a golpe de olvido y videoclub, consiguió abrirse paso hasta la catalogación como producto de serie alfabética y estandarte del frikismo tardo-ochentero.  Y así es como hoy la vemos, !un divertimento genial para los tiempos que corren! Mamporros y clásicos golpes de efecto, entrañables clichés de simpatía, aventura y camaradería, malos malísimos y amantes explosivas, explosiones de queroseno y tiroteos con armas automáticas ...la excusa perfecta para perder una tarde recordando los jirones que nos hemos dejado en pos de la exquisitez moral.

No obstante, como el tiempo apremia, a día de hoy no hace falta asumir semejantes sacrificios. Con ese objeto presentamos un acertado clip que resume con elocuencia 98 minutos de peli de culto. Magnificamente editado por Mknyeverr (Canal de Youtube), con el soporte del tema 'Real Gone', otra interesante perspectiva rockera por parte de la estrella del country Billy Ray Cyrus, este vídeo les dará la medida de las peripecias de Harley Davidson y el Hombre Marlboro, incluyendo la postinera e hiperreproducida escena final del film, protagonizada por Harley. Ya lo avisamos, desde entonces se le busca, vivo o muerto, ...!ATRAPÉNLOS!






48 coches robados...
93 coches destruídos...
45 minutos de persecución sin tregua...

Damas y caballeros..., este blog se complace en recomendarles la más grande, histórica, épica, alocada, desquiciada y prolongada persecución automovilística que jamás se haya filmado en la historia del cine... sin animación por ordenador ni efectos digitales:

GONE IN 60 SECONDS

La mayoría de la gente cuando piensa en "60 Segundos" enseguida le viene a la cabeza la pelicula de acción que protagonizó Nicolas Cage en el 2000. Sin embargo, solo se trata de un remake menor, a años luz de la obra original, una joya del cine independiente que merece ser destacada. Como bien dicen en "Death Proof" de Tarantino, esta es "La buena, no esa mierda de Angelina Jolie".


La película fue escrita, producida, portagonizada y dirigida por un maestro del género llamado H.B. 'Toby' Halicki, más conocido como The Car Crash King. Con gran sentido del negocio asumió igualmente los derechos de autor de los términos "Gone in 60 Seconds" y 'Eleanor'. Dejó bien claro que nadie destruía coches en persecuciones imposibles como él, un legendario doble de riesgo trastocado en realizador por amor al espectáculo y la gasolina. Las producciones independientes de Halicki no tenían parangón en Hollywood, por la sencilla razón de que nadie arriesgaba la vida como él lo hacía. 

H.B. Halicki, alias 'Toby' era un tipo hecho a sí mismo. Nació en Dunkerque, Nueva York, en 1940, y fue uno de los trece hijos de una familia polaca-estadounidense dedicada al negocio de la construcción y la chatarra. A los 16 años, trabajando como dependiente de una gasolinera comenzó a comprar viejos coches de ocasión. Para los 17 ya era gerente de un concesionario y ejercía además como mecánico para una empresa de seguros A los 18 tomó las riendas de un negocio de venta de neumáticos, y con 21 años administraba su propio concesionario de automóviles. Mientras tanto había acumulado una importante colección de coches, un hobby que lo fascinaría durante toda su vida. Con el tiempo la colección de Halicki sería una de las más importantes de toda Norteamérica.

A Halicki le encantaban los coches y le apasionaba conducir así que, aún viniendo desde fuera del cerrado mundo de Hollywood, decidió rodar una película donde expresar su incotinente pulsión por las cuatro ruedas. En 1972 comenzó los preparativos del film comprando coches en desguaces y reparándolos en el patio trasero de su concesionario. Cuando decidió que estaba listo para filmar, dos años más tarde, había llegado a acumular cerca de 100 vehículos. El resultado fue "Gone in 60 Seconds".


La historia es bien sencilla: un super ladrón de coches acepta un gran contrato: debe robar 50 en menos de una semana. La lista es puntual -incluye coches de famosos como corredores de carreras y actores de cine- y no hay tiempo que perder. Si te gustan o sabes de carros, disfrutarás contemplando un inmenso catálogo de la industria automotriz de los 70, de sus garajes a las manos de los 'cacos'.  




La cinta terminaría por dejar su huella en la historia del cine en cuanto a persecuciones de coches y roads movies. Su preparación y rodaje nos ofrecen un buen puñado de interesantes curiosidades, como que para mantener los costos bajos, el director reclutase a amigos y familiares para los papeles principales de la película, que el guión fuese poco menos que improvisado mientras se rodaba, o que los diálogos se inventasen según el momento. Para disfrazar el evidente problema de tener un reparto lleno de gente actuando sin experiencia, la mayoría de las secuencias están rodadas con voces en off y sólo un puñado de escenas se dejaron para la interacción entre los protagonistas en el estudio. Otra particularidad de la película es que Halicki filmó algunas escenas en las calles sin permiso. Mucha de la gente que aparece son personas que andaban por ahí en ese momento y creyeron que la persecución era en serio.





Un mal día, los destinos de Perdita Durango, una sensual morena que sueña cada noche con un jaguar, y Romeo Dolorosa, un violento malavida con dotes de santero, se unieron sin que nada ni nadie pudiera remediarlo. Juntos, desquiciados y enamorados, emprenden una loca carrera de sexo y violencia por el Suroeste de los Estados Unidos, multiplicando delitos y enemigos.




"En las últimas 48 horas he tenido dos accidentes mortales, la mafia mexicana trató de dispararme, un pinche animal trató de arrancarme la cabeza y todavía no he desayunado"




EL ARGUMENTO
En la película, después de encontrarse en un cementerio, Perdita Durango acompaña a Romeo Dolorosa en su travesía hacía Las Vegas, donde debe llevar un cargamento de fetos humanos destinados a la industria cosmética. El encargo es realizado por el traficante Marcelo “Ojos de Loco” Santos (personaje que, sin lo de “ojos...”, aparece también en "Corazón Salvaje", la película de David Lynch basada en el mismo relato de Barry Gifford), un tipo amoral interpretado por Don Stroud, villano en “Bay Watch”, “McGyver” y la película “Blody Mama”, de Roger Corman, entre otras.


Ya en territorio americano, decididos a convertirse en los forajidos más temidos de la región, Perdita y Romeo secuestran a una pareja de adolescentes norteamericanos recién salidos del capullo, Estelle y Duane. Su intención es asesinarles de forma brutal en una ceremonia secreta. Duane es Harley Cross (protagonista de "El niño que gritó puta", de Juan Campanella) y Estelle es Aimee Graham, que realizó un pequeño papel al comienzo de “Abierto Hasta el Amanecer”, la obra de Robert Rodríguez que produjo Quentin Tarantino.

A partir de este momento, los cuatro inician un frenético viaje a través del lado salvaje del sueño americano; un viaje que sirve para que unos y otros resuelvan sus diferencias mezclando sexo, alcohol y confidencias en dosis peligrosas. En este encuentro entre semejantes opuestos en donde radica el tema central de la película que, según su director, Alex de la Iglesia, “cuenta el choque entre dos parejas de culturas opuestas que se alimentan mutuamente, dos formas de entender la vida: de un lado la posición del norteamericano que vive una vida plastificada, viendo la tele y rodeado de moqueta, sin problemas o eludiéndolos, y del otro la gente que se juega el pellejo a diario, que decide arriesgarse y vivir al límite”.


Nuevos personajes se van incorporando a la trama, buscando ajustar viejas cuentas con la explosiva pareja. El film se convierte así en una road movie vertiginosa, en donde la velocidad está dada fundamentalmente por la locura de los personajes, que incluye líneas de trama romántica, con amor y celos entre los protagonistas y los adolescentes raptados. También es una película de acción y violencia, y a su vez, un western fronterizo, filmado en parte en los encantadores escenarios del desierto de Tucson, Arizona, con duelo final incluido.  

                                                         
"Si de verdad quieres hacer algo, no lo pienses" 


EL PROYECTO
La producción costó 8 millones de dólares, una cifra bastante alta para el cine español. Está basada en la novela homónima de Barry Gifford, un especialista en la cultura tex-mex que se hizo conocido gracias a su obra “Sailor & Lula”, llevada a la pantalla grande por David Lynch como “Corazón Savaje” (Palma de Oro en Cannes en 1990).

Los derechos de la novela fueron adquiridos por el productor español Andrés Vicente Gómez, quien planeaba realizar el film bajo la dirección de Bigas Luna. Luna había llegado a hacer un montón de locaciones y ya tenía algunos de los actores. Pero por diferencias sobre el desarrollo del guión, el productor encomendó la dirección a De la Iglesia. Este, junto a coguionista habitual, Jorge Guerricaechevarría, trabajaron sobre un texto que había realizado David Trueba, agregando bastante humor negro y modificando otras cosas para realzar algunos elementos violentos y llevar el tema del film hasta el de la traición clásica.

Aprovechando muchos de los lugares que ya había visto Bigas Luna, viajaron a México a buscar el resto de las locaciones y elegir a los actores. Alex no se convencía con los actores que tenía, y particularmente con la actriz, ya que veía a Perdita con la imagen de la Perdita de “Corazón Salvaje”, interpretada por una Isabella Rosellini teñida de rubio. Hasta que dieron con la actriz norteamericana, de origen portorriqueño Rosie Pérez, quien se dio a conocer con "Do The Right Thing", de Spike Lee. Posteriormente De la Iglesia se topó con Javier Bardem, que ya conocía a Romeo por el proyecto de Bigas Luna, y se mostró interesado por el personaje.


Al estreno de la película en 1997 recibió críticas desiguales: "Impactante, violenta, extrema, pasional, rompedora y valiente", así sería descrita por algunos de los medios más favorables. O támbién, "trepidante mezcla de acción y comedia"; pero acabó resultando un completo fracaso en la taquilla. En Estados Unidos se comercializó con el título: "Dance with the Devil". En el cartel además de Bardem y Pérez, figuraba James Gandolfini, aprovechando la popularidad del actor gracias a la serie "Los Soprano"El filme fue prohibido en Irlanda y se encuentra censurado en Australia, Corea del Sur (antes estuvo prohibido), Inglaterra y USA (según Fotogramas).



" La gente más rara es la que tiene las ideas más interesantes "



LA CRITICA
La película resulta una excéntrica guía para adentrarnos en la mítica visión de la Frontera americana, la más salvaje, violenta y oscura; allí donde el sexo, la velocidad, la violencia y la rivalidad por la supervivencia o la pugna con la ley, y hasta la magia negra, forman parte de la vida cotidiana. Un guión sólido, ayudado por el buen ritmo de Alex De la Iglesia, tiene como resultado una gran película, con una trama que funciona bien, una cuidada fotografía en tonos rojizos y sepias, y un puñado de personajes grotescos que, sobre todo en el caso de Bardem, enganchan al espectador durante todo el visionado.

Sin pretensiones intelectuales, más allá de mostrar las salvajes evoluciones de la sexy Perdita y su amante Romeo por la Frontera, cumple con nota su objetivo de entretener,  aunque adolezca de algunas lagunas y ciertos excesos que le restan fuerza y veracidad. Aun con un ritmo narrativo trepidante y algunas escenas verdaderamente sugerentes, acaba haciéndose algo larga (130 minutos).

La Frontera está fotografiada de manera excelente, captando a la perfección el ambiente fronterizo que tantas veces nos ha enseñado el cine norteamericano: el desierto, las cuidades remotas, los moteles baratos, las carreteras sin fin, y sobre todo violencia y más violencia: violaciones, asesinatos, secuestro, síndrome de Estocolmo, tráfico de elementos prohibidos (¡nada menos que fetos humanos!), traumas, muerte..., de forma ágil y desproporcionada.

En mi humilde opinión se le fue la mano con la exposición de la violencia. En este aspecto y en el sexual es demasiado exagerada y sobreactuada. Algo superexplotado que ya no rinde su efecto y resulta contraproducente para la historia. Por contra, resulta fantástico el recurso al humor negro, marca de la casa de De la Iglesia, consiguiendo imprimir un toque surrealista e irónico a la película. Interesantes de igual modo los diálogos: son justos y nunca se dice nada estúpido. Con frecuencia se suele tirar de la imagen para decir lo que en otra película se recurriría al diálogo, monólogo o, peor aún, voz en off. En "Perdita Durango" no, y eso es un punto más a favor de su director, que con todos los ingredientes citados crea una película con ritmo, con muy buena estética y bastante entretenida. Y es que "Perdita Durango" parece más cerca del lado del cine comercial americano que de las comunmente aburridas producciones españolas.


Javier Bardem y Rosie Pérez, por este orden, son el alma del film. También hay que destacar la buena labor del secundario James Gandolfini, como policía perseguidor de los desmanes de la pareja. Bardem domina su histriónico personaje quedándose con la película y desplazando a la contenida Rosie. Su personaje sufre una evolución moral casi imperceptible pero determinante, y aporta ciertos elementos polémicos de la trama central para todo espectador que sepa seguirla y olvidarse de los abusos del santero Dolorosa.

"Perdita Durango" es, si le quitamos su violencia y sexo abundantes, una historia de amor y desarrollo personal, aunque aquellos a quienes desagraden los excesos pasionales pueden descartarla por su sola apariencia. De La Iglesia acierta al evitar reproducir el extraño mundo de Lynch en "Corazón Salvaje" y a la hora de adaptar la novela de Gifford, pero falla al buscar un espacio propio con el sexo, la violencia y el amor extremo como protagonistas. Del otro lado, la excesiva interpretación de Bardem (aunque lo borda y hace creible el extraño personaje), los secundarios, el humor negro, los diálogos, la fotografía y ambientación... todos ellos hacen recomendable echar dos horillas recorriendo la Frontera, junto al estrafalario santero Romeo Dolorosa y la inexpresiva pérfida de Perdita Durango.


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