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Esta es la historia de una leyenda: La historia del nombre de California. Su primera expresión escrita nos remite a la Califerne de "La Canción de Roldán", aunque su origen se pierda en el pasado por ignorarse la procedencia del vocablo hasta llegar al anónimo autor del poema. En cambio, la primera referencia cierta la aporta Garci Rodríguez de Montalvo en 1510:

"Sabed que a la diestra mano de las Indias existe una isla llamada California muy cerca de un costado del Paraíso Terrenal; y estaba poblada por mujeres negras, sin que existiera allí un hombre, pues vivían a la manera de las amazonas. Eran de bellos y robustos cuerpos, fogoso valor y gran fuerza. Su isla era la más fuerte de todo el mundo, con sus escarpados farallones y sus pétreas costas. Sus armas eran todas de oro y del mismo metal eran los arneses de las bestias salvajes que ellas acostumbraban domar para montarlas, porque en toda la isla no había otro metal que el oro... y algunas veces que tenían paces con sus contrarios... había ayuntamientos carnales, de donde se seguía quedar muchas dellas preñadas, si parían hembra, guardábanla, y si parían varón luego era muerto..."

(Novela de caballería "Las Sergas de Esplandián", de Garci Rodríguez de Montalvo, Sevilla 1510.)

A principios del siglo XVI las novelas caballerescas se habían hecho muy populares en España. Un escritor de la época llamado Garcí Ordóñez de Montalvo fue el autor de la famosa obra "Amadís de Gaula" (a la que Cervantes otorgó gran relevancia en su género a través de "Don Quijote") así como su continuación titulada "Las Sergas de Esplandián", donde se cita una isla imaginaria poblada de hermosas mujeres y tesoros valiosos. La novela fue editada en Sevilla y de alli partieron la totalidad de conquistadores y aventureros rumbo a las Américas, por lo que es factible imaginar que su lectura distrajo la tediosa travesía de la Mar Oceána.

Tras la conquista del Imperio Azteca en 1521, Hernán Cortés inició la expansión del territorio de la Nueva España a norte y sur de los dominios mexicas. En la cuarta Carta de Relación, fechada en México el 15 de octubre de 1524, dirigiéndose al monarca Carlos I de España, Hernán Cortés escribe acerca de ciertas noticias relativas a una isla legendaria, novedades que le había traído el capitán Francisco Cortés de Buenaventura, su sobrino, quien había realizado la conquista de Colima:

"... Y así mismo me trajo relación de los señores de la provincia de Cihuatlán, que se afirman mucho de haber toda una isla poblada de mujeres, sin varón ninguno, y que en ciertos tiempos van de la tierra firme hombres que con ellas han acceso . . . . y si paren mujeres, las guardan; y si hombres, los echan de su compañía; y que esta isla está a diez jornadas de esta provincia; y que muchos dellos han ido allá y la han visto. Dícenme asimismo que es muy rica en perlas y oro; yo trabajaré en teniendo aparejo de saber la verdad y hacer de ello larga relación a vuestra majestad ".

Es posible que Cortés y su pariente hubiesen leído "Las Sergas de Esplandián" o "La Canción de Roldán" dada la completa coincidencia en la descripción de la isla, pero además pudieron haber escuchado de los indios de la costa narraciones sobre una isla en la que había perlas y oro en abundancia. Parece probable que los indios de Colima recibieron, en alguna época, la visita accidental de algunos californios, o inversamente, como informa Cortés al emperador Carlos, y así fuese cómo supieron de las perlas que usaban de adorno los aborígenes californios. Agregado a lo anterior, los expedicionarios encabezados por el extremeño quizá escucharon el mito religioso de los aztecas, en el que se habla de un lugar rumbo a poniente, donde el Sol se esconde, habitado por las almas de mujeres transformadas en diosas por haber muerto en su primer parto. Las almas de estas mujeres o cihualpipiltin se iban a morar en el Paraíso del Sol, cuya región occidental era llamada Cihuatlampa.

Para la mentalidad todavía medieval de Cortés y otros exploradores de aquel tiempo, no resultó difícil integrar una imagen en la que coincidían los elementos de la California descrita en las novelas mencionadas y los mitos indígenas: isla, ubicación al occidente, mujeres, pariciones y riquezas (representadas éstas por las perlas que llegaron a mencionar los indígenas de la costa occidental). Combinados casualmente con aquellas fantasías, la ambición y los deseos de impresionar favorablemente al emperador, forjaron en la mente de los aventureros hispanos que se adentraban desde el Mar del Sur, la imagen de una isla rica en perlas y oro a semejanza de aquella mítica ínsula de "Las Sergas".


UNA ISLA QUE NO FUE TAL
Si Hernán Cortés figura en la Historia como el descubridor de California, él no llegaría a bautizar las tierras que según Cédula Real le pertenecían. Al desembarcar el 3 de mayo de 1535 en las proximidades de la actualmente ciudad de La Paz, nombrando el lugar como Bahía de la Santa Cruz. No fue sino al regreso de los viajes que se hicieron por el territorio cuando los soldados y marinos empezaron a emplear la palabra California para nombrar las inhóspitas tierras cuya exploración iniciaban; en tono burlesco, con sorna e ironía, pues la desnudez de sus montañas, la aridez general de la tierra casi siempre desértica, y la ausencia no ya de ciudades sino de siquiera modestas aldeas, contrastaban con las supuestas riquezas y generosidad de la fabulosa isla, en clara alusión a "Las sergas de Esplandián", novela de caballerías tan en boga por esos años. Algún escritor de la época cita como posible autor/iniciador del mote a un tal Alarcón (quizá Fernando de Alarcón), con el objeto de mofarse de Cortés por haber fracasado en su tercer viaje de exploración, cuando infructuosamente trató de establecer una colonia en la Bahía de la Santa Cruz.
De cualquier forma, el jocoso apodo brotó inicialmente de la tropa con un sentido despreciativo y chocarrero. La tierra que había prometido infinidad de goces y riquezas, sólo dio sinsabores, hambre y muerte. Para 1540, las abandonadas tierras en torno a la bahía fueron comunmente denominadas California, pero el nombre se fue haciendo extensivo a toda la península, llegando a englobar con el paso de los años a otras regiones ignotas del norte, el Nuevo México y el país de los apaches, la Apachería.

El término 'isla' de California hace referencia al error cartográfico del siglo XVI, que suponía a la península de California (hoy Baja California) separada del resto de América del Norte por un supuesto estrecho, en realidad el Golfo de California. Se trata de uno de los errores cartográficos más importantes de la Historia, siendo ampliamente difundido en mapas de los siglos XVII y XVIII, pese a que algunas exploraciones ya habían aportado pruebas que contradecían que California fuese una isla, como la temprana expedición de Francisco de Ulloa en 1539-40. Este error está muy ligado a la creencia de la existencia del Estrecho de Anián, un supuesto estrecho que conectaria el Pacífico con el Golfo de San Lorenzo.

Para 1542, Juan Rodríguez Cabrillo recorrió de sur a norte el Golfo de California, descubriendo que no era tal isla, sino una península. Adentrándose más al norte, exploró y nombro las tierras descubiertas como Alta o Nueva California en oposición a la Vieja California, así como la desembocadura de un río al que por el color de sus aguas nombró 'Colorado'. California había sido bautizada por muchas casualidades y finalmente por un error, puesto que su insularidad quedó descartada.

EL DEVENIR DE LAS CALIFORNIAS
La zona estaba habitada debilmente por nativos americanos hasta las primeras incursiones europeas del siglo XVI. España colonizó las áreas de la costa en 1769, estableciendo una sucesión de haciendas y misiones que otorgaron entidad y población al territorio, antes de que éste pasara a formar parte de México tras su independencia en 1821.

California fue parte del territorio mexicano hasta la guerra entre México y Estados Unidos de 1846-1848. Al término de esta guerra de conquista y como condición para la paz, la República Mexicana fue obligada a vender el territorio de Alta California a los Estados Unidos por el Tratado de Guadalupe-Hidalgo.

'La Fiebre del Oro' en el período 1848-1849 provocó una inmigración de 90.000 estadounidenses procedentes del resto del país, la hicieron visible y reconocible ante el mundo. Finalmente, California se convirtió en el 31º estado de los Estados Unidos en 1850. Hoy, (Alta) California cuenta con una población de 38 millones de habitantes y ocupa una superficie de 410.000 km², consolidado como el estado más poblado de Estados Unidos y el tercero con mayor extensión, después de Alaska y Texas.

La pujanza y los logros del estado norteamericano, así como el nuevo 'dorado' explotado por la industria cinematográfica al radicar en la cálida California sus famosos estudios y producciones (Hollywood, 'la Meca del Cine'), terminaron mostrándola como un paradigma más del sueño americano, olvidando su condición de territorio segregado y otorgándole una personalidad e identidad exclusivas.

La otra California, la original, la primera California, es la que actualmente sigue perteneciendo a México. Como es sabido, la Historia la escriben los vencedores, y la terminología anglosajona ha determinado de referirse a ella solo como 'Baja' o Península de Baja California, por ejemplo. Una nomenclatura tan asumida como propia que ha llevado desde la actual denominación de los estados mexicanos que integran la península (Estado de Baja California Norte y Estado de Baja California Sur), hasta olvidar la forma correcta de hacer referencia a sus accidentes geográficos, ya sean Península o Golfo de California, por la empleada habitualmente con el prefijo de Baja, que hace soslayar su condición de territorio originario.



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