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Lo más reciente sobre Editorial


Me levanté temprano, tomé un café cargado en la cafetería del hotel y me dirigí ansioso hacia la estación. Desfilé ante la taquilla junto a una legión de inmigrantes abigarrados de equipaje, saqué un billete y subí a un autobús con destino al desierto. 

Una vez en marcha, desde la ventanilla fui viendo despertar la ciudad, cómo se desperezaba el tráfico y las luces ámbar de la capital quedaban atrás. La piel agreste de aquella costilla española comenzó a cubrir el trayecto, salpicado de caravanas de viajeros, caseríos blancos y empalizadas de plásticos. Por momentos costaba distinguir el mar a lo lejos, del tapiz plateado de las plantaciones. Poco a poco el bus tomó altura, dejó la costa a la espalda y se internó entre sierras calvas y palmitos. El desierto se anunciaba en cada curva y el corazón me palpitaba emocionado.

Entonces, inmerso en el paisaje de mis sueños, tomé cuenta y dudé si aquel podría ser el principio o el final de algo, como anticipando una dulce decepción. Enfrentado a la fantasía no habría otro sino que vivir la realidad. Aquel viaje a La Meca ocuparía bien cierto un lugar en lo profundo de la memoria, pero también podría resultar el soplo que despejase de una vez todas las trampas del solitario. Volver a levantar la vista y ser fiel a uno mismo serían enseñanzas propias del Bautista y las arenas de Yucca City mis aguas del Jordán. La resolución con que los tallos de las pitas se erguían desde las cunetas pareció darme la razón.


Mi estancia en Yucca City no resultó tan esclarecedora, sin embargo. Empolvé mis botas sobre sus calles vacías, sentí crujir a mis pasos la madera que da forma a los sueños y palpé rancios vestigios del pasado sobre pasquines descoloridos. Mas todo fue en vano. Después de deambular de un lado a otro de aquel trampantojo, la magia se disipó como la polvareda tras la marcha del autobús.

Fumando un cigarrillo junto al patíbulo, contemplando los vaivenes de su soga raída al compás del Poniente, caí en la cuenta de que hay sueños tan maravillosos que no merecen ser cumplidos.








Abril de 2017 ha dado paso a una nueva época en Alma de Frontera. Después de un prolongado silencio por el imperativo de mayores propósitos, y superado el debate entre liquidar la bitácora o asumir el esfuerzo de darle nuevos aires, este blog pone de nuevo un pie en el estribo. Como equipaje, con mejor o peor acierto, Alma de Frontera acumula más de 80 entradas y más de 150.000 páginas vistas. Sin despreciar la atención de cierto número de seguidores, cuya paciencia ante el secarral de novedades es digna del mejor empeño.

Editar un blog personal es tarea laboriosa y poco reconfortante, más allá de un liviano masaje para el ego. Nada recomendable si se anda escaso de horas que dedicarle o quiere componerse con gusto y pasión por el detalle. Siempre, procurando que todos los elementos sirvan al conjunto para no defraudar a lectores y navegantes. Difícil reto, cuando la inmediatez de las redes sociales hace tiempo que desbancó a los blogs, pero asumible si hay interés por contar algo, una mínima mano con las letras y redaños para encararlo.




Tomada la determinación, nada más estimulante para un nuevo comienzo que un cambio de diseño. El punto de partida ha sido conseguir una plantilla con apariencia de magazine, más moderna y amena a la navegación. Ha costado encontrarla y adaptarla, pero el resultado salta a la vista. La nueva plantilla da frescura a la web y otorga mayor vistosidad al contenido, mientras los nuevos menús favorecen una navegación más intuitiva.

Alma de Frontera dispone ahora de un menú de cabecera con las secciones organizadas a modo de revista, encabezadas por la página principal, Portada. Al precio de relegar las nuevas entradas a la sección de Actualidad o Bitácora, el lector puede acceder a todas las categorías y post más relevantes de un sólo vistazo y sin salir de la página. Carruseles temáticos, artículos destacados, miniaturas, secciones, archivos del blog, actualizaciones y perfiles sociales, todos invitan a navegar entre los diferentes artículos, comentarlos o a suscribirse.

Además de estos cambios se pretende dar al blog un planteamiento ligeramente distinto, más conciso, más personal si acaso. Un rumbo que sólo podrá ser confirmado por la sucesión de entradas al paso del tiempo. Tal como ha sido desde hace más de un lustro, sólo el tiempo determinará la continuidad o abandono de Alma de Frontera. Es la ley de los blogs.

Desde que a finales de verano de 2011 empezase a rodar en la Blogosfera, Alma de Frontera inicia su tercera época en la primavera de 2017 para hacerle partícipe de "Una Historia Americana", una visión absolutamente subjetiva del autor de estas líneas sobre historias y personajes ineludiblemente norteamericanos. En este desafío, su lectura, el soporte de su suscripción y sus comentarios, habrán hecho valer todo el trabajo y la ilusión empleados.

¡Únase al convoy!. ¡Emprendamos juntos la ruta hacia los horizontes lejanos de la Frontera!.






Mi chico ha llegado a casa hoy con una moto Chopper, una motocicleta de esas que dejan atrás colinas y desiertos, devorando millas de carreteras solitarias barridas por el viento. Una máquina fascinante, grácil al tiempo que robusta, de deslumbrantes cromados y tierno ronrroneo, una delicia para la imaginación y los sentidos.

Tras la sorpresa inicial, una sensación que creí olvidada me ha recorrido con escalofrío. Al instante, he reaccionado y tratado de hacerle entender que si sigue por ese camino acabará convertido en una oveja negra. 


No es algo fácil de trasladar. Intentaré explicarme mejor a través del siguiente vídeo:





No sé. Aún no estoy seguro de haberle hecho comprender el verdadero significado de cuanto intento transmitirle. Más al contrario, puede entender con ello sólo una pura anécdota, algo que no compromete, una experiencia formidable, liviana y pasajera.

...como una custom, deslizándose rauda por la alfombra de asfalto, indiferente a la mirada de todos; como una esbelta águila de acero, sorteando valles y colinas con aplomo, directa al encuentro de nuevos horizontes...



...impulsada por un potente sentimiento de libertad anclado en lo más profundo del alma...



Al final me ha convencido. Ahora estoy deseando desempolvar y calzar mis viejas botas, rescatar del armario la chupa de cuero y rodar legendariamente hasta el ocaso.

¡Se me olvidaba!. Estos son mi nene y su moto, ¿a que dan envidia?.





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