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enero 2013



Pocos procesos históricos son capaces de aglutinar una aureola tan mítica y favorable como el ansia de libertad que prendió mecha a la Revolución Mexicana

Un legítimo empeño de dignidad, trabajo y justicia social impulsado por varios movimientos socialistas, liberales, anarquistas, populistas y agrarios, que derivó desde la oposición contra el orden establecido hacia violentas luchas por el poder para acabar transformado en una larga guerra civil. Un extenuante proceso que vino a costar en torno a un millón de vidas humanas y no se cerró formalmente hasta la década de los 40. A cuenta de la persistencia de algunas de aquellas desigualdades hay quien afirma que todavía está en marcha... 

De lo que no hay duda es que constituyó la implosión del régimen dictatorial de Porfirio Díaz por una sucesión de breves presidencias, levantamientos, planes, liderazgos y sangrías que llevaron a México desde la tiranía del dictador omnímodo a la 'modernidad' del partido único, el PRI, que acapararía el poder hasta casi terminar el siglo XX. Además de alumbrar una cosmografía mesiánica en torno al caudillaje y los procesos revolucionarios que ha dejado honda huella y aún hoy impregnan el imaginario colectivo de Hispanoamérica.

30 Años de PORFIRIATO
La Revolución llegó a México para poner fin a un insoportable sistema de opresión y desigualdades sociales, tras un siglo de independencia en el que las oligarquías agrarias y el concurso de las potencias industriales extranjeras habían perseverado en la servidumbre del pueblo y la corrupción institucional. Desde 1876 el general oaxaqueño Porfirio Díaz, antiguo héroe de la Guerra de la Intervención Francesa, imponía una férrea dictadura. No obstante, durante los últimos 30 años México experimentó cierto crecimiento económico, fruto de la estabilidad política proporcionada por el dictador, el expolio de las materias primas y la explotación de los estratos más desfavorecidos de la sociedad, para beneficio de una minoría de aristócratas del régimen y familias de potentados rurales.

La ausencia de democracia y cauces representativos, la injusta distribución de la tierra y riquezas del país, la explotación sistemática de los trabajadores, la corrupción política y administrativa y hasta el estancamiento cultural de México, convergieron para que los círculos opositores al régimen porfirista depositasen sus esperanzas en la candidatura de Francisco I. Madero, un hacendado de Coahuila fundador del Club Democrático Benito Juárez y autor del libro 'La sucesión Presidencial en 1910'

Por su parte Díaz, embargado por salvar su larga trayectoria dictatorial trataba de asimilar el sentimiento popular en México, al comprometerse públicamente a permitir la creación de partidos políticos que presentasen candidatos a la elección de un nuevo presidente en los comicios previstos para junio de 1910, anunciando que no presentaría su reelección. Madero aprovechó esta postura de Porfirio Díaz y realizó diversas giras en el país con idea de formar un partido político que eligiera a sus candidatos en una asamblea nacional y compitiera en las elecciones. Tras la fundación de su propio partido se postuló como presidente y candidato del mismo, adoptando la postura Antirreeleccionista, en contraposición al partido Reeleccionista organizado por Díaz, quien ya se había desdicho de sus primeras intenciones para volver a optar a la Presidencia de la República.

A continuación, poco antes de las elecciones, Madero fue arrestado por sedición acusado de haber pronunciado un discurso injuriando al Presidente. Fue encarcelado en Monterrey y posteriormente trasladado a San Luis Potosí. Con Madero fuera del escenario Porfirio Díaz no tuvo inconveniente alguno para salir reelegido Presidente de México. Solo después sería puesto en libertad bajo fianza con la prohibición de abandonar el país. Pero a principios de octubre Francisco Madero logró escapar a San Antonio, Texas, donde reunió a partidarios y allegados, y lanzó el manifiesto conocido como Plan de San Luis Potosí, denunciando el fraude electoral, desconociendo los poderes constituídos y convocando al pueblo a la insurrección armada, además de exhortar a la sublevación al Ejército Federal para derrocar al sátrapa. La fecha señalada fue el 20 de noviembre de 1910


La hora de MADERO
El primer episodio armado de la insurrección tuvo lugar el 18 de noviembre cuando Aquiles Serdán, encargado por parte de Madero de organizar la Revolución en Puebla, fue detectado y rodeado en su casa por un ejército de 500 soldados, a cuyo asalto resistió hasta la muerte. A pesar de este revés la Revolución logró prender en Chihuahua, asumida por las clases populares y las zonas rurales, para extenderse luego a los estados vecinos de Sonora, Durango y Coahuila

Tras varias batallas entre las tropas del régimen y los sublevados, Porfirio Díaz fue derrotado y, alarmado por las proporciones tomadas por la revuelta, intentó negociar sin éxito. Cuando los revolucionarios tomaron Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos, el viejo dictador buscó salvar una salida honrosa presentando su renuncia, abandonando el país y exiliándose en Francia.

Después de seis meses de lucha la revolución maderista había triunfado. Madero, apoyándose en los Tratados de Ciudad Juárez, negoció el poder colocando en el gobierno interino a varios de sus hombres y convocó las siguientes elecciones para 1911. Como Madero no deseaba incurrir en ninguna ilegitimidad decidió que Francisco León de la Barra fuese nombrado Presidente Interino hasta su previsible triunfo, aunque este interinato sólo provocó discordias entre algunos revolucionarios. 

Comitiva triunfal de Madero

Al cabo de la insurrección contra la dictadura y la reelección de Díaz, la revuelta surgida como única opción del movimiento Antirreeleccionista, urbano y de clase media, había derivado en rebelión popular y rural, dando voz a nuevos líderes ajenos a la disputa política pero encandilados por una rápida victoria y seducidos por el poder y la diplomacia de las armas. Personalidades como Pascual Orozco (arriero comerciante) Francisco Villa (bandolero y buscavidas) o Emiliano Zapata (domador de potros y jornalero), entre otros, levantaron el entusiasmo de rancheros, vaqueros, mineros, artesanos, campesinos, obreros o indígenas, de un lado a otro del país, la mayoría con muy poco en común con la figura del acomodado Madero. 

Así, Francisco I. Madero resultó vencedor en las elecciones y tomó el poder, en medio de fuertes tensiones disgregadoras. Las discordancias revolucionarias comenzaron a enfatizarse a escasos veinte días de haber accedido a la Presidencia. Como para Madero la Revolución no podía apartarse del camino trazado por la Ley y sólo mediante ella deberían encauzarse los problemas de la nación, exigió que se depusieran las armas, lo que soliviantó al líder mestizo Zapata de una causa que sentía traicionada. Emiliano Zapata se negó a licenciar a sus tropas sin que Madero asumiese primero sus condiciones. Al frente de su Ejército Libertador del Sur lanzó el grito de “Tierra y Libertad” y el Plan de Ayala, argumentando que el primer punto a resolver era la reforma agraria y el reparto de tierras. El Presidente envió al Ejército Federal contra Zapata, advertido de no excederse en la represión.

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