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julio 2012


Hay algo más allá de las pintorescas estampas que el western nos brindó de los aborígenes norteamericanos. Guerreros tenaces en la batalla, orgullosos, incólumes y sufridos en la derrota; su filosofía de profundo respeto por la naturaleza es un clásico de la conciencia medioambiental a través de la Historia. Esa cosmografía indígena, articulada además en torno al respeto a sus ancestrales tradiciones y su dignidad de hombres libres, se evidencia en sus proclamas, comentarios y proverbios, con el valor añadido de la lucidez crítica de quien afronta su destino.

En momentos en que el poder y el dinero medran para sojuzgar la libertad y el futuro de los ciudadanos, tal vez venga bien tener presente algunas de las frases que nos legaron los míticos Jefes Indios de Norteamérica, enfrentados al reto de la supervivencia mientras su mundo desaparece irremisiblemente. Rezuman sinceridad, autenticidad, amor por la vida y redaños para encarar la adversidad. 

Detrás de este discurso vital, sus palabras pueden ayudar a tomar conciencia y no olvidarnos de quienes somos, a mantenernos vigilantes y retomar el camino de la dignidad, frente a la invitación a claudicar formulada por la codicia de poderes oscuros. En verdad conmueve la entereza de aquellos líderes. Llama la atención que ninguno fue sorprendido jamás en corruptelas o fraudes, ni aceptó con indiferencia la ruina de su pueblo. 


"Nuestro pueblo se derrite como la nieve en las laderas de las colinas al calor del sol, mientras que los miembros de vuestro pueblo brotan de la tierra como los tallos de hierba en primavera."

"No queremos riqueza. Queremos educar a nuestros hijos correctamente. La riqueza no nos hará bien. No podemos llevarla al otro mundo. No queremos riqueza. Queremos paz... y amor."

Mahpiua Luta, 'Red Cloud' ('Nube Roja'), Jefe sioux Dakota (1822-1909).

"El hombre blanco sabe cómo hacer todo, pero no sabe cómo distribuirlo."


"Si el gran Espíritu hubiera deseado que yo fuera un hombre blanco me habría hecho blanco... ¿Es un agravio amar a mi pueblo?, ¿soy malvado porque mi piel es roja?... ¿porque soy un sioux?. Dios me hizo un indio."


"El Gran Espíritu nos dio esta tierra y aquí estamos en casa. No quiero que roben a mi pueblo... quiero que todos sepan que estoy en contra de cualquier venta de nuestra tierra."

Tatanka Yotanka, 'Sitting Bull' ('Toro Sentado'), Jefe Sioux Hunkpapa (1837-1890).
 

"Sólo había una condición para poder alcanzar la paz. Ambos líderes, blanco y piel roja, debían ostentar la misma posición. Pero los blancos no estaban dispuestos a ceder..."
Pontiac, Jefe Ottawa (1720-1769)
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"Continuad contaminando y corrompiendo vuestro lecho y cualquier noche moriréis ahogados en vuestra propia suciedad. Eso sí..., caminaréis hacia la extinción rodeados de gloria y espoleados por la creencia en un Dios que os da poder sobre la Tierra y sobre los demás hombres. Cuando todos los búfalos se hayan ido, los caballos salvajes hayan sido domados, el rincón más secreto del bosque invadido por el ruido de la multitud y la visión de las colinas esté manchada por los alambres parlantes, cuando desaparezca la espesura y el águila se extinga, habrá que decir adiós al caballo veloz y a la caza."
Jefe Seattle, Jefe de los Suquamish (¿1.786? -1.866). 

"No creo que la medida de una civilización sea cómo de altos son sus edificios de cemento sino cómo de bien ha aprendido su gente a relacionarse con su entorno y sus semejantes."
'Sun Bear', Jefe Chippewa.
 
 
"En ausencia de lo sagrado, nada es sagrado. Todo es para la venta."

"Puedo decir ahora mismo que no hay secretos, no hay misterios, solo hay sentido común."

Oren Lyons, Onondaga.
 

"Dejar las escopetas y las espadas, la causa de toda nuestra envidia, o podeis morir de la misma manera." 

"No haces preguntas mientras creces. Observas, ves, escuchas, esperas y la respuesta llega por si misma."
 
Wahunsonacock.

"Uno no vende la tierra sobra la cual la gente camina."

"¡Ho-ka hey! ¡Es un buen día para pelear! ¡Es un buen día para morir! ¡Corazones fuertes, corazones valientes, al frente! Corazones débiles y cobardes, a la retaguardia."

'Crazy Horse' ('Caballo Loco'), Oglala Lakota (1849-1877).

"No existe otro clima o suelo como el de Arizona. Es mi tierra, mi casa, la tierra de mi padre, a la que ahora no me dejan volver. Quiero terminar allí mis días, y ser enterrado entre aquellas montañas."
Gerónimo, Apache Chiricahua (1829-1909).

"Ninguna tribu puede vender la tierra. ¿No lo hizo todo el Gran Espíritu para el uso de sus hijos?. La única salida es que los piel rojas se unan para tener un derecho común e igual en la tierra, como siempre ha sido, porque no se dividió nunca."
Tecumseh, Jefe Shawne (1768-1813).
 

"No queremos escuelas... nos enseñarán a tener iglesias. No queremos iglesias... nos enseñarán a reñir sobre Dios. No queremos aprender eso. Podemos reñir con los hombres a veces sobre las cosas de esta tierra. Pero nunca reñimos sobre Dios. No queremos aprender eso."

"El hombre blanco no tiene ningún derecho de venir sencillamente aquí y quitarnos nuestras tierras. Este territorio ha pertenecido siempre a nuestra tribu... Nosotros estamos contentos y felices con que se nos deje en paz. La reserva Lapwai es demasiado pequeña para nuestra mucha gente y todo su ganado."


"Déjenme ser un hombre libre. Libre para viajar o quedarme, para trabajar, para comerciar donde escoja, libre para elegir a mis propios maestros, para seguir la religión de mis padres, libre para pensar, hablar y actuar por mí mismo."


"La tierra es la madre de todas las personas, y todas las personas deben tener derechos iguales en ella."

Hinmah Too Yahlahket ('Jefe Joseph'), Jefe Nez percé (1840-1904). 

"Debemos proteger los bosques para nuestros hijos, nietos y los que aún han de nacer. Debemos proteger los bosques para aquellos que no pueden hablar por sí mismos, como los pájaros, animales, peces y árboles."
Qwatsinas, de la nación Nuxalk.
 
"Nuestros antepasados eran maestros en el arte de controlar la naturaleza, simplemente porque sólo tomaban lo que necesitaban y nada más que eso. Ahora, en el mundo en que vivimos, todos toman todo lo que pueden agarrar y, espero estar equivocado, nos dirigimos hacia una situación desastrosa."
Norton Rickard, Tuscarora.


"Mis palabras van unidas a las grandes montañas, a las grandes rocas, a los grandes árboles, unidas a mi cuerpo y a mi corazón. Todos me ayudáis con fuerza sobrenatural, y tu, dia, y tu, noche ¡Todos me habéis unido a este mundo!." 
Oración Yokuts.

"Cuantas más cosas sepas, más grande será tu confianza y más pequeño tu miedo."
Oración Medewiwin.
 

"Hay cosas que atraen la mirada, pero persigue sólo aquellas que te roben el corazón."

"La tierra te oye. El cielo y la montaña te ven. Si lo crees, llegarás a viejo."

"Reconoce que las cosas de la naturaleza son como las personas. Habla con los tornados. Habla con el trueno. Son tus amigos, te protegerán."

Anónimos.

"Una nación no es conquistada hasta que los corazones de sus mujeres están en el suelo. Entonces está acabada, no importa cuan bravos son sus guerreros ni como de fuertes son sus armas."
Proverbio Cheyenne.
 

"El sapo no bebe toda el agua de la laguna en la que vive."
Proverbio Sioux
Teton.



En Congreso, 4 de julio de 1776. 
Declaración unánime de los trece Estados Unidos de América.





"Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro y tomar entre las naciones de la tierra el puesto separado e igual a que las leyes de la naturaleza y el Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.

Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que no se cambie por motivos leves y transitorios gobiernos de antiguo establecidos; y, en efecto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a padecer, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia aboliendo las formas a que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, demuestra el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y establecer nuevos resguardos para su futura seguridad

Tal ha sido el paciente sufrimiento de estas colonias; tal es ahora la necesidad que las obliga a reformar su anterior sistema de gobierno. La historia del actual Rey de la Gran Bretaña es una historia de repetidos agravios y usurpaciones, encaminados todos directamente hacia el establecimiento de una tiranía absoluta sobre estos estados. Para probar esto, sometemos los hechos al juicio de un mundo imparcial:
Ha rehusado asentir a las leyes más convenientes y necesarias al bien público de estas colonias, prohibiendo a sus gobernadores sancionar aun aquellas que eran de inmediata y urgente necesidad a menos que se suspendiese su ejecución hasta obtener su consentimiento, y estando así suspensas las ha desatendido enteramente.
Ha reprobado las providencias dictadas para la repartición de los distritos de los pueblos, exigiendo violentamente que estos renunciasen el derecho de representación en sus legislaturas, derecho inestimable para ellos y formidable sólo para los tiranos. 
Ha convocado cuerpos legislativos fuera de los lugares acostumbrados y en sitos distantes del depósito de sus registros públicos, con el único fin de molestarlos hasta obligarlos a convenir con sus medidas, y cuando estas violencias no han tenido el efecto que se esperaba, se han disuelto las salas de representantes por oponerse firme y valerosamente a las invocaciones proyectadas contra los derechos del pueblo, rehusando por largo tiempo después de desolación semejante a que se eligiesen otros, por lo que los poderes legislativos, incapaces de aniquilación, han recaído sobre el pueblo para su ejercicio, quedando el estado entre tanto, expuesto a todo el peligro de una invasión exterior y de convulsiones internas.
Se ha esforzado en estorbar los progresos de la población en estos estados, obstruyendo a este fin las leyes para la naturalización de los extranjeros, rehusando sancionar otras para promover su establecimiento en ellos y prohibiéndoles adquirir nuevas propiedades en estos países.
En el orden judicial ha obstruido la administración de justicia, oponiéndose a las leyes necesarias para consolidar la autoridad de los tribunales, creando jueces que dependen solamente de su voluntad, por recibir de él el nombramiento de sus empleos y pagamento de sus sueldos, y mandando un enjambre de oficiales para oprimir a nuestro pueblo y empobrecerlo con sus estafas y rapiñas.
Ha atentado a la libertad civil de los ciudadanos, manteniendo en tiempo de paz entre nosotros tropas armadas sin el consentimiento de nuestra legislatura, procurando hacer al militar independiente y superior al poder civil, combinando con nuestros vecinos, con plan despótico para sujetarnos a una jurisdicción extraña a nuestras leyes y no reconocida por nuestra constitución, destruyendo nuestro tráfico en todas las partes del mundo y poniendo contribuciones sin nuestro consentimiento, privándonos en muchos casos de las defensas que proporciona el juicio por jurados, transportándonos mas allá de los mares para ser juzgados por delitos supuestos, aboliendo el libre sistema de la ley inglesa en una provincia confinante, alterando fundamentalmente las formas de nuestros gobiernos y nuestras propias legislaturas y declarándose el mismo investido con el poder de dictar leyes para nosotros en todos los casos, cualesquiera que fuesen.
Ha abdicado el derecho que tenía para gobernarnos, declarándonos la guerra y poniéndonos fuera de su protección, haciendo el pillaje en nuestros mares, asolando nuestras costas, quitando la vida a nuestros conciudadanos y poniéndonos a merced de numerosos ejércitos extranjeros para completar la obra de muerte, desolación y tiranía comenzada y continuada con circunstancias de crueldad y perfidia totalmente indignas del jefe de una nación civilizada.
Ha compelido a nuestros conciudadanos hechos prisioneros en alta mar, a llevar armas contra su patria, constituyéndose en verdugos de sus hermanos y amigos, excitando insurrecciones domésticas y procurando igualmente irritar contra nosotros a los habitantes de las fronteras, los indios bárbaros y feroces cuyo método conocido de hacer la guerra es la destrucción de todas las edades, sexos y condiciones.
En cada etapa de estas opresiones, hemos pedido justicia en los términos más humildes: a nuestras repetidas peticiones se ha contestado solamente con repetidos agravios. Un Príncipe, cuyo carácter está así señalado con cada uno de los actos que pueden definir a un tirano, no es digno de ser el gobernante de un pueblo libre.

Tampoco hemos dejado de dirigirnos a nuestros hermanos británicos. Los hemos prevenido de tiempo en tiempo de las tentativas de su poder legislativo para englobarnos en una jurisdicción injustificable. Les hemos recordado las circunstancias de nuestra emigración y radicación aquí. Hemos apelado a su innato sentido de justicia y magnanimidad, y los hemos conjurado, por los vínculos de nuestro parentesco, a repudiar esas usurpaciones, las cuales interrumpirían inevitablemente nuestras relaciones y correspondencia. También ellos han sido sordos a la voz de la justicia y de la cosanguinidad. Debemos, pues, convenir en la necesidad que establece nuestra separación y considerarlos como consideramos a las demás colectividades humanas: enemigos en la guerra y amigos en la paz.

Por lo tanto, los Representantes de los Estados Unidos de América, convocados en Congreso General, apelando al Juez Supremo del mundo por la rectitud de nuestras intenciones, en nombre y por la autoridad del buen pueblo de estas Colonias, solemnemente hacemos público y declaramos: Que estas Colonias Unidas son, y deben serlo por derecho, Estados Libres e Independientes; que quedan libres de toda lealtad a la Corona Británica, y que toda vinculación política entre ellas y el Estado de la Gran Bretaña queda y debe quedar totalmente disuelta; y que, como Estados Libres o Independientes tienen pleno poder para hacer la guerra, concertar la paz, concertar alianzas, establecer el comercio y efectuar los actos y providencias a que tienen derecho los Estados independientes.
Y en apoyo de esta Declaración, con absoluta confianza en la protección de la Divina Providencia, empeñamos nuestra vida, nuestra hacienda y nuestro sagrado honor". 


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