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Me levanté temprano, tomé un café cargado en la cafetería del hotel y me dirigí ansioso hacia la estación. Desfilé ante la taquilla junto a una legión de inmigrantes abigarrados de equipaje, saqué un billete y subí a un autobús con destino al desierto. 

Una vez en marcha, desde la ventanilla fui viendo despertar la ciudad, cómo se desperezaba el tráfico y los ámbares de la capital quedaban atrás. La piel agreste de aquella costilla española comenzó a rodear el trayecto, salpicado de caravanas de viajeros, caseríos blancos y empalizadas de plásticos. Por momentos costaba distinguir el mar del tapiz plateado de las plantaciones. Poco a poco el bus tomó altura, dejó la costa a la espalda y se internó entre sierras calvas y palmitos. El desierto se anunciaba en cada curva y el corazón me palpitaba emocionado.

Entonces, inmerso en el paisaje de mis sueños, tomé cuenta y dudé si aquel podría ser el principio o el final de algo, como anticipando una dulce decepción. Enfrentado a la fantasía no habría ya otra forma de vivir la realidad. Aquel viaje a La Meca ocuparía bien cierto un lugar en el fondo de la memoria, pero también podría resultar el soplo que despejase todas las trampas en el solitario. Volver a levantar la vista y ser fiel a uno mismo serían enseñanzas propias del Bautista y las arenas de Yucca City mis aguas del Jordán. La afirmación de los tallos de las pitas sucediéndose en las cunetas pareció darme la razón.





Mi estancia en Yucca City no resultó tan esclarecedora como intuía. Empolvé mis botas sobre sus calles vacías, sentí crujir a mis pasos la madera de la que están hechos los sueños y palpé los vestigios del trampantojo en descoloridos pasquines. Todo fue en vano. La magia se disipó como la polvareda tras la marcha del autobús.

Mientras liaba un cigarrillo recostado sobre el patíbulo, contemplando los vaivenes de su soga raída al compás del Poniente, caí en la cuenta de que hay sueños tan maravillosos que no merecen ser cumplidos.





En las soledades de algunos de los estados más salvajes de Norteamérica, subsisten aún hoy algunos hombres viviendo en contacto y desafiando a la naturaleza. La mayoría se gana la vida como tramperos, dedicándose a la caza para abastecerse de alimento y pieles que vender al final de la temporada. Otros son rancheros, alternando sus faenas propias con la ayuda a otros ganaderos de la zona, mientras que otros han optado por abandonar la vida en comunidad para habitar una propiedad en la montaña. Todos comparten el desafío ante el peligro, la adversidad, la fuerzas de la naturaleza y la precariedad de sus recursos. Son tipos sencillos pero duros, humildes por que saben de su pequeñez ante el medio que les rodea y al mismo tiempo orgullosos de su forma de vida y los retos que deben afrontar cada día. Son los montañeses, los últimos Mountain Men.


"EN LAS MONTAÑAS EL HOMBRE NO ESTÁ EN LO ALTO DE LA CADENA ALIMENTICIA. 
ALGUNAS IMÁGENES PUEDEN SER PERTURBADORAS. 
LOS ESPECTADORES ESTÁN AVISADOS".




Durante algún tiempo la televisión dejó de ser terreno favorable a la aventura, más allá de la ficción o el relato de la violencia. Bajo el nuevo formato de telerealidad adoptado por muchas series documentales, la aventura regresa a la pequeña pantalla para llevar a los hogares la vivencia personal de mineros, comerciantes y cazadores, comunmente inmersos en un entorno natural hostil y poco humanizado. La joya de todas estas producciones ha sido ofrecida en España por el canal Mega de Atresmedia: la serie documental Mountain Men.

Mountain Men hace honor al mito de la última frontera con el retrato costumbrista de algunos hombres que luchan y sobreviven en las montañas más remotas de Estados Unidos. Enfrentados a los rigores de la naturaleza y el aislamiento para ganarse la vida, la tenacidad y aventuras de estos hombres logran atravesar la pantalla y conmovernos. La producción cuenta para ello con los méritos de una realización magnífica e imperceptible, una fotografía espectacular que se recrea en la exposición del ecosistema y una narración que alcanza notas épicas con el enunciado de datos y propósitos, imprescindible en la navegación a través de los personajes y la comprensión de sus retos. Por si fuera poco, suma además el bellísmo y evocador escenario de los bosques y cordilleras de América del Norte, el antagonista de sus vidas, primer y último personaje de la serie: la madre naturaleza.




Galería de Montañeros

Mountain Men es un retrato de frontera y un compendio de lecciones vitales en forma de docudrama. Un testimonio del presente que puede ayudarnos a entender cómo era la vida en el pasado y cómo se sobrevive aprovechando los recursos de la naturaleza, antes de que todo estuviera a golpe de click. Tal es el caso de Eustace Conway.

Eustace Conway compró a crédito una propiedad en las montañas Blue Ridge en Carolina del Norte, que él llama Isla Tortuga y donde se afana en vivir de lo que caza o cría, al tiempo que edifica un aserradero. Antiguo territorio cherokee y más tarde escenario de escaramuzas durante la Guerra Civil Americana, esta zona de los Apalaches no está demasiado alejada del mundo civilizado, pero ofrece bosques densos, pequeños valles y unos paisanos anclados en la tradición y la fe en su propio esfuerzo.

En lo profundo de las Blue Ridge, el montaraz Eustace abandona su imagen de pacífico hippie sesentero, para convertirse en un agraviado colono y defender rifle en mano su propiedad ante cazadores o leñadores furtivos, cuando no pelea contra la escasez y la amenaza del embargo vendiendo la madera de su finca. Siempre con la ayuda de su buen amigo, el inmutable y socarrón Preston Roberts.


A tres mil quinientos kilómetros al noroeste, en el valle del Yaak en Montana, un avejentado trampero y exvaquero de rodeo llamado Tom Oar reside junto a su esposa Nancy y su perra "Ellie". Esta pareja bien entrada en la sesentena debe hacer frente al invierno de siete meses de esta zona de las Montañas Rocosas, mientras sobrevive confeccionando artesanía y poniendo trampas para castores a lo largo del río, entre manadas de lobos y osos que deambulan por el territorio.

Con la estimable ayuda de algunos vecinos, a pie, en canoa o ranchera, Tom recorre distancias hercúleas cada día revisando sus trampas, acosado por los achaques de la edad y su maltrecha rodilla. La peripecia del entrañable y sabio Tom es su debate interior entre la pertenencia a la montaña, la escasez de capturas de cada temporada y la presión de sus hijos para que se traslade con ellos a la cálida Florida. Pero Tom Oar es un montañero, no será fácil que se de por vencido.


También en Montana, unas 400 millas al sur, el valle de Ruby es el hogar de pumas, manadas de lobos y caballos salvajes, y también del intrépido montañero Rich Lewis.

Ayudado por sus perros "Brandy", "Capone", "Turbo" y "Hadget", el duro de Rich se ocupa de proteger de las alimañas a las reses de los ganaderos locales, en particular espantando los pumas que se acercan demasiado a los poblados o dando caza a los lobos hambrientos que en el crudo invierno se internan en el valle.

Rich es un tipo peculiar, hirsuto, de barba recia y gorra marinera, que patrulla por las sierras en una vetusta camioneta de 1956 a la que llama "Wilbur" llevando a sus perros tras la pista de algún puma. El doblaje en España nos ha regalado para Rich una entrañable y personalísima voz ronca que otorga aún más autenticidad a sus andanzas:

"¡Adelante Turbo, cuidado Capone, en marcha, Wilbur!"




Pero si alguien se juega el tipo a diario ese es el trampero Marty Meierotto, quien cada poco deja a su mujer e hija en su casa de un pequeño poblado de Alaska, para partir a bordo de su pequeña avioneta Piper hacia las inmensidades nevadas de las Montañas Revelación. 

Tras mil y una zozobras sorteando vientos, montañas y lugares donde poder aterrizar, Marty debe recorrer centenares de kilómetros con su moto de nieve, poniendo y revisando trampas que le surtan de pieles de martas y linces, con las que mantener a su familia.

Siempre absolutamente solo, haciendo frente a contratiempos y averías de forma autónoma y con escasas opciones, Marty logra sobrevivir a los caprichos del entorno y los peligros propios a su cacería itinerante, ante la impávida y pétrea majestuosidad de las Montañas Revelación en Alaska.

"No estoy aquí por el paisaje -dice- ¡El paisaje es precioso, pero tengo que conseguir pieles!"


Algunos montañeros más pueblan el reality, aunque con historias menos desarrolladas. De entre ellos destacan Kyle Bell, un rastreador, cazador y ranchero, afincado en las latitudes semidesérticas del Valle del Cimarrón, en Nuevo México, de aspecto impactante, trenzas de mestizo y grueso mostacho, afanado por aleccionar a su hijo en las habilidades del rastreo; o Charley Tacker, un neófito que acude a la llamada de la montaña en los sombríos bosques de Maine, como Morgan Beasley lo hace en la Gran Cordillera de Alaska.



Esto es Mountain Men, la serie documental donde montañas y montañeses se nos muestran con todo su rigor y dramatismo: Como cuando Rich pierde a perra "Brandy", su mejor perra rastreadora de pumas, en el ataque de un puma al que desde entonces llamará "Tres Dedos" y al que perseguirá sin descanso por los collados del Valle de Ruby, en Montana; como cuando Kyle enseña a su hijo Ben de sólo 11 años cómo despellejar un bisonte, o como cuando otro día un caballo se le espanta en el corral y accidentalmente atraviesa su pata entre los hierros del cercado. O la intensidad de cualquiera de las angustiosos despegues y aterrizajes de Marty Meierotto en su frágil avioneta, buscando nuevos territorios de caza a través de las Montañas Revelación en Alaska.




No sería justo abordar esta magnífica serie sin mencionar y felicitarnos del brillante doblaje ofrecido por el Canal Mega en España. Desde la pomposa serenidad con que el narrador describe las escenas, a los actores que dan voz a cada uno de los personajes, interpretando las emociones y personalidad de cada montañero de forma magistral -en especial las de Rich, Marty y Tom-, el doblaje de la serie es totalmente acertado.

Mountain Men es una serie del Canal History Channel, estrenada en mayo de 2012. Hasta la fecha en España se han emitido 55 capítulos de 42 minutos, pertenecientes a las 5 primeras temporadas. La sexta temporada acaba de iniciar su emisión en EE.UU.. Un aliciente más para no perderla de vista.

http://www.history.com/shows/mountain-men



Abril de 2017 ha dado paso a una nueva época en Alma de Frontera. Después de un prolongado silencio por el imperativo de mayores propósitos, y superado el debate entre liquidar la bitácora o asumir el esfuerzo de darle nuevos aires, este blog pone de nuevo un pie en el estribo. Como equipaje, con mejor o peor acierto, Alma de Frontera acumula más de 80 entradas, más de 150.000 páginas vistas y un historial íntimo de insoslayables filias y fobias. Sin olvidar la atención de cierto número de seguidores, cuya paciencia ante el secarral de novedades es digna del mejor empeño.

Editar un blog personal es tarea laboriosa y poco reconfortante, más allá de una liviana cura para el ego. Nada recomendable, créame, si anda escaso de horas que dedicarle. Mucho más entretenido aún si trata de componerlo con gusto, pasión por el detalle o necesita documentarse. Ello le exigirá prolongadas jornadas de trabajo y cuidados de alquimista, ideando que todos los elementos sirvan al conjunto para no defraudar la atención de lectores y navegantes. Difícil reto cuando la inmediatez de las redes sociales desbancaron hace tiempo a los blogs en la pugna por los lectores, pero asumible si hay interés por contar algo, una mínima mano con las letras y redaños para encararlo.




Tomada la determinación, nada más estimulante para un nuevo comienzo que un cambio de look. El punto de partida en este blog ha sido reemplazar la anterior plantilla para conseguir una apariencia de magazine, más moderna y amena a la navegación de quienes lo visiten en adelante. Ha sido todo un acierto encontrarla, y costado adaptarla al contenido ya creado, pero ha merecido la pena. La nueva plantilla da frescura a la web y otorga mayor vistosidad al contenido, mientras los nuevos menús favorecen una navegación más intuitiva. Alma de Frontera dispone ahora de su primer menú de cabecera con las secciones a modo de revista, encabezadas por la página principal, Portada. Al precio de relegar las nuevas entradas a la sección de Actualidad o Bitácora, el lector puede acceder, de un sólo vistazo y sin salir de la página a todas las categorías y sus post más relevantes. Carruseles temáticos, artículos destacados, miniaturas, secciones y archivos del blog, además de las actualizaciones de la página de Facebook, nuestro perfil social con más seguidores..., todos invitan a navegar entre los diferentes artículos, comentarlos o directamente a suscribirse. ¡Claro que sí!.

Pero, ¿eso es todo?. Sí  y no, justo lo suficiente. Esta nueva época no traerá cambios importantes en cuanto a lo sustancial del blog, aunque quizás si un planteamiento ligeramente distinto, más conciso, más personal si acaso. Un rumbo que sólo podrá ser confirmado por la sucesión de entradas al paso del tiempo. Y no será acusado por falta de temáticas ni motivos para abordarlas, ni que resulte menos atractiva la historia o la actualidad de Norteamérica, todo lo contrario. Sino que de nuevo el tiempo disponible emitirá su dictado implacable. Ese tiempo frugal y esquivo, distraído para alimentar este relato por entregas que ya supera el lustro. Tal como siempre ha sido, sólo el tiempo tendrá la última palabra para determinar la continuidad o abandono de Alma de Frontera. Así es la ley de los blogs.

Desde que a finales de verano de 2011 empezase a rodar en la Blogosfera, con el subtítulo de "Emociones y Espejismos", y después de pretender una segunda etapa allá por 2014 subtítulada como "Érase Una Vez En Norteamérica", Alma de Frontera inicia su tercera época en la primavera de 2017 para hacerle partícipe de "Una Historia Americana", la visión propia y absolutamente subjetiva de este autor sobre las mil historias de América. En este desafío, me gustaría contar con su lectura y ¡cómo no!, con el soporte de su suscripción y comentarios.

¡Únase al convoy!. ¡Emprendamos de nuevo ruta hacia los horizontes lejanos de la Frontera!.





Un proyecto televisivo logró reunir en 1985 a legendarias figuras del Rock&Roll que reconocían a Carl Perkins como uno de sus fundadores, presente en aquel momento. Junto a él se dieron cita Rosseane Cash, George Harrison, Ringo Starr y Eric Clapton, entre otros, para dar vida al concierto "Carl Perkins and friends: a Rockabilly sesión", grabado en Londres. En el vídeo, que llegó a superventas, las leyendas vivas de la música del momento hacían un justo reconocimiento a quien consideraban una pieza fundamental para comprender el desarrollo e historia del Rock and Roll. 


Aquel mismo año, Carl fue incluído en The Nashville Songwriters Hall of Fame, primer paso para que en 1987 se le reconociera en el Rock and Roll Hall of Fame como uno de pioneros del género, a la vez que uno de sus más influyentes músicos. 

El show contiene excelentes actuaciones musicales con toda la variedad de estilos que abarcó la carrera de Carl Perkins, al que asisten los buenos oficios de las personalidades que van desfilando por el escenario, mano a mano con el maestro, en un gran ambiente de camaradería, homenaje y respeto. Aunque todas son destacables nuestra actuación favorita es la de Eric Clapton, con quien interpreta en primer lugar el clásico "Matchbox". Sin embargo, el rockabilly se destila con todo su magia cuando ambos genios tocan "Mean Woman Blues" y se alcanza uno de los momentos más intensos de Rock & Roll de todo el programa.

¡Que lo disfruten, ...y no olviden dejar su impresión en los comentarios!



Pueden disfrutar del concierto en su totalidad aquí: http://youtu.be/ph1HZ-Uq70I, y de los hitos de Carl Perkins aquí: http://www.rockabillyhall.com/CarlPerkins.html



El Predicador dice que es el fin del mundo
Y que el río Mississippi puede llegar a secarse
Los precios siguen subiendo y la Bolsa en caída libre
Pueden atracarte si te dejas caer por la capital

Yo vivo en el bosque, como se ve
Mi mujer, mis hijos, los perros y yo
Tengo una escopeta, un rifle y un cuatro por cuatro
Un tipo de campo sabe sobrevivir
la gente del país sabe sobrevivir



Soy capaz de arar un campo durante todo el día, 
puedo pescar siluros desde el atardecer al amanecer
Hacemos nuestro propio whisky y nuestro propio tabaco
No es demasiado, pero mucho más de lo que otros saben hacer
Crecemos con buenos tomates maduros y vino casero
Un tipo de campo sabe sobrevivir, la gente del país sabe sobrevivir

Porque no se nos puede matar de hambre ni hacernos correr
Porque nos hemos criado entre escopetas
Damos las gracias y decimos señora
Y si no es lo que decimos, jamás maldecimos


Venimos de las minas de carbón de Virginia Occidental
De las Montañas Rocosas y los cielos del Oeste
Podemos pelar un dólar, podemos cabalgar una carrera al galope
Un tipo de campo sabe sobrevivir, la gente del país sabe sobrevivir

Tenía un buen amigo en la ciudad de Nueva York
No me llamaba por mi nombre, solo Hillbilly
Mi abuelo me enseñó a vivir de la tierra
El suyo le enseñó a ser un hombre de negocios

El me mandaba fotos de las noches de Broadway
Y yo le enviaba un poco de vino casero
Sin embargo, fue asesinado por un hombre con una navaja
Por cuarenta y tres dólares, mi amigo perdió la vida

Me encantaría escupir a la cara a aquel tipo
Y dispararle con mi revólver del cuarenta y cinco
Porque un chico de campo sabe cómo sobrevivir
la gente del campo sabe sobrevivir

Porque no se nos puede matar de hambre ni hacernos correr
Porque hemos crecido entre escopetas
Damos las gracias y decimos señora
Y si no es lo que decimos, jamás maldecimos

Somos del norte de California y el sur de Alabama
De pequeñas ciudades a lo largo de toda esta tierra
Sabemos despellejar un ciervo y cabalgar al galope
Un tipo de campo sabe sobrevivir, la gente de país debe sobrevivir
Un tipo de campo sabe sobrevivir, la gente de campo sabe sobrevivir*




*Traducción libre de la canción de Hank Williams Jr."Country Boys Can Survive"



La Frontera, ese fabuloso territorio entre mundos opuestos, guarda en su historial hitos que cambiaron nuestro mundo, más allá de fantasías de la historia o idealizadas ficciones. En un inhóspito paraje de La Jornada del Muerto, en Nuevo Méxicoun amanecer de mediados de julio la Humanidad invocaba a todas las fuerzas del Infierno y abría la caja de Pandora nuclear.

El territorio que antaño fuese avanzadilla de la civilización en Norteamérica inauguraba en sus entrañas el nacimiento de un nuevo tiempo, la Era Atómica, hace ahora 70 años. Sobre las fechas de tan explosivo aniversario damos una vuelta por Trinity y su historia, un lugar tan desolador como aquella primera amanita nuclear.





En la noche del 16 de julio de 1945, el presidente Harry S. Truman se encontraba presente en la Conferencia de Potsdam en Berlín, cuando recibió un mensaje desde casa: "Operado esta mañana", decía. "El diagnóstico no es completo, pero los resultados parecen satisfactorios y ya superan las expectativas."


La operación a la que se refería el mensaje no era otra que Trinity, la prueba de una nueva arma apodada como "el Gadget." De madrugada, un grupo de unos 250 científicos y oficiales militares había concurrido a tres bunkers en el desierto de Nuevo México y contemplado como una atronadora explosión de 19 kilotones de energía rompía el silencio y su destello brillante iluminaba el cielo. Acababan de presenciar la primera detonación de un arma nuclear. 

Unas semanas después, bajo el pretexto de provocar un rápido fin a la guerra en el Pacífico, aquel arma terrible sería arrojada de manera inmisericorde sobre la población del Imperio del Japón, consiguiendo su rendición. El mundo ya no sería el mismo. 

El Proyecto Manhattan
La historia del lugar de Trinity comienza con la formación del Proyecto Manhattan en junio de 1942, con la responsabilidad general para el diseño y construcción de una bomba atómica. Inicialmente se trataba de ganar la carrera hacia el arma atómica a la Alemania nazi que, de acuerdo con informes de inteligencia, estaba construyendo su propia bomba nuclear.

En el marco del Proyecto Manhattan se construyeron tres grandes instalaciones destinadas a obtener el uranio, el plutonio y diseñar el artefacto, respectivamente. Para esta última tarea fue designado un emplazamiento en Los Alamos, en el norte de Nuevo México, donde muchas de las más grandes mentes científicas de la época trabajaron sobre la construcción real de la bomba, dirigidas por J. Robert Oppenheimer. Por otro lado, la dirección militar del proyecto fue encomendada al General Leslie Groves.

Oppenheimer es una de las personalidades más interesantes y contradictorias del siglo XX, impulsor de la elaboración de un arma nuclear para el final de la guerra y a la vez reo de conciencia de un mecanismo de destrucción que se habría hecho realidad inexorablemente, aún sin su participación. 

Los científicos de Los Alamos idearon dos diseños para la bomba atómica, uno usando el uranio 235 y otro utilizando plutonio. La bomba de uranio era un diseño sencillo y no había duda por parte de los científicos de que iba a funcionar sin necesidad de prueba alguna, pero la bomba de plutonio era más compleja debido a la dificultad para sostener la reacción en cadena generada por su compresión. 

A partir de este inconveniente, los líderes del proyecto decidieron que era esencial ejecutar una prueba de la bomba de plutonio antes de poder ser utilizada como arma de guerra. De una lista de ocho lugares en California, Texas, Nuevo México y Colorado, un punto en el desierto de La Jornada del Muerto fue elegido como el más idóneo para la prueba. La zona formaba parte de las instalaciones de la base aérea para bombarderos de White Sands desde 1942, era lo suficientemente remota y aislada para garantizar la seguridad y el secreto, y se encontraba próxima a Los Alamos. Consciente de sus repercusiones, Oppenheimer bautizó el evento con un nombre de marcado carácter místico y religioso: Trinity.


'El Gadget'
Si el lugar exacto para la explosión en La Jornada del Muerto fue denominado Trinity, la bomba en sí recibió el apelativo de El Gadget, una bomba de plutonio destinada a ser la culminación de seis años de investigación y desarrollo del Proyecto Manhattan

Desde la primavera de 1944 los preparativos para el evento de Trinity se intensificaron en el área secreta de Los Alamos, Nuevo México. El 12 de julio los dos hemisferios del plutonio fueron llevados hacia una casa cercana al Sitio, la casa del rancho de George McDonald, a sólo dos millas de la zona cero. El dormitorio principal fue despejado como una sala para el ensamblaje de la bomba, y el equipo de montaje fue dotado de varios kits de herramientas especiales. La idea era poner a prueba todos los protocolos y herramientas en el lugar de Trinity, al mismo tiempo que la propia bomba.


El armazón del Gadget fue izado en lo alto de una torre de 30 metros para ser detonada y simular algo mejor la caída de una bomba desde un avión. Un minuto después de la medianoche del viernes 13 de julio, el conjunto de explosivos salió de Los Alamos para Trinity Site, y ya de mañana, comenzó el montaje del núcleo de plutonio por parte de un equipo de tres científicos y tres mecánicos en la casa del rancho. Aquella tarde del mismo día 13 el núcleo fue llevado a la zona cero para la inserción en el mecanismo de la bomba y el montaje mecánico en la torre de acero. Tras algunas dificultades, todo el aparato quedó ensamblado. El día 14 la bomba sería elevada desde la base a lo alto de la torre, lista y en espera de unas horas para su detonación. 

A pesar de todos los estudios y la preparación, nadie sabía exactamente qué se podría esperar de la explosión. Los físicos y los oficiales del ejército cruzaron apuestas entre sí sobre los resultados, que variaban desde quienes preveían que no explotaría nada en absoluto hasta quienes temieron la contaminación de la atmósfera de Nuevo México o incluso de todo el planeta.

La Prueba

El General Leslie Groves y el Dr. Robert Oppenheimer determinaron tres puntos de observación a unos 15.000 metros de la zona cero, un refugios de madera protegidos por tierra y hormigón a modo de bunkers. Muchos científicos y personal de apoyo, entre ellos el general Groves, se prepararon a contemplar la explosión desde el campamento base, situado diez millas al sudoeste de la zona cero, aunque la mayoría de las personalidades que presenciaron el evento lo hicieron desde otro bunker situado en una colina, unas 20 millas al noroeste. 

La prueba estaba prevista para las 04:00 horas a.m. del 16 de julio, pero la lluvia y los relámpagos de aquella madrugada hicieron que se pospusiese momentáneamente. A las 4:45 a.m. el parte meteorológico anunció vientos en calma y nubes dispersas para las siguientes dos horas, y el suceso continuó su curso. A las 5:10 horas comenzó la cuenta atrás y a las 05:29:45 a.m., el Gadget fue detonada. 

El hongo atómico se elevó ante el asombro de todos a más de diez kilómetros de altura. Su destello iluminó las montañas circundantes y fue percibido hasta a 150 kilómetros de distancia. Los colores de la iluminación variaron desde morado a verde, y finalmente a blanco. El estampido de la explosión tardó 40 segundos en alcanzar a los observadores. 

Después de la euforia inicial de los testigos ante la espectacular explosión, el director de pruebas Kenneth Bainbridge comentó al director de Los Alamos, Oppenheimer, "Ahora todos somos unos hijos de puta". El Dr. Oppenheimer refirió que el evento le había recordado una cita de origen hindú: "Me he convertido en muerte, el destructor de mundos", aunque ello no le privó de un desconcertante triunfalismo por su éxito científico.

En el informe oficial sobre la prueba, el general Farrell escribió: "El lugar entero fue iluminado por una luz abrasadora con la intensidad de muchas veces la luz del sol del mediodía. Era de oro, púrpura, violeta, gris y azul. Se iluminaron todas las sierras, grietas y lomas con una claridad y belleza indescriptibles, que hay que ver para ser imaginada... ". Informes de prensa citaron a un guarda forestal a unas 150 millas (240 kilómetros) al oeste del sitio, que dijo que vio "un destello de fuego seguido de una explosión y humo negro." En todo el norte de Nuevo México se percibió la iluminación de la explosión. Otros informes señalaron que las ventanas se sacudieron y el sonido se escuchó hasta a 200 millas (320 kilómetros) de distancia.

El piloto de un avión de transporte de la Marina de los EE.UU. a 10.000 pies (3.000 m), 30 millas (48 km) al este de Albuquerque, en ruta a la costa oeste comentó: "Mi primera impresión fue que repentinamente el sol estaba saliendo en el sur. !Como una gran bola de fuego!. Era tan brillante que iluminó la cabina del avión." Luego avisó por radio a Albuquerque pero no consiguió ninguna explicación más allá de la indicación de "no volar hacia el sur". 

En el cráter, la arena del desierto se derritió y se convirtió en un vidrio de color verde claro, ligeramente radiactivo, que fue nombrado trinitita. El cráter fue rellenado después de la prueba y la mayor parte de los bunkers y estructuras desmantelados.

Le Seguían Llamando TRINIDAD
El sitio de Trinity se encuentra enclavado en el desierto de la Jornada del Muerto, al oeste de las montañas de San Andrés, en el extremo norte de la base militar White Sands Missile Range, a unos 150 kilómetros al norte de Las Cruces, Nuevo México. Fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1965 y es abierto al público dos veces al año, el primer sábado de abril y el primer sábado de octubre. 

Fuera de las rutas turísticas habituales, el sitio es un reclamo para curiosos y frikis del mundo atómico. Una escena de desolación delimitada por una elipse alambrada rodeando la zona cero. El catálogo lúdico del inicio de la Era Atómica ofrece visitar una tienda de souvenirs, echar un vistazo a un bunker, buscar restos de trinitita, el mineral cristalizado por la explosión, o contemplar de cerca la carcasa de bomba "Fat Man". También se pueden admirar los escombros de la torre desde la que el Gadget fue detonado. Las fuentes describen el entorno como sobrio y escaso. 

En el centro exacto de la explosión se erigió un obelisco de 4 metros de altura enfoscado con piedra negra de lava, donde una inscripción reza asépticamente: "Trinity Site. Lugar dónde explotó el primer dispositivo nuclear del mundo en 16 de julio 1945, en White Sands Missile Range, al mando de J Frederick Thorlin, Mayor General del Ejército de EE.UU."

Menos de un mes después del evento de Trinity, una bomba atómica a base de uranio llamada "Little Boy" fue lanzada sobre Hiroshima y tres días después, otra bomba atómica a base de plutonio, "Fat Man", lanzada sobre Nagasaki, ambas en Japón. Su explosión inmediata se llevó por delante entre 40.000 y 75.000 almas y consecuencias terribles para los supervivientes. Japón se rindió una semana después, el 14 de agosto de 1945, y la Segunda Guerra Mundial concluyó. El mundo asistió con horror a cómo la radiación, la lluvia radiactiva y el cáncer continuaron cercenando vidas durante décadas. Desde aquella madrugada de mediados de julio, en Trinity vuelve a reinar el silencio.





No frecuento demasiado el término medio, prefiero ir a piñón fijo, aunque a veces sea un fastidio. Lo digo por no poder llegar a actualizar esta bitácora a un ritmo mayor, una vez empeñado en ella. Como decía, si lo acuerdo me involucro y si me apasiona me deshilacho. Al estilo Freddie King, adelante y sin dilacción. Como una bala de cañón, directa a explosionar en su objetivo, el Blues



Así que no es casualidad que The Texas Cannonball acuda a estas páginas. El destino nos busca y sólo hay que abrir los ojos para hallarle. Como la proporción aúrea, el paso de las estaciones o el balanceo sincopado del Blues, ahí está de regreso, esperando paciente a la vuelta de la esquina. Nada es casual, Freddie King lo supo desde el principio.

Un Destino Manifiesto
Frederick Christian King vino aquí abajo en septiembre del año 1934 con una misión entre ceja y ceja. Tenía cinco años cuando pidió en casa una guitarra. "Aún te queda mucho por crecer, Freddie", le dijeron. Más tarde se dirigió al colmado de Winsow, Texas, para encargar una. Cuando el dependiente le preguntó si su madre estaba de acuerdo, el chico respondió tajante: "No, soy yo quien va a tocarla". Ante las siguientes negativas, el pequeño Freddie se deslomó cogiendo algodón hasta ganar lo preciso para hacerse con su primera Fender. !Vive Dios que su sacrificio no fue en vano!.

La familia se mudó al sur de Chicago al terminar la década de 1940. Aquello fue como un sueño hecho realidad para el muchacho. !La capital y las grandes figuras del Blues a sólo unas manzanas de casa!. Tenía 16 años y quedó fascinado por el ambiente de la gran ciudad de IllinoisJunto a otros compinches, Freddie solía merodear los clubes para colarse y ver a los grandes. Una noche se apostó con sus amigos que no sólo iba a colarse en el club, sino que llegaría hasta el escenario y tocaría su vieja guitarra. Y ganó la apuesta. Después de sentarse con la banda, el dueño del club se percató de la juventud de Freddie y ordenó a sus gorilas que lo echasen del local. Fue entonces cuando Howlin' Wolf intervino ante el patrón del club: "!El chico viene conmigo!", sentenció El Aullador. Más tarde, después de comprobar como tocaba la guitarra acústica, Howlin' le dijo impresionado: "Eres un joven muchacho tocando la guitarra como un alma vieja"..."El Señor, efectivamente, te ha enviado aquí para tocar el Blues". Sería el comienzo de una gran amistad. Bajo la tutela de Howlin' el joven Freddie King intimó con todas las estrellas del género y aprendió a manejarse por las calles de Chicago.



Mientras comenzaba a trabajar en una fábrica de acero empezaron sus oficios como instrumentista de algunas de aquellas vacas sagradas, con la mente puesta en llegar a grabar un disco. Al par de años en la ciudad se casó con una chica de TexasJessie Burnett, aunque el matrimonio no funcionó bien por la querencia de Freddie a las largas veladas de poker y alcohol tras los shows. Despechada, ella volvería a Texas mientras su reciente marido se embarraba en la noche de la urbe y sumaba rechazos audición tras audición, seducido por tocar, beber, jugar y grabar un disco, al mismo tiempo y tal vez por ese orden.

Erre que erre, Freddie conseguió al fin grabar un single en el verano de 1960. !Fue fulminante!. Su instrumental "Hide Away" llegó a ocupar un lugar destacado en las listas de éxitos, cuando todavía el Blues no era un género mayoritario entre el público blanco. "Hide Away" ha quedado como una de las grandes piezas instrumentales del Blues todos los tiempos.

El Rey del Blues de los Blancos 
Después de aquel hallazgo, King apuró su veta registrando más de treinta instrumentales y girando en compañía de figuras destacadas del R & B de la época, como Sam Cooke, Jackie Wilson o James Brown. A finales de los 60 firma con el sello Atlantic y su filial Cotillion, de cuya asociación resultaron dos discos de presentación: "Freddie King Is a Blues Master" (1969) y "My Feeling for the Blues" (1970). 

Sin embargo, aunque echase mano de sus dotes vocales por captar un  público más amplio, ambos álbumes no obtuvieron la acogida esperada. La decepción del bluesman duró justo hasta comenzar su gira europea. Salió para un mes y estuvo tres. En Inglaterra, una nueva generación de jóvenes músicos blancos como Eric Clapton o Mick Taylor, estaban tratando de emular su sonido. Imagina el efecto de la maestría y contundencia del aguerrido Freddie King ante un auditorio de pulcros british. Aquello debió ser un revulsivo para todos, tanto como para él mismo, sorprendido por una aceptación que hasta el momento le había sido difícil de logar en casa. 



Con la nueva década contrató de manager a un tipo llamado Jack Calmes, blanco y parte de la "contracultura" que acababa de descubrir el Blues. Jack ayudó a redirigir la carrera del guitarrista al hacerle aparecer en el Festival Pop de Texas, compartiendo cartel con Led Zeppellin, entre otros. "Los chicos de Led Zeppelin se quedaron con la boca abierta viendo tocar a Freddie", recordó Jack. Gracias a aquel golpe Freddie King consiguó captar la atención de un nuevo público y productora. Con Shelter Records su carrera se puso a 100, para ya no retroceder. A partir de su álbum "Getting Ready" pudo mostrar a todos su talento y estilo, en consonancia con la corriente de Blues blanco que se apoyaba en el Rock. Desde su autoridad como intérprete, haciendo gala de una presencia impresionante, Freddie King alternó con artistas como Eric Clapton o bandas como Grand Funk Railroard, los mismos que más tarde le rendirían homenaje en su mayor éxito: "We're an American Band".

De estilo intuitivo y personal, más agresivo y creativo que el de los otros Reyes, BB King y Albert King, éstos con un enfoque más tradicional, y recurriendo a un buen puñado de matices vocales, su Blues combinaba influencias del Blues acústico de Texas con la crudeza del de Chicago. De esta manera, su música ofreció un punto de vista más contemporáneo que el de otras bandas que continuaban tocando a la manera de 1950. Influenció a todos los guitarristas eléctricos que llegaron después. El Blues de Texas jamás fue el mismo después de Freddie King. Su apodo, The Texas Cannonball, es tan elocuente como definitorio de su actitud vital: una andanada de Blues en toda regla.


Freddie King tampoco era amigo de medias tintas: BluesBluesBlues y Bloody Mary. Con una estresante agenda de más de trescientos shows al año y una dieta a base de cigarrillos y alcohol, Freddy se ganó una úlcera de platino que le llevó a la tumba el día de los Inocentes del 1976. Nunca nadie ha parado un cañonazo. 

Fue siempre fiel a si mismo, el más virtuoso de los bluesman eléctricos de su generación. En 2004 fue incluído en el número 15 de la lista de los 100 guitarristas más grandes de todos los tiempos. Su arte jamás decepciona. Como bien dijo Howlin' Wolf, el Señor le había puesto entre nosotros para revolucionar el Blues. Y a ello se empleó con denuedo y pasión en cada acto. Como a mi me gusta, !al estilo Freddie King!




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