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agosto 2013



A sus 37 años Hernando de Soto lo tenía todo para observar la vida desde una cómoda posición otorgada por aventuras y conquistas. Tras su paso por Las Indias, había vuelto a España dueño de una considerable fortuna, acababa de tomar por esposa a una bella dama de la nobleza y su fama, carisma y bonomía le abrían las puertas de palacios y voluntades. Y sin embargo, apenas a un año de su regreso, el ansia de nuevas expediciones comenzó a persuadirle.

Muchos habrá que estimen por loca su codicia, como la Leyenda Negra se encargó por siglos de emponzoñar el discurso de la Historia, pero es más probable que la emoción de renovadas aventuras, peligros y tesoros, calase hondo en el ánimo del extremeño, a las noticias de un nuevo territorio por descubrir: La Florida.

DE OFICIO DESCUBRIDOR
Con 16 años había partido a las Indias participando activamente en la conquista y exploración de Panamá, Nicaragua y Honduras. En 1532 se unió a la expedición de Francisco Pizarro, desde Panamá a la conquista del fabuloso Imperio de los Incas del Perú, ganándose con su valor el aprecio y la confianza de Pizarro. Para él, descubrirá la ruta hacia Cuzco que hará posible su posterior asalto y toma, tras la cual regresa a España para desposar a la hija de su mentor en las Américas, el conquistador Pedrarias Dávila.


El joven Hernando no se deleitó demasiado en saborear las mieles del éxito. Los relatos de Cabeza de Vaca al respecto de una región llamada Florida, supuestamente tan rica como el Perú, intrigaron y empujaron a Hernando de Soto a reanudar su aventura americana. Vendió sus propiedades, obtuvo del Emperador Carlos I el título de Adelantado de la Florida y preparó una expedición para colonizar aquel desconocido territorio. 


Se estima que en torno a unas 1000 personas, entre soldados y marineros, ingenieros, herreros, artesanos, colonos y religiosos, compusieron la expedición, respaldada por nueve navíos y una veintena de botes que se les unieron desde Vera Cruz. En ellas embarcaron junto a 300 caballos y varias toneladas de pertrechos con lo necesario para levantar una colonia: herramientas, lonas, armas, cañones, alimentos y animales domésticos como aves, cerdos y perros. Sus ilusiones iban por delante.

RUMBO A LA AVENTURA

Partiendo desde La Habana la expedición arribó a la costa occidental de la Florida a finales de mayo de 1539, en un lugar al sur de la actual Tampa que fue nombrado como Espíritu Santo. Allí se iniciaría la exploración de Florida y de gran parte de los Estados Unidos meridionales. Para su desgracia, en vez de oro o tierras prósperas, toparon con un país innacesible, demasiado cálido y húmedo, circundado de umbrosos manglares, pantanos y marismas. La hostilidad de los indígenas se sumó al castigo contumaz de los mosquitos o la amenaza de serpientes y caimanes. 



Nada de esto detuvo al Adelantado. Al cabo de algún tiempo, Hernando de Soto había ya perdido muchos hombres haciendo frente a los indígenas. Atravesó la península de Florida desde el suroeste hasta el Apalache, al noroeste, una región considerada como fértil y con buenas condiciones para la construcción de un puerto. Tras múltiples refriegas, alcanzó al fin esta región y prosiguió su avance por el país, atravesando las regiones y poblaciones indígenas situadas al norte de la actual Georgia, con escaso éxito. Había planeado reunirse con uno de sus capitanes enviado a por refuerzos, de nuevo en la costa occidental, pero en la región de Tuscalosa (Alabama) fue atacado por una multitud de indios en una espantosa batalla que se prolongaría por nueve horas y sería finalmente ganada por los españoles. Setenta españoles fueron muertos en el combate, numerosos hombre y oficiales resultaron heridos, como el propio De Soto


El grueso de la expedición y las tropas estaban extenuadas. Los españoles estaban decepcionados por no haber encontrado riqueza alguna en el camino y comenzaron las disensiones, planteando la idea de alcanzar la costa, encontrarse con los barcos y abandonar la aventura. Buen conocedor de cuanto se jugaba, Hernando de Soto optó por conducir a los hombres hacia el interior y al oeste del territorio, en la esperanza de alcanzar la Nueva España (México), al tiempo que conjuraba la amenaza de que una rebelión aguardándole al llegar a la costa terminase con la aventura. Ganaba tiempo, pero imposibilitaba
 la oportunidad de un encuentro con los refuerzos enviados en su auxilio.

UN LUGAR EN EL RÍO
Internándose a través de las regiones del Golfo de México, el Adelantado topó con el Mississippi al norte del actual estado del mismo nombre. En la precariedad de la expedición, la gran arteria de Norteamérica no fue vista más que como otro obstáculo que entorpecía su avance. De Soto lo cruzó para llegar al noroeste de Arkansas en 1541, donde pasó el invierno, cerca de Washita. En primavera retornó hasta el río, donde el Adelantado caería enfermo de unas fiebres el 20 de junio de 1542. Preparándose a morir, designó a Luis Moscoso de Alvarado para asumir el mando en su lugar. Cinco días más tarde, Hernando de Soto murió sin haber podido alcanzar Nueva España ni mucho menos dar feliz término a la gran expedición, que afrontaba ahora el inconveniente de evidenciar su pérdida ante los indígenas. 

Fue entonces cuando sus hombres resolvieron darle sepultura sumergiendo su cuerpo en el Mississippi, con el fin de que los indios, creyéndole inmortal, ignorasen su muerte y no profanasen sus restos. Envuelto en un sudario de mantas con su pesada armadura, lastrado además con piedras y cargas de arena, el cadáver del Adelantado fue depositado al lecho del Mississippi furtivamente en mitad de la noche. Contaba 42 años. Tras el descubrimiento de la corriente, su fama quedaría para siempre unida al gran río de Norteamérica como honorable y proceloso sepulcro.

Dirigida por Moscoso, la diezmada expedición persistió en alcanzar Nueva España. Se internó en Texas, infructuosamente, y hubo de volver sobre sus pasos hacia el este, tomar el curso del río hacia la costa y descender hasta Pánuco en México. Se cree que fueron los primeros europeos en pasar por donde hoy se asienta Nueva Orleans. Solo unas decenas sobrevivieron. 



Si el balance humano de la misma fue desastroso, la expedición de Hernando de Soto sería la primera gran exploración emprendida en el sureste de Norteamérica, a través de seis de sus actuales estados (Carolina del sur, Florida, Georgia, Alabama, Mississippi y Arkansas, el posteriormente mítico País de Dixie). Recorrió más territorio norteamericano que cualquier otra de la época, y fue la primera en dejar constancia de las numerosas tribus indias descubiertas en su recorrido (Cherokees, Seminolas, Creeks, Apalaches, Choctaws, etc), además de aportar la única referencia histórica de la desaparecida civilización Mississippian.




Pero eso no fue todo. Siglos más tarde, por una pirueta del destino, la figura del descubridor extremeño sería rescatada para designar a un prodigio de la técnica, ya entrado el siglo XX: los fabulosos automóviles DeSoto, del genio de la automoción y los negocios Walter P. Chrysler. Su historia le espera en LA MARCA DEL CONQUISTADOR. Súbase a la leyenda de De Soto.





La década de los cincuenta no fue solo una época de bonanza económica, fulgurante pop art y eclosión de movimientos juveniles. Al tiempo que la televisión conquistaba los hogares y el estilo americano triunfaba en el mundo, en EE.UU. arreciaba la lucha por los derechos civiles, se imponía la caza de brujas y las listas negras y la Mafia expandía el negocio del crimen a la Costa Oeste. Las libertades públicas no vivían su mejor momento en una América que bien poco tenía que ver con la del hula-hoop, las burbujas de cola o el santoral de mitos mediáticos que se nos ha insistido en presentar.

Con ese marco ambiguo, entre los brillos del show business y las alcantarillas del sistema, una serie de televisión pretendió engrandecer la pantalla con retazos de selecto cinismo, cine negro de autor y Rock & Roll remasterizado de finales de los ochenta. El invento se llamaba "Private Eye", siendo emitida en Estados Unidos entre 1987 y 1988. En España tuvo el genérico nombre de "Detective Privado" y fue puesta en antena por 1990.

Ambientada en la ciudad de Los Angeles de 1956, la serie estuvo inspirada en un incidente real acaecido en 1959, un turbio escándalo en el mundo del espectáculo en el se contaron algunos fiambres. Con una duración de 120 minutos su episodio piloto fue "Private Eye", al que siguieron otros 11 de 60 minutos. La trama se centraba en las peripecias y casos de un ex policía de nombre Jack Cleary (Michael Woods) reconvertido a detective privado tras el asesinato de su hermano, y su ayudante, un joven rocker llamado Johnny Betts (Josh Brolin). Salvando las evidentes distancias, eran algo así como "Roberto Alcázar y Pedrín" entre cadillacs y gramolas, con el suntuoso escenario de Los Ángeles en los años cincuenta.

EL CREADOR
Un presupuesto récord en su día para una serie de televisión (18 millones de dólares) y un autor de reconocida fama, Anthony Yerkovich -"Canción triste de Hill Street", "Corrupción en Miami"-, son los avales con que fue presentada "Detective Privado", una nueva vuelta de tuerca al elegante espectáculo del crimen más el añadido de una década prodigiosa.



Anthony Yerkovich ya había escrito algún guión de género policíaco, cuyo mayor éxito fue llamar la atención de Steven Boccho y Michael Kozoll, quienes por entonces estrenaban su "Canción Triste de Hill Street". Incorporado a la serie terminó por especializarse en los especímenes más raros del grupo del Capitán Furillo. Tras unas 2.000 páginas como guionista, hastiado del proyecto, Yerkovich resolvió abandonar en la tercera temporada. 

Su próxima criatura trasladaría la acción de sus textos de las brumas metropolitanas a los tórridas latitudes de Florida"Corrupción en Miami". Aunque los laureles que cosecharía irían para Michael Mann, el productor, el mérito fue de Yerkovich, quien no aguantó más de una temporada en la sombra. Su contribución a la generación del videoclip había quedado ya, no obstante, para siempre inscrita en los anales de la Historia de la Televisión

El fenomenal impacto de "Miami Vice" le abrió las puertas de la cadena NBC, que llegó a poner 18 millones de dólares encima de la mesa, a su entera disposición. Sólo el programa piloto costó 6,5 millones, la mayor parte empleados en la recreación de Los Ángeles de los cincuenta y en los efectos especiales para las escenas de violencia, que lograron conseguir un realismo inédito para la pequeña pantalla de por entonces. 



La pretensión de Anthony Yerkovich era dar forma no tanto a una serie televisiva como a un filme semanal de una hora. "Detective Privado" quería ir más allá del retrato de personajes y casos, llevando a la ciudad de Los Ángeles y al Rock and Roll al primer plano de la narración, de manera tan elocuente como la propia gestualidad del héroe Jack Cleary, un ex policía sombrío en un universo de luces de neón. 

Yerkovich intentó crear algo "sofisticado y atmosférico", de ambiciones expresionistas y manifiesta subjetividad, al estilo del cine negro. "Nada expresado literalmente, sino a través de la imagen", apostilló sobre su propósito. Las miradas de los maestros impresionistas del cine no son ajenas al relato, como tampoco "Miami Vice", obviamente. Es la era del videoclip, !qué demonios!. Imposible resistirse a patinar una y otra vez sobre las siluetas a contraluz, las barbas de tres días o el desfile de amanerados poses de magazine de moda. 

LOS PROTAGONISTAS
Dos personajes claros soportan el protagonismo en la serie: el ex policía Jack Cleary (Michael Woods), expulsado del cuerpo por falsos cargos, y un rockero de 19 añitos, Johnny Betts (Josh Brolín), al que encuentra paseando por Sunset Strip y al que apadrina moral y materialmente. Estos dos hombres, aún siendo muy diferentes, unirán sus esfuerzos para encontrar al asesino del hermano de Jack. Logrado su objetivo, la Policía le rehabilitará, pero entonces decidirá hacerse cargo de la empresa de detectives que regentaba su hermano e iniciar una nueva vida. Completando la pandilla estaban Charlie Fontana (Bill Sadler), ex compañero de Jack y su contacto en la Policía, más una secretaria llamada Dottie Dworski (Liza Jane Persky), con trazas de Betty Boop, masticadora empedernida de chicle y aspiraciones de estrella de cine.

Jack y Johnny formaban una extraña pareja, pero así lograban ofrecer dos visiones complementarias de un mismo hecho. El telón de fondo del Rock'n'Roll proporcionaba una dimensión mítica a las historias, aparte del celofán visual de Los Ángeles. Por su parte, los locales y shows aportaban actuaciones a una esmerada selección musical, creando atmósferas muy apropiadas para el desfile de personajes y tramas. Joe Jackson se encargó de la música, como ya lo hiciese magistralmente en "Corrupción en Miami". A lo largo de la serie suenan además innumerables clásicos del Rock and Roll, y también de Chris Isaak

La música del californiano tiene un papel destacado en la serie. El quinto episodio, titulado "Blue Hotel" (como su popular éxito), trata sobre un cantante de moda llamado Billy Ray. Las canciones que interpreta son las del propio Chris Isaak, lo que aporta un aire renovado a la música que podría escucharse en los cincuenta. También aparecen por la serie como extras los artistas Lee Rocker y Slim Jim (Stray Cats). 



LA SERIE
Por desgracia "Private Eye" no conoció el éxito. Aún gozando en un primer momento del favor de la prensa, los índices de audiencia de esta serie retro, expresionista y subjetiva, no acompañaron. La incomprensión de la audiencia forzó a la NBC a repensarse el proyecto. Se intentó vanamente que Yerkovich alegrara el lado "oscuro y siniestro" de la serie o que introdujera más humor y menos tragedia. Tampoco gustó que la acción y la atmósfera de la época disputaran el protagonismo a los personajes centrales. Pero la época estuvo ahí desde el principio, clamando por su lugar privilegiado ya desde los títulos de crédito. La época era la historia en sí, lo que la hacía diferente y sugestiva, por encima de malvados, sabuesos y pandilleros, aunque todo suma para que hoy como entonces reconozcamos su gusto y calidad.

Sin embargo la crítica fue inmisericorde, la serie cancelada y las veleidades artísticas de Yerkovich quedaron para fuera del prime time. Algún crítico señaló: "Private Eye debería haber funcionado pero duró cuatro meses. El público la odiaba. Sobre todo, el público odiaba a Michael Woods como Jack Cleary, tan rígido que podría haber sido un Chevy del '57 ''.



Para quienes la seguimos en su día, "Private Eye" ("Detective Privado"no dejará de ser un referente a la hora de fusionar buen cine negro y la época dorada del R&R en un sofisticado producto televisivo.


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