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abril 2012




Los villanos son parte esencial de cualquier buena historia que se precie. Un icono que el western ha contribuído a destilar por su condición argumental y la violencia implícita del género. 

Aunque multitud de malvados han poblado las pantallas, solo unos pocos han sido llamados a ocupar para siempre un lugar destacado en nuestra imaginación, distinguidos por sus rasgos más pronunciados o los excesos con los que fueron caracterizados.

Esta es mi particular selección, orientada a señalar los más singulares papeles protagonistas que acertados creadores (guionistas, directores, actores...) inmortalizaron como personalidades del Mal en los imaginarios confines del Oeste.



Little Bill, Alma de Criminal
Gene Hackman da vida a 'Little Bill' Daggett en la reconocida "Sin Perdón" que dirigiera Clint Eastwood por 1992. Little Bill es un tipo rudo y campechano con una apacible vida tras una estrella de cinco puntas que cuelga al pecho. Su mayor empeño es que nadie enturbie la paz de su reino, Big Whiskey, empleándose en ello mientras trata de construirse una linda casita de madera. 

Aunque ya conocen como se las gasta por allí, sabemos que no es trigo limpio cuando recibe la visita inesperada de Bob 'el inglés', un asesino a sueldo al que reconoce como compadre de antiguas fechorías y tiempos salvajes. Éste recala en el poblacho de Bill atraído por la recompensa que ofrecen unas prostitutas para dar castigo al autor del ultraje a una de ellas, con el que el sheriff fue demasiado benevolente.

Pero a Little Bill no le gustan los asesinos, tal vez porque se parecen demasiado a sí mismo, y no lo será con 'el inglés', decidido a escarmentar a cuantos rufianes aparezcan para sacar tajada del luctuoso asunto. Y es en la tremenda paliza que Bob recibe donde reconocemos el alma sádica de Little Bill, aunque no sea más que un aperitivo para mostrarnos sus métodos, como luego comprobará el bueno de Morgan Freeman.

La película es oscura, descriptiva, desmitificadora y sin concesiones a la espectacularidad. El personaje de Hackman es el contrapunto brillante para el pistolero William Munny, pero ambos representan caras del mismo universo de violencia, uno como pistolero a sueldo (esta vez en busca de redención) y otro desde el lado de la Ley. Empleando métodos brutales como los propios criminales "por el bien de la comunidad", Little Bill es el malo que forma parte del sistema, la autoridad, el encargado de romper los huevos para hacer la tortilla o poner el cascabel al gato. Pero en su despiadada ejecución pierde toda legitimidad al dar rienda suelta a sus más bajos instintos. 




Sí, amigos, Little Bill es un verdadero hijo de puta, un cafre cobijado bajo el manto de una ley que utiliza a su antojo, un personaje tan real, por otro lado, que no hay que rodar mucho para tropezársele detrás de cualquier chapa. Por esto mismo no resulta tan encantador o fabuloso como otros, pero es justo su descarnada humanidad la que le convierte quizás en el villano más repugnante de cuantos se enumeran. Un malvado con la suficiente mala uva para merecer el tercer puesto de este ránking de indeseables.


Frank, La Mirada del Terror
En 1968 Sergio Leone dirigió "Hasta que llegó su hora", quizás uno de los tres mejores representantes del denominado spaghetti western, y sin duda una de las diez mejores películas del Oeste de todos los tiempos. La impecable dirección de Leone y la soberbia partitura de Ennio Morricone redondean esta obra maestra del cine que gustosamente destriparé en otra ocasión. Hoy nos ocuparemos de uno de los cuatro personajes del filme, el malvado Frank, 'el amigo de los niños', cuya magnética mirada le aupa a un lugar destacado en el escalafón de los 'malos malísimos' del western



Sergio Leone se había empeñado en que Henry Fonda interpretase al villano de la historia, algo que el actor reconoció no entender hasta que vio la película terminada. Por eso se presentó ante Leone con la imagen que consideraba ideal para interpretar a un malvado prototípico: patillas, perilla que modificase su cara y lentillas oscuras para ocultar el azul celeste de sus ojos; azul que el público asociaba instantáneamente con la bondad y candidez de espíritu propias de sus papeles habituales. Al ver aparecer a Henry Fonda de esa guisa Leone se puso frenético: "¿Qué es todo eso? ¡Quítese las lentillas! ¡Son sus ojos azules por lo que estoy pagando!".

El pistolero Frank hace su aparición en la segunda secuencia de la película. La familia McBain se dispone a partir desde su rancho de Sweetwater hacia la estación de Flagstone para ir a recoger a la nueva prometida del viudo McBain. La entrada en escena del pistolero y sus secuaces es antológica, enfundados en largos guardapolvos, envueltos entre la calima y la polvareda del desierto, y encumbrados con grandilocuencia por una banda sonora que fluye airosa desde el hardcore épico hasta la melodía nostálgica. El clímax llega cuando aparece por la puerta el pequeño Timmy, tierno, frágil e inocente ante el desolador panorama servido por los canallas...




“¡Jesucristo, es Henry Fonda!”. Así resumía el propio actor, sobrecogido al asistir a la proyección del film, la honda impresión que los espectadores sufrían cuando la cámara giraba en torno al líder de los asesinos y se topaban con el rostro del actor que desde siempre había simbolizado la honradez, la rectitud y las admirables virtudes propias del Buen Hombre Americano.

Cómo quedó demostrado Leone tenía razón. Ofreciendo el contraste que causaban en la escena el angelical aspecto y trayectoria de Fonda (entonces con 63 años), conseguía impregnar de maldad al personaje por el resto de la película. Sus ojos azules ya no eran azul celeste, sino azul acero. Su rostro ya no era la representación de la virtud, sino la mismísima faz del Mal. Su suave voz ya no era la voz de la justicia, sino el apagado tono de un asesino despiadado. Incluso su sonrisa había dejado de resultar ingenua, confiable y cercana, para tornarse cínica y monstruosa. En un terrorífico intercambio de primeros planos, en los primeros minutos de la cinta y como presentación de su personaje, Henry Fonda sonreía a un tierno niño, un niño a quien el más noble de entre los nobles héroes de la pantalla contemplaba con tétrica candidez...

Si en esta secuencia se nos retrata a Frank para dar inicio al argumento de la película, al final de la cinta Leone nos obsequiará con su equivalente en otro derroche de barroquismo y exceso dramático, para cerrar la historia de nuevo poniendo el acento en la gélida mirada de Frank. El acierto del director y las tablas de Fonda, sitúan a este pistolero en el segundo puesto de la lista.




Sin embargo, el primer puesto entre los malvados del western tiene un dueño absoluto: Lee Van Cleef. El arquetipo esencial del villano, un tipo duro y despiadado, de acerada mirada y agudas facciones, es el rey de un papel que explotaría a fondo en su carrera y le reportaría el reconocimiento general. 


Sentencia, El Rostro del Mal
Lee Van Cleef saltó a la fama gracias a su personaje de Jack Colby, miembro de la banda de Frank Miller, el criminal que deseaba asesinar al sheriff Will Kane interpretado por Gary Cooper en "Solo ante el peligro". Le di un repaso aquí: http://almadefrontera.blogspot.com.es/2011/11/gary-cooper-en-solo-ante-el-peligro.html.

Durante los años 60 y después de aparecer en la obra maestra de John Ford "El Hombre Que Mató a Liberty Valance" (1962), el intérprete de New Jersey consiguió elevar su estatus y alcanzar la fama al intervenir en varios spaghetti westerns dirigidos por Sergio Leone. El primero fue "La Muerte Tenía Un Precio", junto a Clint Eastwood y Gian María Volonté. Posteriormente co-protagonizaría "El Bueno, El Feo y El Malo" (1966) el sensacional western de Leone también junto a Eastwood y Eli Wallach, donde da vida a Sentencia (llamado "Angel Eyes" en la versión inglesa). Éstas dos últimas interpretaciones le consagraron como uno de los rostros icónicos del mal en el western.




En particular, Sentencia es un frío y astuto asesino, irónico, maquiavélico y oportunista. Tan cumplidor como profesional. Así se le muestra en los primeros compases del metraje: Por quinientos dólares es contratado por Mr. Baker para obtener información de un granjero y después matarlo. Cuando llega a la casa de éste, Sentencia le comenta el asunto. El granjero, asustado dobla la cantidad y ofrece mil para que no lo mate. Sin embargo, Sentencia le informa de que una vez que recibe un encargo siempre lo cumple, por lo que lo asesina. Posteriormente, informa a Baker de la muerte del granjero y del asunto que tenía encomendado. "¿Sabes qué? Me ha ofrecido mil por matarte a tí". Ambos hombres sonríen y Sentencia lo mata. La imagen se congela y aparece el rótulo "El Malo".
 
Sin lugar a dudas, fueron ese título y su rostro alevoso y agudo los que condicionaron casi toda su carrera como actor, configurando una estampa física proclive al villano o al antihéroe, aunque también asumiría con el tiempo y la madurez otros papeles de cierto renombre (los spaguettis de Sabata, esta vez del lado del Bien y la Ley).

Cuando una vez se le preguntó si le gustaba interpretar al malo de la película, Lee respondió: "Claro, los personajes malvados tienen mucha profundidad". Bueno, tal vez no estuviese muy acertado a ese respecto, pero no hay duda del encanto y magnetismo que otorgó a sus personajes, hasta hacerles intemporales. Su presencia tranquila y fría emanaba confianza y fuerza en la pantalla, hipnotizándonos, haciéndonos disfrutar y sacando en nosotros el villano que todos llevamos dentro.

Lee Van Cleef fue arrastrado casualmente a encarnarles por su intensa mirada y marcados rasgos, pero su talento y oficio le valieron el reconocimiento general hacia su arte. En una trayectoria que abarcó cuatro décadas nos legó gran cantidad de trabajos donde reconocerle. Un imprescindible, hablando de western.


Algunas fuentes fueron:
http://videodrome.wordpress.com/
http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article208.html

Esta fue mi lista de villanos del western, pero seguro que usted admira a algún otro malvado para rivalizar con estos personajes. ¡Adelante, desenfunde en los comentarios!



UNA HISTORIA DE LA CERVEZA YANKI


Fue en México donde tuvo lugar la primera producción de cerveza de América, cuando el sevillano Alonso de Herrera, con la consiguiente autorización real, construyó en 1543 una cervecera en la pequeña población mexicana de Amecameca. El producto obtenido fue llamado "Zerbeza", sin mayor aceptación por aquel tiempo, puesto que las preferencias de los españoles se orientaban comunmente hacia el vino, mientras que los indígenas preferían el pulque, la chicha...

Al contrario, la cerveza tuvo un lugar primordial en la vida de los primeros colonos anglosajones de la fachada noratlántica de Norteamérica. En cada nuevo asentamiento se preocuparon siempre de obtener cerveza debido a que las "ales" que venían de la metrópoli se agotaban con celeridad. Esta situación se les hizo insoportable y se sabe que el mismísimo gobernador de la colonia de Plymouth se quejó en repetidas ocasiones de la falta de tan preciado líquido.

Los racionamientos de cerveza fueron continuos en esos primeros días de la colonización, a pesar de que había barcos que embarcaban en los puertos ingleses con destino al nuevo mundo, tres veces más cerveza que agua. Es necesario señalar que la cerveza se valoraba entonces como un alimento y formaba parte de la dieta diaria de aquellos nuevos colonos, ya que lógicamente "era buena para la salud". En concreto, existía entre los mismos médicos el convencimiento de que la cerveza caliente era mucho mejor para la salud que el agua.

Una tradición encomiable
Dicen los historiadores que un protagonista crucial para la fabricación de la cerveza en Estados Unidos fue el jefe indio Samoset, de la tribu de los "Wampanoag", quien habría inducido a los pioneros a elaborar cerveza en base al maíz. De hecho, parece que allá por el 1622 el mismísimo gobernador de Connecticut, John Winthrop, elaboró una cerveza en base a este cereal cultivado por los indios. También hay que tener en cuenta en esta primera etapa cervecera norteamericana, el importante papel desempeñado por las laboriosas amas de casa de la colonia, que lo mismo que hacían la comida o mantenían limpio el hogar, se dedicaban con destreza y especial habilidad a elaborar cervezas artesanales para ser consumidas en la propia casa. Esta tradición duró cerca de 300 años.

De entre los nuevos pobladores merece especial mención la colonia holandesa, que introdujo nuevos métodos de elaborar cerveza más modernos que los tradicionales ingleses. Algunas fuentes afirman que habrían sido los holandeses los primeros en utilizar el lúpulo en el nuevo mundo. De cualquier manera, fueron Adrian Block y Hans Christiansen quienes han sido aceptados como los primeros "cerveceros de la isla de Manhattan y por tanto de Estados Unidos", allá por 1612-13. A estos conocidos cerveceros les seguirían otros como Jean Vigne, Rutger Hendrikson y Peter Minuit, que construyó su cervecera en lo que hoy es el centro de ManhattanEl área de Boston fue otra de las pioneras en la elaboración de cervezas en Norteamérica, destacando conocidos cerveceros como E. Dowling, Samuel Cole,"Captain Sedwick" y John Appleton

También es curioso señalar que el gobernador de la colonia de Georgia, James Ogelthorpe, prohibió en su territorio el consumo de alcohol duro; sin embargo, promovió el consumo de la saludable cerveza inglesa. El gobernador, asimismo, ofreció a cada nuevo colono 44 galones de cerveza como acicate para instalarse en aquellas tierras. Se empezaba en aquellos tiempos a controlar, en cierto modo y manera, el consumo y las garantías sanitarias de la cerveza y por ello, sobre 1667, la colonia de Massachusetts legisló que la cerveza se elaborase en base a unos mínimos entre los que destacaban, la calidad que debía tener la malta y también las mezclas que se podían realizar.

A finales del XVII y principios del siglo siguiente el hermanamiento de las nuevas cerveceras y de las Colonial Ale Houses (las cervecerías de la época) era perfecto, ambas se necesitaban mutuamente y colaboraban de manera clara en el aumento del consumo de cerveza en las colonias. Cuando en un territorio alguien quería instalar una taberna y no existía cervecera alguna, no quedaba otro remedio que elaborar sus propias cervezas. Es significativo el hecho de que las tabernas proliferaran enormemente en aquella época a pesar de la presión que ejercía el Gobierno para restringir este tipo de licencias. Sin duda, el apoyo popular a este tipo de establecimientos podía más que la burocracia y las voces que se alzaban a favor de la prohibición. Fueron muy populares en la ciudad de Boston durante ese período de tiempo los locales conocidos como "Green Dragon Tavern", que se encontraba situado en Union Street, y que durante más de 120 años (establecido en 1680) estuvo ofreciendo magnífica cerveza elaborada en sus locales; y también la taberna "Blue Anchor", que ofrecía a los marineros que en ese puerto atracaban una "ale" de categoría superior.


Un 17 de Abril nos abandonaba una estrella del firmamento Rock & Roll, un genio de la música cuyo talento y legado artístico han sido asumidos por un sinfín de bandas e intérpretes en el vasto panorama de la cultura popular. Hoy homenajeamos a EDDIE COCHRAN

Edward Ray Cochrane nació en Oklahoma City un 3 de octubre de 1938. Su familia se trasladó a Albert Lea, Minnesota, siendo él adolescente, donde enseguida se sintió interesado por la música y se decantó por tocar la batería primero y el trombón después. Como sus maestros le desanimaron rapidamente se pasó a la guitarra, instrumento en el que su hermano le enseñó algunos acordes. 

En busca de mejorar sus humildes condiciones de vida, la familia Cochran emigró a California en 1951 y allí Eddie conoció a Connie "Guybo" Smith, un tipo simpatíco y con talento para la música que tocaba varios instrumentos. Junto a otro amigo formaron un trio de música country y hillbilly que ensayaba en el callejón trasero de una tienda musical y cuyo dueño, enamorado del estilo de Eddie, le regalaría su primera y famosa guitarra Gretsch

Los chicos empezaron a tocar en fiestas de instituto o inaguraciones de locales y tras graduarse en el instituto, Eddie, con solo 16 años, se unió a un músico local llamado Hank Cochran (sin parentesco familiar) y empezaron a cantar en ferias locales bajo el equívoco nombre de Los Hermanos Cochran. Hank cantaba y Eddie acompañaba a la guitarra y a los coros con un repertorio hillbilly estilo Hank Williams, el cual dominaba el panorama musical de entonces. Luego empezaron a componer, a actuar en los más importantes festivales del circuito country y llamaron la atención del pequeño sello discográfico Ekko, donde grabaron el single "Mr. Fiddle" (1955).

A finales de año conocieron al espabilado compositor, manager y cantante Jerry Capehart que consiguió que los tres grabaran un single para Cash Records, eso sí, bajo el nombre de Jerry Capehart canta ...acompañado por los Hermanos Cochran. Tras esto, y ya que Eddie se estaba decantando cada vez más por el naciente rockabilly, Hank pensó que debía continuar su carrera en solitario, a pesar de que a esas alturas ya habían conseguido una actuación en televisión y un buen contrato discográfico. Aquella decisión de Hank Cochran dio pie a su exitosa carrera como compositor de música country en Nashville.


Eddie se dedicó durante gran parte de 1956 a trabajar como músico de estudio, arreglista, compositor y productor de otros artistas: Bob Denton, Jimmy Merritt, Don Neal, Jack Lewis, Lynn Marshall, The Four Dots, etc. Ninguno triunfaría finalmente. No obstante, ningún músico de su época pasó tanto tiempo en un estudio como él.

Mientras, Capehart se dedicaba a intentar colocar sus maquetas por los grandes sellos discográficos en busca de otro ElvisCon todo, consiguió debutar como solista en 1956 con el single rockabilly "Skinny Jim" (ya con discos Liberty), un buen tema que fracasó comercialmente y en el que ya había llamado a tocar a su lado a su viejo amigo Guybo. Ese mismo año vino su gran salto adelante al aparecer en la película “La chica no puede remediarlo” cantando la humorística "Twenty-Flight Rock", una de sus obras maestras. 

En 1957 Cochran tuvo su primer éxito, "Sittin' in the Balcony", una de sus pocas canciones escritas por otro (concretamente John D. Loudermilk) y que se situó por delante en las listas de la original de Johnny Dee. Durante ese año consiguió también algunos éxitos locales con los temas "Jeannie, Jeannie, Jeannie" y "Cut across Shortly", pero más importante para él fueron las exitosas giras en las que conoció y trabó una amistad de por vida con la otra gran promesa del género por entonces, Gene Vincent.

Luego vendrían las inmortales "Summertime blues", “Weekend”, “Nervous breakdown”, "C'mon Everybody", "Somethin' Else", y su póstumo número uno en Gran Bretaña, "Three Steps to Heaven", que ayudarían a modelar el futuro no solo del rockabilly sino de todo el rock en general (incluyendo el punk) tanto lírica como musicalmente. Ello gracias al talento, imagen y mezcla de salvajismo y dulzura de Cochran, pero también gracias a la competencia de sus músicos de confianza, Los Kelley Four, y a la comprensión y apertura musical de su discográfica y séquito, entre los que estaban Capehart y su guapísima novia Sharon Sheeley.

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