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noviembre 2011

Donde se relata como unos aventureros levantaron una colonia en medio de los pantanos.

EL PRODUCTO
Imagine en el pasado una planicie tan grande como Europa Occidental flanqueada en sus extremos por dos cadenas montañosas de norte a sur y surcada por uno de los ríos más caudalosos del mundo. Una gigantesca pradera feraz de más de 3 millones de km2 con un enorme potencial para la agricultura y la ganadería, comparable en calidad a las tierras negras de Ucrania, pero unas 5 veces mayor.

Una vasta llanura virgen que podía comprender juntos los territorios de los actuales estados de Arkansas, Misuri, Iowa, Oklahoma, Kansas, Nebraska, Minnesota al sur del rio Misisipi, gran parte de Dakota del Norte, casi la totalidad de Dakota del Sur, el noreste de Nuevo Mexico, el norte de Texas, una seccion de Montana, Wyoming, Colorado al este de la divisoria continental, y Luisiana a ambos lados del rio Misisipi, incluyendo una ciudad portuaria como Nueva Orleans. Además, alcanzaría asimismo partes de las provincias actuales de Alberta y Saskatchewan, en el Canadá de nuestros días. 

Surcando esta extensión inmensa, casi plana, discurre la cuenca del río Mississippi, que nace casi en la frontera con Canadá y desemboca en el Golfo de México, cerca de Nueva Orleans, después de 3.700 km de recorrido. No es sólo la longitud del río, sino el agua que transporta: en un día de poco caudal, ese río arroja al mar 4.502 m3/segundo, y en un día bueno arroja 86.719 m3/segundo. Añada el factor de su escasa pendiente, un ridículo desnivel de 450 metros en esos 3.700 km de manso y pausado discurrir y tendrá una autopista fluvial de fácil navegación para vertebrar la región.



Este territorio, delimitado por las cabeceras de todos los afluentes de la margen izquierda del Mississippi hasta las Montañas Rocosas, aproximadamente el 23% de la superficie actual de los Estados Unidos, era el antiguo Territorio de Luisiana. A pricipios del siglo XIX lindaba al norte con las posesiones britanicas, al este con el río Mississippi y los incipientes Estados Unidos en su otra orilla, y al sur y al oeste con los territorios de España. Estaba poblada, aparte de las poblaciones indígenas, por alrededor de 50.000 personas de origen europeo, la tercera parte de ellas en Nueva Orleans.


¿Cuántos sacrificios podría costar, en oro o vidas humanas, mantener o hacerse con el control de semejante provincia?, ¿que naciones estarían dispuestas a pugnar por ella, sus límites o soberanía?, ¿cómo afectaría su posesión al equlibrio de poder entre las naciones de la época?. Intentaremos poner luz sobre estas cuestiones, pero vayamos por partes.

EL ALBA DE LUISIANA
El primer europeo en avistar la desembocadura del río Mississippi, al que bautizó como río del Espíritu Santo, fue el español Alonso Alvarez de Pineda, en 1519. Desde 1528 comenzaron a realizarse exploraciones con distinta suerte hasta que el extremeño Hernando de Soto, a la sazón gobernador español de Cuba y veterano de la campaña de conquista del Perú, organizó una expedición que desembarcó en la bahía de Tampa en 1539. De allí siguió adelante por tierra hasta encontrar el río Mississippi, que cruzó para alcanzar Arkansas en 1541. Al año siguiente, de regreso al río Mississippi, De Soto murió en lo que hoy es Luisiana y lo que quedaba de su contingente, al mando de Luis de Moscoso, navegó aguas abajo del río hasta el golfo de México. Se cree que fueron los primeros europeos en pasar por el sitio donde hoy se asienta Nueva Orleans.

Desde finales del siglo XVII los franceses, que habían colonizado una parte del Canadá, estaban muy interesados en hallar una salida al océano Pacífico; por este motivo, desde la Nueva Francia salieron sucesivas expediciones que llegaron a descender por las aguas del Mississippi hasta el golfo de México. Allí desembarcaron y reclamaron para Francia las tierras de la cuenca, bautizando la región con el nombre de Luisiana, en honor del rey Luis XIV. La posibilidad de controlar la ruta del comercio desde el Canadá hasta el golfo de México fue considerada de vital interés para Francia y su colonia más importante en el Nuevo Mundo, y se propuso crear otra colonia en Luisiana. 

El establecimiento de Natchitoches (a lo largo del río Rojo, en el actual noroeste de Luisiana) fue establecido en 1714 y es considerado como el más antiguo establecimiento europeo en Luisiana. Los asentamientos franceses tenían el propósito de detener el avance español desde Texas. También el final del Antiguo Camino de San Antonio (también llamado Camino Real) terminaba en Natchitoches. Pronto se convirtió en un puerto floreciente, con tierras algodoneras en las riberas del río. Con el tiempo, los hacendados desarrollaron inmensos latifundios y surgieron pequeñas poblaciones alrededor que empezaron a crecer. 

Esta dinámica se repitió en Nueva Orleans y otras ciudades, que ayudaron a la expansión y exploración de La Luisiana, basándose especialmente en el río Mississippi y sus tributarios, desde Nueva Orleans hasta la región llamada Illinois, en el actual San Luis (Misuri). En la década de 1720, numerosos inmigrantes alemanes se establecieron junto al Mississippi, en la región, que fue conocida desde entonces como conocida como la Costa Germana.

Inicialmente Mobile (Alabama), y Biloxi (Misisipi), funcionaron como capital de la colonia. Reconociendo la importancia del río Misisipi para operaciones comerciales y militares, Francia hizo de Nueva Orleans el centro de poder civil y militar en 1722. Más tarde, Luisiana fue dividida en dos regiones, conocidas como Alta Luisiana, que empezaba al norte del río Arkansas y tuvo como capital a San Luis, y la Baja Luisiana, que tendría como capital Nueva Orleans.

La parte superior de Luisiana (Haute-Louisiane), consistía sobre todo en grandes y fértiles llanuras. Tiene un clima extemado: cálido durante el verano con frecuentes trombas, y muy frío en invierno, ya que está bajo la influencia de corrientes de aire polar. En el siglo XVII, grandes partes del área estaban cubiertas de bosques, que supusieron una gran fuente de recursos para el comercio de piel. 

La Baja Luisiana (Basse-Louisiane) tampoco era una zona especialmente salubre y habitable. Su clima templado está marcado por huracanes en las regiones a lo largo de la costa del golfo de México que generalmente ocurren entre finales de verano y principios de otoño. El paisaje de esta área está caracterizado por sus muchos pantanos, con pantanos grandes en el Delta del río Misisipi y pantanos de acompañamiento, que comenzaron cuando los riachuelos y las corrientes se separaron del Misisipi para formar canales (bayous) largos, lentos, formando una red navegable de miles de kilómetros de agua.


De los intereses que se citaron para el Negocio.

DOS VECINOS RUIDOSOS Y UN CASERO SENIL
Las 13 Colonias que en 1776 se unieron para declarar su independencia como país abarcaban una estrecha franja pegada a la costa oriental de los Estados Unidos excepto Florida. Los colonos ingleses, holandeses y alemanes que llegaron ahí desde el S. XVII se asentaron en una región limitada entre los Montes Apalaches y el Oceáno Atlántico pero desde los primeros tiempos de la colonia hubo exploradores que viajaron hacia el Oeste, cruzaron los Apalaches y alcanzaron el río Mississippi, emprendiendo la tarea de colonizar tanto el sur (hacia Florida) como el territorio entre el Mississippi y los Apalaches. Una vez consumada la Independencia en 1783, todo lo que era inglés pasó a formar parte de Estados Unidos y de un plumazo el Mississippi se convirtió en una frontera natural entre Estados Unidos y “otros países”, para denotar de esta manera ambigua a la parte Occidental del río, porque ni se conocía bien el terreno ni se podía identificar de una manera categórica a quien pertenecía.


Desde Europa se observaban las evoluciones de la nueva república con interés y displicencia. Gran Bretaña esperaba que vacilase y se fragmentase, sin dejar de alentar a las naciones indias para atacar a los colonos de los Estados Unidos. Francia, que había hecho causa común con ellos durante la Revolución Americana, tenía menos motivos para resentirse, y tenía menos interés material en el continente. Pero no tuvo reparos en la manipulación de su comercio para promover sus fines. España, todavía una potencia colonial a tener en cuenta, temía la expansión de los norteamericanos en sus colonias poco pobladas del norte. Los sagaces estadistas de la joven nación se dieron cuenta de que una sabia política exterior se basaba en una evaluación realista del poder europeo y en la forma en que se proyectaba sobre el propio interés de los Estados Unidos.

La ciudad de Nueva Orleans controló el río de Mississippi desde sus inicios. Nueva Orleans era ya importante a finales del siglo XVIII para el envío de mercancías y productos agrícolas desde la parte noroccidental de los Estados Unidos al oeste de los Montes Apalaches. Por el Tratado de Pinckney firmado con España el 27 de octubre de 1795, los comerciantes americanos obtuvieron (gratis total) “derecho de depósito” en New Orleans, o lo que es lo mismo, podían utilizar el puerto para almacenar las mercancías para la exportación. El tratado también reconoció el derecho americano de navegar el Mississippi, cada vez más vital para el comercio de sus territorios occidentales.

Mientras tanto se había producido la Revolución francesa y Napoléon Bonaparte, que ya se había enfrascado en sus primeras campañas por la dominación de Europa, se propuso también recuperar Luisiana. Bonaparte tenía hambre de establecer una importante presencia francesa en el Nuevo Mundo. Francia había sido expulsada de la rentable colonia de Santo Domingo (hoy Haití en el Caribe), que había suministrado en el pasado más de dos terceras partes de la materia prima para su industria azucarera. Restableciendo el control sobre la colonia rebelde se proponía disponer de un bastión desde el que proteger y abordar la colonización definitiva de la Luisiana. Originalmente había sido una posesión francesa, contaba todavía con una gran colonia humana en la zona y las relaciones de Francia con los nativos americanos seguían siendo fuertes. Por otra parte, miles de canadienses franceses se habían sido establecido en las fértiles tierras al Oeste del Mississippi.


En España reinaba Carlos IV. Tras haber tenido que ceder a Francia en la Paz de Basilea (1795) su parte de la isla de Santo Domingo, reanudó la anterior alianza con Francia en el tratado de San Ildefonso de 1796, por el que ambas naciones pactaron una alianza militar contra terceros países.

Bonaparte se encontraba sometiendo el norte de Italia, y el rey Carlos IV de España quería salvaguardar los derechos de sus parientes de la Casa de Parma con un territorio en Italia, aunque para ello tuviera que sacrificar algún territorio de su vasto imperio. El territorio salvaje de Luisiana, cedido por Francia a España en el tratado de Fontainebleau (1762) fue la contrapartida exigida por Napoleón. Según Livingston, enviado estadounidense a París, el primer cónsul vio en la colonización de la Luisiana “un nuevo Egipto, una colonia que equilibraría el establecimiento de los británicos en el Este“.

La amenaza de la cercanía de ese poderoso vecino planteaba un grave reto para la seguridad de los Estados Unidos: Francia y el Reino Unido proyectarían sus perennes e irresueltas rivalidades en Norteamérica, afectando así la estabilidad de la Unión y a sus perspectivas de prosperidad en el Oeste. La diplomacia estadounidense decidió entonces adoptar la política de demostrar “la preferencia que Estados Unidos daba a la vecindad con España sobre la de cualquier otra nación“

De no ser así, advertían: 
“Cualquier potencia, que no seamos nosotros, que posea el territorio al Oeste del Mississippi se convierte en nuestro enemigo natural“.


Donde se dice quién compró, quién vendió, quién prestó el dinero y quién se quedó fuera.

EL NEGOCIO
En el año de 1803 los norteamericanos hicieron el mejor negocio de toda la Historia, al comprarle el Territorio de Luisiana a Napoleón Bonaparte, entonces Primer Cónsul francés.

Luisiana se extendía desde el río Mississippi hasta las Montañas Rocosas y del Golfo de México hasta la frontera con Canadá, nada más y nada menos que 2.144.476 km2 (529.911.680 acres), cerca de 530 millones de hectáreas situadas entre los rios Mississippi y Missouri a un precio de alrededor de 3 centavos por acre (7 centavos por ha). El precio total de la que ha sido descrita como la oferta más grande de bienes raíces en la historia fue de 15 millones de dolares (unos 220 millones de hoy). El gobierno de los Estados Unidos pagó 11.250.000 dólares por el territorio y aceptó asumir las reclamaciones de los ciudadanos estadounidenses contra Francia por la cantidad en dólares americanos de 3.750.000. Con los intereses, el territorio de la Luisiana costo 23.213.568 dolares.

De acuerdo con los términos del tratado, la República Francesa cedía la colonia de la Luisiana tal como la había recibido de España conforme al tratado secreto de San Ildefonso, por lo que las fronteras permanecían sin definir y las Floridas quedaban excluidas del convenio. Sus habitantes serían incorporados a la Unión con garantías de que se protegieran su libertad, religión y propiedades. Durante un periodo de 12 años, los barcos franceses y españoles pagarían en Nueva Orleáns los mismos aranceles que los aplicables a los buques estadounidenses. El tiempo establecido para la ratificación fue de seis meses.

Cuando los negociadores Livingston y Monroe transmitieron los textos del tratado y las convenciones, también informaron al Secretario de Estado Madison sobre los detalles de las negociaciones. Como Francia no estaba dispuesta a conservar únicamente una parte del territorio, decidieron aceptar la oferta en su conjunto:
“...de esa manera, hemos buscado llevar a efecto, hasta el máximo de nuestras facultades, la prudente y benévola política de nuestro gobierno. La posesión de la margen izquierda del río, de haber sido alcanzable sola, habría, es verdad, logrado mucho en ese respecto; pero es igualmente cierto que habría dejado mucho por lograr. Mediante ella, nuestro pueblo habría tenido una salida al océano en la que ninguna potencia habría tenido el derecho de perturbarlo; pero, mientras la otra margen permaneciere en posesión de una potencia extranjera, podrían acaecer circunstancias que hicieren la vecindad con tal potencia muy perjudicial para nosotros en muchos de nuestros intereses más importantes“.

Esta negociación al abrir a Estados Unidos el acceso al océano Pacífico e incrementar de forma tan espectacular su territorio, constituye uno de los acontecimientos históricos de mayores consecuencias en la Historia universal de los últimos dos siglos. Cuando se les pasó el susto de esa gigantesca lotería que les había tocado, los norteamericanos empezaron a apreciar su suerte y a considerarse un pueblo elegido, uno que había sido favorecido especialmente por Dios y que tenía una meta diferente a la de las demás naciones; esta cuestión está en las raíces de la doctrina del Destino Manifiesto.

La compra fue crucial para la presidencia de Thomas Jefferson, aunque tuvo que enfrentarse a cierta resistencia interna por las dudas existentes acerca de la constitucionalidad de la adquisicion del territorio, distintos problemas acerca de su encaje en la nación y otros de índole política interna. Pero la mayoría de la nación aplaudió la compra. 


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